Viaje por el judeoespañol, una lengua olvidada PI y PII - Intelecto Hebreo

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27/09/2017
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Viaje por el judeoespañol, una lengua olvidada PI y PII

Etapa Electónica 1
Viaje por el judeoespañol, una lengua olvidada *
(Primera parte)
 
 
Por: Marco Schwartz    
 
El judeoespañol es una variante poco estudiada de la lengua de Cervantes. En el reciente festejo al idioma castellano en Cartagena, nadie pareció percatarse de que faltaba alguien muy importante en la lista de invitados: el 'ladino'.
 
Filólogos, intelectuales y escritores de todos los rincones de Iberoamérica pronunciaron discursos floridos sobre la potencia y el futuro promisorio de una lengua que hablan más de 400 millones de personas. En medio del jolgorio, nadie pareció percatarse de que faltaba alguien muy importante en la lista de invitados: el judeoespañol. Esa lengua rebosante de poesía y nostalgia que los judíos de España cargaron, no en sus baúles, sino en sus corazones, cuando los Reyes Católicos decidieron su expulsión.
 
'El meoyo del ombre es una tela de sevoya', dice un refrán judeoespañol. Sí: tal vez por eso, porque el cerebro del hombre es tan débil como una capa de cebolla, nadie recordó en la fiesta iberoamericana aquel viejo idioma de profundas raíces castellanas, que hoy, con poco más de 200 mil hablantes, lucha heroicamente contra la amenaza de extinción. En este artículo intentaremos subsanar esa omisión imperdonable.
 
 
Una lengua con historia
 
El 31 de marzo de 1492 se produjo uno de los acontecimientos más dramáticos en la atormentada historia del judaísmo.
 
Ese día, los reyes Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, aconsejados por el inquisidor general Tomás de Torquemada, promulgaron el edicto de expulsión de los cerca de 600 mil judíos que vivían en España.
 
Tres meses antes habían derrotado para siempre a los musulmanes, con la victoria de Granada sobre Boabdil. Había llegado el momento de someter a la península a un proceso de 'limpieza de sangre'. Aunque la orden de destierro excluía a aquellos que se convirtieran al cristianismo, la inmensa mayoría de los sefardíes optó por el exilio.
 
Algunos historiadores sostienen que los que se marcharon fueron un tercio, otro tercio se convirtió, y la tercera parte restante pereció a manos de la Inquisición. Sea como fuere, casi todos los exiliados fueron recibidos con los brazos abiertos por el sultán Bayaceto II del Imperio Otomano, quien, según la leyenda, puso en duda la inteligencia de los Reyes Católicos por haberse desprendido de la laboriosa población judía.
 
De ese modo se formaron importantes comunidades sefardíes en Salónica, Esmirna, Constantinopla, Bosnia, El Cairo y Jerusalén. Otros se establecieron en Marruecos, en Holanda -país con una larga experiencia de tolerancia- y en algunos países de Europa Central.
 
Se marcharon con las escasas pertenencias materiales que les permitieron las precipitadas circunstancias: los Reyes Católicos les habían concedido tan sólo cuatro meses de plazo para que abandonaran sus dominios, que incluían la España peninsular y otras posesiones, sobre todo en el sur de Italia. Ello no impidió que se llevaran a cuestas un tesoro de valor incalculable. Un tesoro etéreo, que pasaría hoy desapercibido para el más sofisticado sistema de detección de metales.
 
 
El idioma, tres variantes
 
Para entender en que consiste el idioma de los judíos españoles hay que aclarar, antes que nada, que los estudiosos distinguen tres variantes de esta lengua: el ladino, el djudeo-espanyol y el haquetía.
 
El ladino, argumentan, surgió de la costumbre de los rabinos de traducir los textos bíblicos al castellano. A ese trabajo se le denominaba 'fazer en latino'. Con el paso del tiempo, ese 'latino' derivó en 'ladino'. De acuerdo con algunos expertos, el término ladino debe aplicarse en exclusiva a la traducción estrictamente literal de los textos sagrados hebreos al español de la Edad Media.
 
El investigador Jacob Hassan lo ilustra con el siguiente ejemplo. En el libro del Deuteronomio figura este versículo en hebreo: 'Haesh hagdolá hazot'. Nosotros lo traduciríamos hoy como 'Este fuego grande'. Pero su traducción en ladino es: 'La fuego la grande la ésta'. Como se ve, se mantiene el género femenino en hebreo de 'fuego' y se respeta, en general, la sintaxis hebrea.
 
Mientras el ladino consiste en 'calcar' al castellano los textos sagrados hebreos, el judeoespañol (o 'djudeo-espanyol', en su grafía más aceptada) se refiere a la lengua de la comunidad sefardí del destierro, en su manifestación oral y escrita, tanto en lo que respecta a textos religiosos como seculares. La gente del común, sin embargo, no presta atención a estas distinciones eruditas y lo llama a todo 'ladino'.
 
Caso aparte -y más insignificante en cuanto a número de hablantes- es el haquetía, lengua de raíces españolas que desarrollaron los judíos establecidos en Marruecos y que contiene una fuerte influencia del árabe. En la España de hoy, algunos judíos que han regresado en los últimos treinta o cuarenta años desde Marruecos hablan o chapucean el haquetía.
 
Continuará...
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