Niños salvajes - Intelecto Hebreo

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31/03/2017
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Niños salvajes

Etapa Electónica 1

Niños salvajes


Por: Magdala



Los relatos de niños criados por animales salvajes no se limitan a ejemplos surgidos de la imaginación como el caso de Rómulo y Remo, pues se sabe de muchos casos auténticos que han ocurrido en la vida real.
Uno de los más conocidos comenzó una noche de octubre de 1920, cerca del pueblo de Midnapore en el este de la India. Durante mucho tiempo los lugareños decían que había fantasmas con forma humana que salían de varios agujeros.
En un intento por aclarar este misterio el reverendo Joseph Singh prometió buscar a esos fantasmas y una noche se trepó a la copa de un árbol, con poca esperanza de ver algo pero cumpliendo la promesa hecha a los lugareños. Después de un tiempo dos lobos surgieron de aquellos agujeros, seguidos por varios cachorros y, para sorpresa de todos, por dos niñas. Increíblemente habían vivido con los lobos en su cubil, adoptadas como "cachorros" por aquellas feroces bestias y cuidadas como si fueran sus propias crías. Una de ellas solamente tenía 18 meses y la otra alrededor de siete.
El 17 de octubre las niñas fueron capturadas y llevadas a un orfanatorio y comenzó la ardua tarea de "'reconvertirlas" en humanas, pues permanecían sentadas, emitían ruidos o se posaban en cuatro patas. El personal bautizó a la pequeña como Amala, y la mayor como Kamala. Desafortunadamente la primera murió un año después sin aprender a hablar ni a caminar, pero Kamala vivió hasta los 16 años, lapso en que aprendió a caminar, a andar erguida y hasta llegó a gustarle la comida preparada.
Aparentemente nunca perdió su identidad humana, pues cuando murió Amala, dos lágrimas le rodaron por las mejillas.
Existe también el relato de Shamdeo, Ramu y Baloo. Este niño fue criado por una osa en una cueva en el estado de Uttar Pradesh y fue atrapado en 1972 por un cazador que lo encontró jugando con unos lobatos cerca de la cueva de la osa. Fue cuidado por unas monjas en Prem Divas, el Hogar de la Madre Teresa para Menesterosos y Moribundos, donde murió de cólico en febrero de 1985 a la edad de 17 años.
Pero tal vez el caso más sorprendente surge cuando un grupo de lugareños -también en la India- encontró a una enorme tigresa acompañada por dos cachorros y un niño de cinco o seis años. Decidieron atraparlo y lo llevaron al pueblo confinándolo en una choza. Pero su madre adoptiva no abandonaría tan fácilmente a su cachorro, porque varias noches después regresó a la aldea y merodeó alrededor de la choza, hasta que los nativos, temerosos de que los fuera a atacar, decidieron darle muerte.
A partir de entonces, el niño fue criado por el jefe del pueblo y finalmente adquirió características humanas, pero su temperamento era feroz y podía caminar confiado entre tigres salvajes sin ser molestado en la selva.
Como todas las demás historias presentadas aquí, el dramático caso de la tigresa y su cachorro humano, revelan que la diferencia fundamental entre el hombre y la bestia no es tan clara como nos gustaría, pues se confunde con algo aún más fundamental: el amor.


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