Mercado, Médico de cabecera de Felipe II y III de españa - Intelecto Hebreo

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27/09/2017
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Mercado, Médico de cabecera de Felipe II y III de españa

Etapa Electónica 1
 Mercado, Médico de cabecera de
Felipe II y III de España
 
 
Por: Zvi Avigdor, New York, E.U.
 
 
En el museo madrileño del Prado, se encuentra una, pintura de El Greco atribuida al Dr. Luis Mercado (figura), conocido también como Ludovicus Mercatus. Este médico español fue un autor prolífico y sus escritos tan aceptados, que durante cien años fungieron como libros de texto forzosos en las escuelas de medicina iberas. Como veremos, actuó también como doctor de cabecera de la realeza española y como jefe de exámenes profesionales de medicina en su país.
 
Luis Mercado (circa 1525 a circa 1611) nació y murió en Valladolid, Castilla, hijo de judíos forzados a la conversión ("conversos"). Fue el primer profesor de medicina de la Universidad de Valladolid y luego, escogido Médico de Cámara del Rey Felipe II, quedando como su médico particular durante 20 años. Posteriormente, también médico personal de Felipe III.
 
Mercado escribió sobre terapéutica (1572), fiebres malignas (1574), enfermedades femeninas (1579), el pulso (1584), instituciones médicas y quirúrgicas (1594 y 1599 -leeremos detalles abajo), enfermedades del hígado, bazo, riñones, y vejiga (1594), la práctica médica (1604), enfermedades hereditarias (1605), enfermedades de niños (1611), características de la fiebre (1611), y fue el primer español que trató del garrotillo o difteria (1614). Se le recuerda más por su libro "De La Peste" que trata sobre el tabardillo o tifus exantémico (1599). Todos sus trabajos científicos fueron recopilados en el libro "Operum" de tres tomos, siendo el segundo, un tratado consagrado a la higiene y al arte de conservar la salud. Como filósofo médico, su obra maestra fue "De Veritate", por el cual es llamado el "Tomás de Aquino de la Medicina".
 
Las obras del Dr. Mercado fueron influyentes en las políticas de regulación de la práctica de la medicina en España a fines del siglo XVI pues prácticamente se hicieron, como dijimos, lectura obligatoria en las escuelas de medicina; expondremos un ejemplo de tal aseveración:
 
Recordemos que hasta el Renacimiento, para el estudio de la medicina existían 2 escuelas independientes: La Escuela de Medicina y la Escuela de Cirugía. Las escuelas de medicina eran profundamente académicas, no así las de cirugía, que se dedicaban únicamente a la enseñanza de técnicas operatorias. Tomemos a la ciudad de Salamanca, donde hasta 1566, se habían hecho múltiples esfuerzos en integrar a los cirujanos a la Facultad de Medicina, sin éxito alguno debido a objeciones, no tanto de los cirujanos, sino de los médicos internistas-académicos, que exigían a los estudiantes una base académica diversa además de las materias médicas. Pero en ese año, el Gobierno de la Ciudad, hace una petición al rey para que interviniera. Así, Felipe II ordenó a la Universidad de Salamanca que estableciera una Cátedra de Cirugía. Los catedráticos salmantinos argumentaron intensamente que no había necesidad de tal cátedra, pues sus estudiantes querían ser médicos, no cirujanos, y porque los catedráticos mismos ya enseñaban "toda la anatomía que necesita un cirujano". La razón por la cual había tanto rencor por parte de los médicos hacia los cirujanos, era la pésima fama que tenían los últimos, puesto que ellos "no tenían ninguna clase de estudios, ni siquiera los de la Escuela de Gramática". Finalmente, como condición para aceptar el dictamen Real, los académicos exigieron que los futuros cirujanos tuvieran al menos un grado de Bachiller en Medicina. Parece ser que el rey aceptó la propuesta pues vemos que en el año de 1593 existía una Real Orden que ordenaba a quienes optaban por dedicarse a la cirugía, a inscribirse al menos en tres cursos de Medicina, después de haber obtenido su Bachillerato en Artes (Filosofía); y para titularse, tenían obligación de presentar examen ante el Tribunal del Protomedicato (el equivalente hoy a un jurado de examen profesional), que les exigía el conocimiento a fondo de las obras del doctor Luis Mercado.
 
Hacia 1592 nuestro protagonista había sido nombrado Protomédico General (el equivalente hoy a Jefe de la Dirección de Exámenes Profesionales de Medicina) y escribió varios textos destinados a la examinación de médicos y algebristas. Entre ellos se cuentan Institutiones Medicae (1594), Institutiones Chirurgicae (1594) e Instituciones para el Aprovechamiento y Examen de los Algebristas (1599). Este último abarca las instrucciones para practicantes empíricos dedicados a la reducción de luxaciones y fracturas.
 
En 1604, bajo Felipe III, se dictó otra ley que causó gran polémica en el ámbito médico, porque permitía la examinación de "cirujanos romancistas" que no hubiesen pasado por la universidad, pero que tuviesen al menos cinco años de práctica. Por su parte, los cirujanos y los apotecarios debían mostrar una experiencia mínima de cuatro años de práctica y "tenían que saber latín"; Mercado tuvo influencia en la preparación de estas regulaciones.
 
No fue sino hasta 13 años después, que se promulgaron oficialmente las bases de los programas de medicina de las universidades españolas. Se anulaba la obligación de saberse de memoria las "Institutiones" del Dr. Mercado, pero se insistía en su lectura, así como la de los clásicos de la Medicina: "Primeramente, que en las universidades los catedráticos lean como base la doctrina de Galeno, Hipócrates y Avicena, como se solía hacer antiguamente, pero para la actualización, el dominio de los textos de Ludovicus Mercatus".
 
Es por todo esto que en vida, el Dr. Mercado obtuvo fama mundial extraordinaria. Murió a causa de una obstrucción urinaria por cálculo, la cual le causó agonía durante 18 días. En los anales de la historia de la medicina, se le considera entre los cuatro médicos más prominentes de la Época de Oro española.
 
 
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