Un judío escribiendo la música del Himno Nacional - Intelecto Hebreo

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03/05/2017
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Un judío escribiendo la música del Himno Nacional

Etapa Electónica 1
Un judío escribiendo la música del Himno Nacional
 
Por: Paulina Rubio
 
Recientemente, con motivo del 150 aniversario de la primera vez que se tocó públicamente el Himno Nacional en México hubo una gran cantidad de información, artículos y discusiones acerca del tema. Alguien comentó que un judío había compuesto la música pero evidentemente, Jaime Nunó, que era catalán, no era judío. La Enciclopedia Judaica, tanto en español como en inglés afirmaba que sí había sido un judío el compositor. Indagando por aquí y por allá averigüé que, efectivamente, hubo un compositor judío que participó en algún momento en el himno.
Henri Herz (1802-1888), pianista y compositor, era un judío oriundo de Austria que escribió innumerables piezas para piano, enseñaba música en París y fundó una fábrica de pianos en esa ciudad. En el curso de alguno de sus tours artísticos por los Estados Unidos, también llegó a México en 1848 y le extrañó que no hubiera un himno patrio y anunció en un periódico local su intención de componer uno. Unos días después nuevamente anunció que buscaba composiciones poéticas alusivas. La Junta Patriótica de la Ciudad aceptó su solicitud y designó dos comisiones: una para acordar con el músico y otra para convocar a los poetas a escribir las estrofas requeridas. El primer lugar en poesía se otorgó a Andrés David Bradburn, nacido en México hijo de un oficial inglés que había llegado a México con Francisco Javier Mina.
Desgraciadamente, el himno no tuvo aceptación pues el compositor que desconocía totalmente el idioma español no supo concordar los acentos melódicos y prosódicos de su música a los versos que le dieron aunque, aparentemente, tampoco la letra era algo muy sublime y se descartaron ambas para seguir buscando. Fue únicamente cuando Antonio López de Santa Anna, que recién había llegado de Colombia donde había sido exiliado una de tantas veces, expidió otra convocatoria cuyo primer premio fue otorgado a Francisco González Bocanegra y Jaime Nunó. Los versos del primero ganaron probablemente por lo servil de sus palabras que describían a nuestro perenne presidente como "guerrero inmortal de Zempoala" y a Iturbide, el malhadado emperador como "bravo adalid". Este himno se estrenó el 15 de septiembre de 1854 en el Teatro Nacional que más adelante sería derruido para dar paso a la calle de 5 de mayo.
El himno prácticamente pasó al olvido en los años siguientes. Se tocó en una ocasión después de la victoria de Zaragoza en Puebla en 1862 y después continuó ignorado aunque hubo varias tentativas de himnos loando al presidente en turno. Fue cuando regresó Nunó a México a principios del siglo XIX que se popularizó nuevamente el himno. Pero, en 1910, con motivo de las fiestas de Centenario de la Independencia, se hizo oficial y se interpretó en todos los actos conmemorativos del centenario. Pero antes de eso se fundó una comisión para corregir una serie de imprecisiones que no fueron aceptadas y terminaron por eliminar únicamente las estrofas IV y VII que son las que se refieren a los ya no gustados personajes.
Ha habido muchas críticas de que es un himno muy marcial en una época en que ya no se usan los llamados a guerra, lo cual evidentemente no es cierto en el mundo en el que vivimos. Pero la realidad es que prácticamente todos los himnos convocan a la guerra a "lidiar con valor". Eso es cierto del francés y el estadounidense, como un ejemplo. Además, debemos recordar que nuestro himno se escribió muy poco después de la invasión de los Estados Unidos cuando aún las cicatrices de la guerra y la ocupación eran muy recientes.
Lo que es interesante actualmente es que, a pesar de lo difícil de la letra, de palabras que ya no se usan en lo absoluto y de los intentos por hacerlo más sencillo, el himno es usado para distinguir a los mexicanos de los centro americanos que pasan por nuestro territorio para llegar a los Estados Unidos. Las autoridades migratorias les exigen que canten el himno para saber si son mexicanos o no. Y lo más curioso es que todos los mexicanos, sean de donde sean, y de cualquier estrato sí lo conocen lo suficiente para cantarlo y poder seguir su camino.

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