Por los difíciles caminos de la venganza P II *s - Copiar - Intelecto Hebreo

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31/03/2017
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Por los difíciles caminos de la venganza P II *s - Copiar

Condensados

Fragmento:
Katyusha, Paul Maurat.

Por los difíciles caminos de la  venganza
(Segunda Parte)


Por: Moisés Shuster

Julio 1945.- La orden del ministerio fue breve: Liquidar a cualquier costo la banda "Machei Kropidlo", que operaba activamente en  los bosques del rumbo de Byalistok, asesinando diariamente a los pocos judíos sobrevivientes. Miembros del ejército rojo, en colaboración con activistas polacos democráticos se unieron para combatirlos juntos.

En la carretera de Byalistok-Knishin, se habían apostado los soldados de una  sección que había experimentado el camino heroico  de Stalingrado a Berlín. Esta sección, fue detenida por miembros de la mencionada banda subversiva. El grupo iba dirigido por un oficial judío, cuyo nombre me era desconocido. El resultado  fue escalofriante.
A todos los soldados los despojaron de sus armas, caballos y carretas y al oficial lo desnudaron y fusilaron. Para nosotros, siguieron varios días de preparación militar en el más estricto secreto.
Cuando todo estuvo listo como habíamos acordado, nos lanzamos el 7 de julio, en una noche de verano, hacia la carretera Byalistok-Sokolque, sabiendo que estaba custodiada por un largo convoy de carga, lleno de artillería y lanzadores de minas. Había   un gran silencio. Reinaba una gran tensión y sólo se escuchaba el graznido de las ranas en los charcos del bosque.


Los soldados sin embargo estaban tranquilos y conscientes de la misión que  se les había encomendado. Se dirigían a la lucha para vengar a sus compañeros, que habían perecido a manos de las "bandas". Un grupo de oficiales, entre los que   me encontraba yo, dirigidos por un capitán B. (guerrillero judío, delegado  especialmente desde Varsovia), sostenía con nosotros una breve consulta de como iniciar el ataque.
Inclinados sobre mapas militares, compases y alumbrados con linternas de bolsillo, la decisión fue tomada. Abriríamos fuego arrojando minas, retrocederíamos inmediatamente hacia Byalistok. Mantendríamos un pequeño grupo que serviría    de enlace, con estación de radio, para de esta forma, desorientar a la "Banda". Teníamos que hacerles creer que nuestra expedición de castigo, había retrocedido después del ataque.
El capitán B., el sargento W. y yo, más un grupo de 45 experimentados informadores, permanecimos en el campo de acción. Después de una corta espera, llegó a nuestros oídos una orden breve del campo enemigo ¡Retroceder!
De pronto, apareció sobre el camino una luz brillante y enceguecedora proyectada por los reflectores y se escucharon los movimientos de los soldados que tomaban rápidamente sus lugares en los camiones, aprestando sus armas. El camino se cubrió    de la polvareda que levantaban las tropas en su huida y todo el pelotón desapareció en el horizonte.
Nosotros penetramos en la espesura del bosque, dirigiéndonos hacia el poniente. Todos mantenían un profundo silencio, alertas para percibir el menor ruido. Sólo se oía el ruido de las botas chapoteando en los charcos del bosque y el crujido    de las ramas de los árboles bajo los pies. Como yo estaba familiarizado con los bosques de Byalistok, encabecé al grupo, con la automática lista para disparar.
Escuchamos una advertencia del capitán B. "Prohibido fumar" y la orden de marchar a 5 metros de distancia entre uno y otro. Finalmente llegamos a un claro del bosque. Decidimos separarnos en tres grupos y apostarnos en un crucero de tres caminos que    conducían al centro del bosque. Se pasó revista a los soldados y nos separamos, ignorando cuando se debería abrir fuego o permanecer sin disparar. Yo fui destinado a permanecer con el capitán B., la antena del radio la colocamos sobre una    señal en el camino que marcaba una desviación.
Amanecía, escuchamos el canto de los pájaros al salir el sol. Permanecimos alertas dentro del bosque con mucho frío y recostados sobre la hierba húmeda. Esforzamos nuestros oídos para percibir algún ruido. Después de pasadas algunas    horas, se escucharon unos pasos pesados sobre el camino. Apareció un joven campesino portando unas grandes botas y una vara del bosque. Me adelanté apuntándole y le ordené: "Detente, las manos en alto".
Al convencerme de que estaba desarmado, lo llevé al interior del bosque en donde se encontraban mis compañeros y lo encaré agresivamente: "¿Qué clase de organización tienen ustedes? Hace tres días que nos encontramos aquí, delegados    por la brigada del mayor "Lupashko" de Wilna en Bilsk y aún no logramos establecer contacto con su grupo".
El campesino esbozó una sonrisa y dijo: "Así que son de los "nuestros", y yo que creía que pertenecían a una sección de la U.B. (Seguridad). Después de una pausa prosiguió: "Su seudónimo es "Bistri" y no tiene contacto directo    con el estado de "Machei Kropidlo", pero nos puede conducir hacia el dirigente de su sección "Kruk", en la aldea cercana, el cual nos enlazará directamente con el mayor del grupo "Machei Kropidlo".
A continuación ordené a dos personas dirigirse a la vanguardia para investigar, el resto proseguimos unos cuantos kilómetros  por diversos senderos del bosque y nos detuvimos al llegar a una pequeña y solitaria colonia en medio del bosque.   El campesino a quien no perdemos de vista, toca en una cabaña de la cual sale otro campesino joven, que se presenta como "Kruk". Lamenta  no poder ayudarnos, pues tiene que acompañar al sacerdote de la aldea vecina al bosque, para confesar a los   miembros de la banda que se encuentran allí escondidos, pero que nos pondría en contacto con su representante, que conoce bien el camino  y tiene contacto con el estado mayor de la banda.
Al poco tiempo se presenta un campesino calvo de mediana edad, que da la impresión  de ser el intelectual de la aldea. Después de hablar con "Kruk" decide que iremos todos juntos. Regresamos al bosque por otro camino, ale ellos que es más seguro,   porque existe el riesgo de encontrarnos con los militares. Seguimos de cerca  a nues "guías" y de pronto vuelan y caen a nuestros pies las balas de un rifle automático.












Trato de orientarme y dar la contraseña acordada con nuestros compañeros  y veo caer herido gritando de dolor a mi capitán  B. Los atacantes pertenecían a otro grupo sub enmascarado, que huyeron en seguida. A estas alturas les informo a los   tres campesinos nuestra verdadera identidad, que somos representantes de seguridad  y que si no nos conducen por el verdadero  camino, nos veremos obligados a matarlos.
Al verse atrapados y dándose cuenta de que habían caído en una emboscada,  nos aseguraron que nos conduciían ante la  banda que buscábamos. Envié una señal luminosa y el resto de nuestro grupo disperso se nos unió. Preparamos el   radio transmisor. Escuchamos el golpear de la clave morse ¡hemos hecho contacto!  En los rostros de los compañeros se ilumina  una sonrisa de satisfacción ¡no estamos solos!, nuestra misión está en vía de ser exitosa. El capital B.   es atendido a pesar de sus protestas. Le aseguramos que su herida es leve.
A la media hora, recibimos contestación de Byalistok en nuestro aparato de radio. Se envían refuerzos desde Byalistok a reunirse  con nosotros en el bosque. Entre tanto, trato de conversar con los bandidos capturados. Me entero de que la banda de    "Machei Kropidlo" cuenta con 300 personas bien armadas con artillería y rifles automáticos. En un mapa de la región me señalan  el lugar en donde se encuentran. Nuestro grupo detiene a todos los que pasan por el lugar en donde nos encontramos,    para evitar que prevengan a la banda de nuestra presencia en el bosque.
En corto tiempo enviados por la central se presentan a pie, todos nuestros grupos militares pertrechados con minas y municiones sobre  sus espaldas. Los camiones y la artillería pesada, los dejaron en la aldea cercana, para poder tomar por sorpresa    a la banda. El coronel B. da las órdenes finales, divide al pelotón en diferentes alas: centro, reserva y divión de información,  con el objeto de cercar por todos lados a la banda. La operación militar estará a cargo del asistente   del  coronel, el mayor Wilkin (judío de Minsk).
Yo permanezco con el grupo del centro, que deberá penetrar primero al campo de la banda. Nos movemos cau uno tras  otro. Las automá y las granadas de mano listas. Nos acercamos a nuestra meta. Nuestros nervios están tensos al percibir que nuestra    mión terminará en unos minutos más.
Tomar venganza por los atroces asesina perpetrados contra nuestros hermanos judíos aún después de haberse terminado  la guerra y de haberse logrado la libertad.
El mayor Wilkin ordena a todos los gru "Iniciar el ataque". Se escuchan por todos lados nuestras ametralladoras, estallan  las minas. Pecho en tierra observo con mis binoculares el campo enemigo. A mi lado se encuentra el capitán de Varsovia, Askanich,    veterano de combates de Stalingrado a Berlín, quien toma una decisión, penetrar al campo enemigo para obligar a  la banda a entregarse voluntariamente.
Lo observo acercarse con un pañuelo blanco hacia el centro del campo. Inicia una negociación. Les sugiere rendirse porque  es inútil oponer resistencia. Sólo alcancé a oír el grito del dirigente de la banda: "Es un judío, disparen".    Enseguida una descarga de rifles, el capital Askanich cayó muerto.
Los soldados, al presenciar la muerte tan terrible de su querido capitán, con el que convi las más cruentas batallas  en su lucha contra los alemanes, se volcaron con furia hacia toda la banda con exclamaciones de combate. Siguieron momentos de    pavorosa lucha. Nuestro grupo cuía constantemente a los militares que atacaron en primer lugar, en seguida nosotros penetramos  al seno de la banda. Mi automática disparaba a diestra y siniestra, se desbordaba en mi interior un espíritu de  venganza;   venganza por las decenas, centenas, de correligionarios asesinados cruel no obstante haberse logrado finalmente la  paz y la libertad. Mi meta: Saldar, aunque fuera en parte, una deuda con los seguidores del hitlerismo alemán.
El resultado militarmente fue satisfacto Decenas de asesinos muertos, otros heridos y gran cantidad de presos. Se arrestó  a todo el estado mayor, se confiscaron sus archivos y do sus bodegas de municiones y todas sus armas (un arsenal completo). El    sol se ocultaba en el poniente hasta desaparecer. El cielo se tiñó de rojo, como si lo hubieran incendiado.
De regreso a Byalistok, nuestro convoy levantaba una polvareda marcando las ruedas en el camino. Yo iba sentado en mi auto, escuchando  las alegres canciones de los animados soldados, satisfechos de su victoriosa batalla. Ante mis ojos sin embargo, permanecía    la imagen de mi querido amigo, el capital Askanich, caído en los difíciles caminos de la venganza.





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