Por los difíciles caminos de la venganza P I *s - Copiar - Intelecto Hebreo

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28/06/2017
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Por los difíciles caminos de la venganza P I *s - Copiar

Condensados

Por los difíciles caminos de la venganza
(Primera Parte)

Fragmento musical: "Katyusha, Ejército Rojo.


Por: Moisés Shuster


Episodios de la vida de un joven oficial del ejército polaco, que describe emocionantes vivencias durante su servicio en el ejército y con los guerrilleros rusos; además de las amargas luchas que sostuvo contra las bandas fascistas polacas,  cuando ya había terminado la Segunda Guerra Mundial (1944-45), enfrentándose día a día a un incierto amanecer.

El invierno 1944-1945 avanzaba a pasos agigantados. Los campos, durante el prolongado  otoño amanecían cubiertos de una blanca  escarcha. Escasos rayos de sol calentaban los campos helados y derretían la nieve que se acumulaba, convirtiéndolos en un gran lodazal, inundando las aldeas y pequeños poblados a orillas de los ríos  Narev y Bobre.
La frontera, prácticamente se encontraba en las orillas de estos ríos. El ejército rojo, habiendo hecho en un par de semanas, una marcha gigantesca desde Hamel Witebsk hasta llegar al río Narev, procuraba conservar las municiones y la comida,   racionando ambas. Al mismo tiempo reparaba las líneas de ferrocarril que los alemanes sistemáticamente destruían conforme iban retrocediendo. Los alemanes se ocupaban en reforzar sus posiciones en las orillas de los mismos ríos, para evitar   que pasaran los tanques rusos y su artillería pesada.
El ejército rojo entretanto, iba ocupando posiciones estratégicas, dando tiempo a que las grandes nevadas aparecieran para poder proseguir en su operación y acercarse al enemigo. Los rusos eran recibidos amistosamente en Polonia, pues su entrada   a los pueblos y aldeas, contrastaba con la entrada del ejército de ocupación anterior. Esto, a pesar de las transmisiones clandestinas desde Londres logradas por el gobierno polaco en exilio, agitando a la población en contra de las partes combatientes,   anunciaban también que cuando Rusia y Alemania fueran vencidos y los polacos tuvieran la supremacía del poder, formarían una sola gran Polonia, que abarcaría desde el mar Báltico hasta el mar Negro, incluyendo las ciudades de Kiev y Witebsk.
El pueblo polaco nunca imaginó que los liberadores de la ocupación alemana, sería el ejército rojo y no Inglaterra, ni los Estados Unidos como soñaban. Al penetrar los rusos en Polonia, la comandancia del movimiento subversivo polaco ordenó   a sus integrantes que continuaran con la labor clandestina y su política conspirativa; además que conservaran las armas y se pertrecharan con más armamentos, para enfrentarse en un futuro cercano a los rusos.
La comandancia citada pidió que se sabotearan las órdenes de las fuerzas militares rusas, no venderles alimentos y no reconocer al comité polaco de Liberación Nacional que se había formado, encabezado por el presidente de la nación (Bierut   y la escritora Wanda Wasileska). La orden de movilización dirigido a la juventud, que había dado el comité polaco de Liberación, para formar un ejército polaco de lucha contra los alemanes, no dio ningún resultado y casi nadie se presentó   ante la comisión militar.
Como respuesta al sabotaje de la población polaca, el estado mayor del segundo frente de Rusia blanca, que conducía las operaciones de guerra en la comarca de Byalistok, ordenó que todos los habitantes polacos que habitaban cerca del frente,   tenían que evacuar sus lugares de residencia, en el término de una semana, para alejarse del frente. Según fuentes fidedignas que recibió el contraespionaje ruso, el movimiento clandestino polaco aún colaboraba secretamente con los alemanes   en contra del ejército rojo. La evacuación a lo largo de todo el frente, ocasionó que se presentaran condiciones difíciles para el desempeño de las labores de los organismos de seguridad.
Sabíamos que existían listas de polacos que tenían sobre sus conciencias la muerte de cientos de judíos aniquilados durante la ocupación alemana. Todos ellos deberían de ser ajusticiados. Pero, con la disposición de cambio de residencia,   nuestra labor se complicó y nuestras manos ansiosas de venganza, no pudieron alcanzarlos, de momento.
En una reunión efectuada durante el mes de octubre de 1944, nos impusieron la obligación de liquidar a todos los alemanes que residían en la comarca de Byalistok. Estos alemanes vivían en Byalistok desde antes que comenzara la guerra en 1939.   Constituían la quinta columna del espionaje alemán. La mayoría de ellos eran fabricantes de textiles o se dedicaban a la tenería de pieles. Se concentraban en las ciudades de Byalistok, Haradak, Micalawe, Washikowe, Zabludowe y otras.
Durante la ocupación alemana, todos eran colaboradores activos de la administración alemana. La juventud alemana ingresó en los batallones de la S.S. y en el cuerpo de policía alemán. En Byalistok vivía un profesor alemán, miembro   activo del espionaje alemán en Polonia; a la llegada de los alemanes fue nombrado gobernador de Varsovia. El y toda la colonia alemana existente, tomaron parte activa en la liquidación de los judíos en Polonia. Confiscaban los negocios, empresas   y sus bienes raíces, chantajeando al mismo tiempo a los propietarios, mediante la amenaza de denunciarlos ante la Gestapo.
Durante los seis primeros días de actividades de la seguridad polaca, se les ordenó a todos los alemanes que se registraran. Naturalmente no todos acudieron a registrarse, principalmente los jóvenes se refugiaban en las aldeas, cooperando con   los movimientos subversivos, cuyo lema era: "Tener una Polonia limpia de rusos y de judíos".
La noche del 22 de octubre de 1944, acatando la orden del Estado Mayor del Ministerio de Seguridad de Contraespionaje y del segundo frente de Rusia blanca, que se había mudado a Byalistok debido a la estabilización del frente, se inició la liquidación   de los alemanes de esa comarca. El alto mando de la milicia nos proporcionó todo su apoyo. Basándonos en información recabada de cierto registro, incursionamos en las casas de los alemanes clausurándolas. Los inmuebles quedaron a cargo de   la vigilancia de la policía polaca y el comando de la milicia soviética.
Después de una investigación y revisión minuciosa de expedientes de cada alemán capturado, se les proporcionaron cinco kilos de víveres y ropa por persona. Fueron separados por grupos, según el oficio que desempeñaban durante la ocupación   alemana. Bajo el custodio de la fuerza militar, fueron desterrados a las lejanas taigas de Siberia a trabajos forzados.
Vienen a mi memoria algunos episodios durante los interrogatorios a esos alemanes: Nadie quería admitir su descendencia alemana, tratando de convencernos que eran cien por ciento polacos y enemigos del hitlerismo. Qué pequeños y denigrantes aparecían   los soberbios alemanes invasores del mundo. Al mismo tiempo sus pertenencias (enseres y muebles), fueron repartidos entre los sobrevivientes que colaboraban con los guerrilleros (partisanos) y entre los oficiales polacos que combatían a los alemanes.
Pasaron varias semanas de ardua labor en las más difíciles condiciones, liquidar la policía polaca colaboradora de los alemanes durante la ocupación, fue una de nuestras tareas. Aún había centenares cuyas manos estaban ensangrentadas   por la extinción de muchas vidas.
El invierno se avecinaba y pronosticaba ser muy crudo. Las tormentas de nieve eran fuertes y el puñado de judíos sobrevivientes en Byalistok, se encontraban en muy malas condiciones. Carecían de ropa abrigadora, la comida y las grasas eran escasas.   El frente aún permanecía en el mismo sitio (a orillas de los ríos Narev, Vístula y Bug).
Ya había terminado el epílogo trágico del levantamiento de Varsovia. Sin embargo, Bar Comarovsky quería demostrar al mundo que él había sido de hecho el libertador de Varsovia. En su afán condujo al exterminio a 250,000 polacos y   a 50,000 judíos, que bajo documentos arios o polacos vivían durante ese tiempo en Varsovia.
El comando militar del ejército rojo se preparaba intensamente a lo largo de todos los frentes, para la gran ofensiva que se iniciaría en los próximos días. Diariamente observaba como atravesaban por la ciudad de Byalistok, las pesadas columnas   militares mecanizadas de artillería, tanques y las famosas "Katiuskas" soviéticas, que se dirigían hacia las fronteras orientales del miedo, en las fortalezas de Osovietz.



Nosotros experimentábamos una gran tensión y al mismo tiempo expectación.  Dentro de pocos días, el ejército rojo penetraría en los terrenos donde reinaba el hitlerismo y habría un campo propicio para nuestras actividades. Se convertiría   en realidad nuestra ansiada oportunidad de tomar venganza.
Los judíos jóvenes sobrevivientes de los pueblos aledaños, participaron activamente en la búsqueda de todos los asesinos alemanes que aún permanecían en las aldeas o que figuraban con pasaportes falsos. En los primeros días de enero    de 1945, recibí un informe secreto sobre el representante del comando de la policía polaca en Knishin, Mendlovsky, en el que se afirmaba que dicho sujeto era un colaborador activo de los alemanes y que trabajaba en unión de su padre, como secretario    y traductor, teniendo sobre su conciencia, decenas de muertes judías, atrapados y fusilados durante el período de ocupación alemana.
Mendlovsky, queriendo hacer desaparecer los pecados cometidos durante la ocupación, se enlistó en la policía polaca y al mismo tiempo se hizo miembro activo de la resistencia polaca, actuando como asistente del jefe de la comarca de Byalistok,    quien a su vez colaboraba con el contraespionaje ruso. A mí me tocó desenmascarar la doble actividad de Mendlovsky, reportándolo al alto mando del segundo frente ruso blanco, obteniendo de los mismos una orden de arresto.
Del alto mando me informaron, que el domingo 18 de enero de 1945 se efectuaría en el domicilio de Mendlovsky, una junta con algunos activistas del movimiento subversivo polaco "NSZ" y "AK", para coordinar la lucha contra los comandos polacos y rusos.    Decidí entonces organizar una emboscada, para evitar que se efectuará la reunión.
Después de consultar con algunos jóvenes judíos del pueblo de Knishin, que colaboraban con la policía local, Simón Bzezinsky (quien reside ahora en México) y Jaime Shnegevich (residente ahora en Israel), elaboramos todo el plan y el    sábado por la noche (17 de enero) custodiados por seis rusos blancos ex-guerrilleros, nos lanzamos en trineo hacia Knishin.
La noche era fría y estrellada. El campesino que nos trasladaba no parecía muy contento con sus pasajeros, pero no le quedaba otra opción. Había que cumplir órdenes. El viaje duró varias horas, el caballo del trineo era viejo y caminaba    paso a paso. No sirvieron los latigazos que recibía. Por ello, a cada par de kilómetros teníamos que echarnos a correr, para no congelarnos. Por fin llegamos a Knishin.
Los soldados soviéticos que se encontraban controlando la entrada al pueblo, se hallaban medio dormidos alrededor de una hoguera. Después de revisar nuestros documentos continuamos y nos introdujimos uno por uno al pueblo, que durante la guerra    fue incendiado casi en su totalidad. Tocamos a la puerta de la casa del tío de Bzezinsky. Entramos en calor y nos recostamos en el suelo para descansar un poco. La junta debería de efectuarse a las dos de la tarde.
Por la mañana expuse a mis compañeros todo mi plan que fue acogido con gran entusiasmo, puesto que desde hacía tiempo tenían una deuda con Mendlovsky. Después de una breve consulta, planeamos la forma en que llevaríamos a cabo la acción.    Decidimos ponernos unos abrigos pesados de piel, para cubrir nuestros uniformes y no llamar la atención de los campesinos, que por ser domingo se dirigían a la iglesia.
Armados, caminamos por diferentes senderos al lugar de reunión. A las 11:00 horas en punto, nos dividimos en tres grupos, acordando encontrarnos en un claro del bosque donde ocuparíamos puntos estratégicos de observación, para después rodear    la casa por todos lados. Convinimos una señal para sorprenderlos. Cuando todos estuviesen reunidos, el estampido de un fusil sería la señal para que salieran de sus escondites y se acercaran a la casa.
Pasaron varias horas en las que tuvimos que permanecer sobre la profunda nieve del bosque, estábamos congelados. Yo salía de vez en cuando, me subía al tejado de la casa de un campesino vecino para observar los alrededores. A las dos p.m., me    informó mi compañero B. que algunas personas se acercaban y se dirigían hacia una casa. Aguardamos a que entraran al interior y enviamos a B., que portaba ropa civil y conocía personalmente a la gente, pues era originario del pueblo.
Mi amigo B., quien era muy audaz, no dudó un instante y penetró en la casa. Después de unos instantes se asomó haciéndonos una seña. Estos sujetos eran los que buscábamos. A continuación disparé mi fusil y nuestros grupos salieron    de sus escondites, acercándose cautelosamente al objetivo. Al penetrar en la casa exclamé: "Arriba las Manos".
Después de cerciorarme que nadie portaba armas, revisé sus documentos. Todos portaban documentos falsos. Los desenmascaré en seguida. Al ver que no tenían opción, confesaron. Uno era un profesor polaco, Kalinovsky, cuyo seudónimo era    "Lot" comandante de la "A.K." de Byalistok; el segundo (también maestro) Jzam, quien fungió como colaborador activo en el comisariato alemán de Yasinowsky durante la ocupación alemana, su seudónimo era "Jrobri". Dicho sujeto tomó parte    en el fusilamiento de dos guerrilleros: Chaim Welwl Tikatsky (de Yasinowska) y Kalmen Kronenberg (de Knishin) en 1943.
Después de inspeccionar meticulosamente la casa, di orden de preparar unos trineos para regresar a Knishin. No me abandonaba una duda ¿por qué no se presentó Mendlovsky a la junta?... ¿sería que alguien le previno de nuestra operación?
Al llegar a Knishin mi compañero B. me señaló a Mendlovsky, quien acompañado de su esposa se dirigía hacia la aldea. Salté inmediatamente del trineo y dirigiéndome respetuosamente a él, lo invité a que me acompañara a la    delegación de policía. Al llegar ahí, me comuniqué con el comandante soviético de Knishin, informándole sobre la operación efectuada y la misión cumplida. Se mostró complacido añadiendo que desde hacía tiempo le tenía    puesto el ojo a M. y que nunca pudo obtener el permiso del estado mayor para arrestarlo.
El comandante no se hizo esperar, llegó en seguida. Desarmamos a Mendlovsky, le quitamos su pasaporte militar, todos sus documentos, quedando arrestado por orden del comandante soviético de vigilancia fronteriza. El resto de los prisioneros fueron    encarcelados, a cargo de la vigilancia de la policía polaca y soldados soviéticos. La noche era tranquila, mis soldados dormían profundamente después de un frío y largo día.
Las decenas de sobrevivientes judíos de Knishin, experimentaban un gran alivio. Habíamos logrado detener a dos asesinos que tenían sobre su conciencia decenas de vidas judías. Judíos fusilados en los pueblos aledaños durante la ocupación    alemana. Finalmente los había alcanzado nuestra mano, cobrando venganza.
En una mañana de frío invierno polaco, nos aprestábamos a regresar a Byalistok. El camión que el comandante soviético nos envió nos aguardaba. Hicimos subir a los prisioneros y nos movilizamos. Los judíos del pueblo que se congregaron    alrededor del camión, despedían a los "héroes" con una dulce mirada agradecida y una sonrisa que nos acompañó todo el resto del camino.

Continuará…



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