Rebotando hacia el éxito - Intelecto Hebreo

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31/03/2017
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Rebotando hacia el éxito

Etapa Electónica 1

Rebotando hacia el éxito


Por: Magdala

Corría el año de 1942, durante la segunda guerra mundial cuando Barnes Wallis –diseñador aeronáutico e inventor- de nacionalidad inglesa, se enfrentó a un reto: crear una bomba que destruyera las presas de los valles de la parte occidental del Ruhr, con el fin de inundar y paralizar la industria bélica alemana.
Era todo un desafío, pues las bombas tenían que estallar debajo del nivel del agua, pero inmediatamente junto a los diques para producir ondas de choque que causaran el máximo daño. Las bombas convencionales no se podían lanzar desde un avión con la precisión suficiente y los torpedos eran inadecuados, pues en los lagos, detrás de los diques, había redes que los detenían.
Pensando Wallis en el problema recordó las piedras que rasan la superficie del agua al lanzar Sabía que los artilleros navales habían utilizado durante mucho tiempo el mismo principio, y hacían rasar proyectiles redondos para aumentar su alcance y ocasionar un daño devastador debajo de la línea de flotación. ¿Sería posible crear una bomba que saltara y rasara la superficie del agua?
Este inventor había estado fascinado durante mucho tiempo por las propiedades balísticas de las esferas, y al pensar que una bomba esférica podría ser la respuesta, usó una catapulta para lanzar canicas a través de una bañera. Desde este modesto principio Wallis pasó a grandes tanques de agua y, finalmente, voló el dique de Nan-y-Gro, presa de Gales fuera de uso. Sin embargo pronto descuó que una esfera era inadecuada porque, como una pelota, giraba en direcciones impredecibles.
Entonces advirtió que si se lograba que la bomba girara como una rueda, conservaría su impulso hacia adelante. Para que la bomba rasara suavemente siguiendo su curso, le aplanó los lados siendo el resultado una bomba en forma de barril de 1.52 m de largo y un poco más de 1.20 de diámetro, conte 2700 kg de explosivos de alta potencia; junto con su revestimiento reforzado, pesaba 4195 kg.
Se adaptaron aviones para transportar las bombas, que iban debajo del fuselaje y giraban por medio de una cadena de transmisión conectada con un motor eléctrico. Justo antes de lanzarlas se ponía en marcha el motor para que las bombas giraran a razón de 500 rpm. Cuando las bombas tocaban el agua, el giro hacia atrás evitaba que se hundieran o se desviaran.
Las "bombas rebotadoras" de Wallis fueron vistas con escepticismo en los círculos oficiales, pero las demostraciones convencieron al Ministerio del Aire británico de su eficacia potencial. Se formó una unidad especial, el Escuadrón de Bombarderos 617, al mando del comandante Guy Gibson, para realizar la misión de destruir las presas.
Para lograr el ángulo correcto de lanzamiento, Gibson hacía que sus pilotos volaran precisa a 18.30 m, altura que ningún instrumento de la época era capaz de medir en forma precisa. El problema se resolvió con dos linternas montadas en ángulos preestablecidos, una en la pun del avión y la otra en la cola. Cuando los rayos de luz conían sobre la superficie del agua, el piloto podía soltar la bomba.


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