No existe aristocracia entre los judíos - Intelecto Hebreo

Son las:
31/03/2017
Vaya al Contenido

Menu Principal:

No existe aristocracia entre los judíos

Etapa Electónica 1

No existe aristocracia entre los judíos


Por: Peter Katz

La palabra Aristócrata, es grieta y significa Aristos Noble y Gratos Gobernar. En Am Israel afortunadamente, nunca han existido aristócratas. Cuando las cansadas masas humanas llegaron a Eretz Israel a Canaan, después de peregrinar por más de cuarenta años por el desierto del Sinaí, Moshe Rabenu, quien no podía entrar a la tierra prometida, sólo pudo contemplarla desde el Monte Nabor. Aarón fue el primer Cohen. Cohen Gadol. Los Cohanim fueron los sacerdotes y los Leviim fueron los servidores y músicos del Templo, en el Beit Ha Mikdash, que todavía estaba por construirse. Este honor Kavod se hereda y todavía se trasmite de padres a hijos.

Los Cohanim y los Leviim sería lo que más se asemejan a una aristocracia. Después de la destrucción del Segundo Templo, 70 e.a. y el inicio de la era rabínica -Yavne y Gamlia- éstos solamente tienen un reconocimiento tácito y de Kavod, durante la liturgia de la sinagoga. Concretamente cuando son llamados primero, antes que los demás para leer la Torá.

Después de la fundación del Estado de Israel en 1948, la Agencia Judía y el mismo aparato del Estado, con el fin de hacerse la vida fácil (esta es la razón oficial) decidieron unilateralmente, nominar (de nombre) a todo judío como Askenazi o Sefaradí. Una solución fácil, pero históricamente errónea. Así sucedió durante cincuenta años. Así de fácil. En Israel las autoridades tenían mucho que hacer. La defensa del Estado, la absorción de nuevos inmigrantes de más de 140 países, construir una infraestructura desde cero, los partidos políticos y la creciente influencia de los ultra ortodoxos. Estamos muy ocupados, dijeron. Tenemos otros problemas.

Los ashkenazim, son los judíos que llegaron con las legiones romanas y se establecieron en ambas orillas del Río Rhin, en Alemania y en Alsacia. Estos se esparcieron, más tarde a todo el Continente Europeo. Su denominación viene de Askenaz, la tierra de los alemanes, en Hebreo.

Los Sefaradim, son aquellos judíos que emigraron a la Península Ibérica desde antes de que los romanos llegaran a Barcelona. Sus asentamientos se incrementaron a medida que la Península fue poblada por los romanos y por los visigodos. Después de la invasión de los árabes en los Siglos XII y XIII, se concentraron en El Andaluz, sin nunca dejar de habitar en el norte. Fue la Edad de Oro de los Sefaradim. Si alguien pudo haber constituido alguna vez una aristocracia, fueron ellos. Pero nunca hubo tal. Su denominación, la de los judíos españoles y portugueses, es por Sefarad, el nombre de esta región en Hebreo.

Se dieron corrientes migratorias desde España y Portugal, desde Sefarad hacia el Medio Oriente y sobre todo hacia África del Norte. En estas comunidades existen apellidos netamente españoles como Mercado, Amiga, Toledano y Balas lo atestiguan.
Rav Moshé Ben Maimón, Maimónides, fue uno de los más ilustres. En la Geniza de Alejandría, escuela de alto rango donde se enseñaba en Hebreo, Arameo y en Árabe, lugar de una biblioteca inmensa probablemente la mayor que haya existido en Judaica; enseñaban muchos profesores españoles. También en las Yeshivot de Fez en Marruecos, hubo profesores españoles. Sin embargo la gran mayoría de los judíos de la región procedían de Judea, otros eran los que vivían en la Antigua Babilonia, y nunca abandonaron las tierras circunvecinas del Medio Oriente.

Quiero mencionar que hubo una aristocracia judía durante los Siglos XVIII y XIX, en Europa. Sin embargo los títulos nobiliarios les fueron concedidos o bien fueron comprados por las familias judías a soberanos, Reyes o Emperadores locales. No fueron otorgados por autoridades judías. Así fueron los casos de los Rothschild, Warburg, Simson, Bamberger, Openheim. Friedberg, Ballin, Mendelssohn, Bartholdy, Leviné, Nissen, Rathenau y otros en Alemania. Arnstein y Wittgenstein en Austria. Otros más en Hungría. Estos títulos nobiliarios eran hereditarios. Los que los ostentaban y sus descendientes dejaron de usar el prefijo Von de o d', da después de la primera Guerra Mundial, cuando el socialismo y las ideas liberales se propagaron en Europa.

A partir del Nuevo Milenio, apenas hace dos años, el gobierno de Israel, con él todo el aparato administrativo, el Keren Hayesod, la Universidad Hebrea de Jerusalem, las de Ben Gurión, Bar Ilán, el Technion y el Museo Nacional de Israel, enmendaron su error histórico. Ahora solamente los judíos que fueron expulsados de España y de Portugal después de la reconquista, se llaman Sefaraditas.

Los judíos orientales, los que nunca abandonaron el Medio Oriente y siempre moraron cerca de Tierra Santa, los Persas, Irán, los Iraquíes, Bagdad, los Yemenistas, los Sirios (Alepo y Damasco, los libaneses Beirut, los Marroquíes Fez, los de la Antigua Cartagena Casablanca, los Egipcios Cairo y Alejandría, ahora se designan como Mizrajim. Orientales. Es oficial. Esta nomenclatura, de ninguna manera es discriminatoria, es históricamente correcta.

El pueblo judío se compone de etnias muy diversas. Este estado de cosas es el resultado de nuestro largo peregrinar en el exilio. Aunque desde tiempos bíblicos nos empezamos a mezclar, las bellas doncellas de Samaria, que cita el Tanaj son sólo un ejemplo. De nuestro contacto con pueblos muy diversos resultó la diversidad de como nos vemos. No somos uniformes, de ninguna manera; somos diversos. Aunque tuvimos que sufrir las humillaciones, las expulsiones y la muerte Alkidush Hashem, las Leyes Raciales de Nürenberg en Alemania en 1934, nuestra sangre no es tan pura, es roja como la de los demás. Somos un pueblo como todos los pueblos, incluyendo a los arios alemanes y a los españoles cristianos viejos. Somos un pueblo resultado de mezclas.

La mezcla en sí es buena, ennoblece, diversifica y es incluyente. La nación aria el así llamado Imperio que duraría mil años Das Tausend Jaeriges Reich era excluyente. Dentro de Am Israel, todos somos iguales. Sobre todo cuando se trató de envilecernos o degradarnos, cuando se trató de oprimirnos. Somos simplemente judíos Kol Israel Javerim. Todos somos iguales, todos somos judeo-mexicanos. Nuestros hijos y nietos ni se diga.  


Regreso al contenido | Regreso al menu principal