Nüremberg, 1935 - Intelecto Hebreo

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31/03/2017
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Nüremberg, 1935

Condensados
 Nüremberg, 1935
 
Por: José Brito, Islas Canarias, España
 
 
Pasear por la antigua ciudad de Nüremberg, situada en el estado federado de Baviera, es algo parecido a transportarse a la Edad Media -la época más floreciente de la ciudad-, en pleno siglo XXI. Sus atractivos y frondosos bosques, su vetusto e imponente castillo imperial -Kaiserburg-, las antiguas iglesias góticas, sus intrincadas y estrechas callejuelas, incluso su larga y bien conservada muralla de cinco kilómetros que, junto con sus ochenta torres de vigilancia rodea, prácticamente, el casco antiguo de la ciudad, son muestras vivas y elocuentes de cómo era Nüremberg en plena Edad Media.

 
A Nüremberg también se la podría calificar, con toda justicia, como "centro del humanismo alemán" ya que artistas de la talla del pintor Alberto Durero -Albrecht Dürer-, Martin Behaim, que proyectó el primer globo terráqueo, o Peter Henlein, quien fabricó el primer reloj de bolsillo, radicaron en dicha ciudad convirtiéndola en abanderada de la ciencia, la pintura y la escultura.

 
En el año 1.852 se creó en Nüremberg el Museo Nacional de la República Alemana, que alberga una ingente cantidad de objetos, convirtiéndolo de este modo en el museo histórico-cultural más grande en la zona de habla alemana, y donde pueden encontrarse importantes testimonios de su historia, su cultura y su arte.

 
No menos interesante es el hecho de que, después de Dresde, fuera Nüremberg la segunda ciudad, alemana que sufrió mayores destrozos debido a los intensos bombardeos de los Aliados al final de la II Guerra Mundial.

 
Un pasado tan esplendoroso y lleno de significado para la cultura germana, no podía pasar desapercibido para los jerifaltes del movimiento nacionalsocialista quienes, a partir de 1.933, declararían a la ciudad de Nüremberg como el lugar donde definitivamente se celebrarían las convenciones anuales -Reichsparteitag- del Partido Nacional Socialista Alemán de los Trabajadores.

 
Las más que multitudinarias concentraciones nazis lograban reunir alrededor de 500.000 adeptos y se realizaban de forma harto ostentosa -proliferación de banderas y fanfarrias-, en una enorme explanada conocida como Campo Zeppelín, diseñada para tales menesteres junto con una monumental tribuna para jefes del partido y sus invitados importantes, por el camaleónico Albert Speer, arquitecto favorito de Hitler y posterior Ministro de Armamento del III Reich.

 
A cada convención anual realizada por los nazis le fue dado un título que se correspondía a la gesta o acción especial que se hubiere realizado ese año en el campo de la política. Por ejemplo, a la reunión del partido de 1.935, año que me interesa especialmente, se le conoció como "Reichsparteitag der Freiheit", lo que traducido libremente vendría a decir "Congreso de la Libertad" en directa referencia al rearme de Alemania, logrando la llamada liberación del tratado de Versalles que imponía una durísima política de control de armamento y número de efectivos militares.

 
Un 15 de septiembre de 1.935, también en Nüremberg, se excluyó sistemáticamente a los judíos de la vida y la sociedad alemanas. A través de las ya famosas Leyes de Nüremberg -Nürenberger Gesetze-, se sentaron las bases jurídicas para continuar -legalmente- con la política de racismo antijudío en Alemania.

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