Memorias de Don Susanito P V *s - Intelecto Hebreo

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27/09/2017
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Memorias de Don Susanito P V *s

Condensados

Novela Histórica
(Quinta y última parte)


Por: Jacobo Contente

     


Fragmento de
"Las Golondrinas"
Mariachi Jalisco

Desilusión
Susanito desde aquella entrevista que tuvo con Don Porfirio en Palacio Nacional  y gracias a la ayuda incondicional de su amigo el Presidente, además de la que le brindó más adelante el General Ruíz -que había sido el informante de los hechos ocurridos con Angelina-, dispuso viajar él mismo a la ciudad de Chihuahua  y posteriormente a la de Parral, para dar con el paradero de su supuesto hijo; producto de la corta aventura amorosa que había tenido con su ex-ama de llaves, la que había muerto en el asalto a los viajeros de haría dos años.
Al llegar a la ciudad de Parral, no tuvo ninguna dificultad para encontrar a los padres de Angelina, quien además de manifestarle  su pesar por la pérdida sufrida, les preguntó hasta por los más mínimos detalles de lo ocurrido con su hija después de que ella había regresado, abandonando su trabajo en la ciudad de México.
Ellos estaban bastante sorprendidos por la visita que Susanito les hacía y por lo ávido que estaba de saber su pasado, brindando  un sinnúmero de atenciones que juzgaban exageradas, por lo que sospecharon que el forastero se había influenciado por una historia sobre su hija, que había corrido por toda la ciudad poco antes que ella contrajera nupcias con Gregorio Villa.

Los padres de Angelina -personas sencillas, algo tímidas, pero con una sólida  moral- no quisieron que Susanito continuara en su  tormentosa confusión, por lo que le explicaron, aún antes de que él preguntara por el hijo de Angelina, lo siguiente:
- Mire usted señor Peñafiel, mi esposa y un servidor le agradecemos su preocupación y atenciones y aunque no nos ha manifestado  con claridad el propósito que lo hizo venir desde la Capital, casi lo adivinamos. Si fuéramos personas aprovechadas  -como tantas que pora'i circulan-, le diríamos
que nuestro nieto Gregorio es hijo de usted, pero aunque económicamente necesitamos de alguna ayuda, nuestra conciencia y la memoria de nuestra hija  nos perseguiría por el resto de nuestras vidas.
Según lo que en alguna ocasión nos contó mi padre, Susanito había manifestado que aquella confesión de los padres de Angelina le causó una de las más grandes desilusiones y tristezas de su vida, pues aunque no fuera verdaderamente   su hijo, al conocerlo y convivir con él por más de un mes que duró su visita a Parral, le tomó un gran cariño, sobre todo cuando pensaba en las difíciles circunstancias del muchacho que ya contaba con seis años, huérfano de madre   y un padre del que no se sabía nada de él.
Por más lucha que él hizo con los abuelos del niño para convencerlos de que lo dejaran a su cuidado, ellos no quisieron y a duras penas aceptaron que Susanito los ayudara económicamente con la educación de sus primeros años de estudio.
Al paso de pocos años, esa decisión tomada por unos abuelos responsables y honestos con su legado familiar, se tornó en infinita amargura para ellos y Susanito, quien no dejaba de enterarse de la situación de una familia que pudo haber sido   la suya y a quien había aprendido a querer por su valentía y reciedumbre ante la adversidad.
En uno de los diarios que abarcó ese período de ilusiones por un anhelado hijo a quien sólo pudo proteger por corto tiempo, encontré algunas cartas y anotaciones, que mostraban la tragedia de una familia, además de los difíciles momentos   de aquel México que ya asomaba a una cruenta revolución que costó la desaparición de más de un millón de almas.


Texto parcial de una carta de los abuelos de Gregorio
Muy estimado Sr. Peñafiel:
Como ya le habíamos manifestado, las cosas en esta ciudad se han vuelto insoportables por el bandolerismo que un pariente de  nuestro yerno, un tal Doroteo Arango, realiza con un grupo de sus seguidores.
Hace tres días se presentaron estos rufianes saqueando varios depósitos de víveres y armas, escondiéndose en algún lugar de la sierra donde la tropa no ha podido encontrarlos.
Nuestra desesperación y el cariño que nos ha demostrado, hace que le escribamos la presente para pedirle ayuda. Nuestro nieto Gregorio ha desaparecido y según nos dicen, fue el mismo padre que se lo llevó sacándolo a pleno día de la    escuela donde estudiaba.


Del padre raptor y del muchacho no se supo más hasta pasada la Revolución, en que la abuela de Gregorio le preguntó al General retirado Doroteo Arango (Pancho Villa), el paradero de su yerno y sobre todo del nieto por el que tanto lloraba    su ausencia.
A Villa no le costó trabajo recordar y decirle que a Gregorio Villa -su pariente- lo había mandado a fusilar por ladrón y por desobedecer sus órdenes. Del muchacho no sabía gran cosa, pero después de algunas semanas en que la abuela    viajó especialmente a la ciudad de Chihuahua para entrevistarse con un ex-teniente villista; en casa de doña Luz Corral de Villa -mujer que siempre sostuvo ser la legítima esposa del jefe de la División del Norte- se llevó a cabo la entrevista    que confirmó los peores temores.
Según el ex-teniente, recordaba que después del fusilamiento del yerno, la amante del mismo se llevó al muchacho junto con la tropa hacia la ciudad de Torreón. En la toma de la ciudad por las fuerzas villistas en octubre de 1913, hubo mucha    confusión y pérdida de vidas. No obstante el caos que se había formado, recordaba que en uno de los montículos en donde se agruparon los cadáveres, vio a la mujer que se había llevado a Gregorio y a su lado el cuerpo del muchacho;  imagen   que llamó poderosamente su atención, pues aún llevaba amarrada a su espalda una pequeña bolsa que contenía algunos libros y útiles escolares, que en vida le habían servido para tratar de enseñar a identificar las letras  del alfabeto   a algunos elementos de la tropa, quienes cariñosa y jocosamente lo habían nombrado "El Profe de la División".
En aquella ocasión, los ojos de una madre que había perdido a su hija y nieto en circunstancias violentas, ya no lloraron, no así los azules ojos de Doña Luz Corral, que había escuchado el relato del militar y los de Susanito quien se enteró    mucho tiempo después, a su arribo a México del extranjero. El agregaba otro triste y descorazonador acontecimiento a su vida afectiva.

Paro de la Gran Rueda

Meses más tarde de que recibió la carta que informaba la desaparición de Gregorio y aunque movió cielo y tierra para poderlo  encontrar sin ningún éxito, Susanito decidió hacer caso a Don Porfirio, por lo que viajó a España   para hacerse cargo de algunos negocios y diligencias del gobierno. Su puesto como de costumbre no era oficial, pero sí muy importante,  pues actuaría como auditor y consejero directo del Presidente de la República, abarcando algunos otros países   europeos como Inglaterra, Francia y Alemania.
Mientras tanto y casi a dos años de haberse efectuado la famosa entrevista "Creelman-Díaz", que como se recordará, el Presidente declaró públicamente "que no quería continuar en el poder y que el país ya estaba preparado para el cambio    de entrar en la vida libre", Francisco I. Madero, publicaba su libro "La sucesión presidencial en 1910". En él Madero propugnaba elecciones libres para el puesto de Vicepresidente y no se mostraba intransigente con una nueva reelección de Don    Porfirio. La idea era que Ramón Corral ya no hiciera mancuerna con Díaz, a quien profesaba simpatía y admiración.
En una parte de su libro, Madero dice lo siguiente:
"Toda nuestra historia tiene un cierto sello de grandeza que impresiona, y ese sello no deja de tenerlo ni aún la misma dictadura del General Díaz, pues al fin de todo nuestro actual Presidente ha podido llevar a cabo una obra colosal, y se ha rodeado    de tal prestigio en el extranjero y aún en el país, que se ha formado un pedestal altísimo".
En otro párrafo continúa diciendo:
"El General Díaz no ha sido un déspota vulgar, y la historia nos habla de muy pocos hombres que hayan usado el poder absoluto con tanta moderación. La obra del General Díaz ha consistido en borrar odios profundos que antes dividían a los    mexicanos y en asegurar la paz por más de 30 años; ésta aunque mecánica al principio, ha echado profundas raíces en el suelo nacional, de tal modo que su florecimiento en el país, parece definitivo".
Para mayo de 1909, Madero funda el "Club Anti reeleccionista", junto con José Vasconcelos, Toribio Esquivel Obregón, Félix F. Palavicini y Filomeno Mata. Ellos mismos reconocieron que la gran mayoría de la nación esperaba la reelección    de Díaz, no obstante dieron comienzo a su campaña por varios estados del país en contra de la fórmula "Díaz-Corral", misma que los derrotó en las elecciones primarias (26 de junio de 1910) y las segundas que ocurrieron el 10 de julio    del mismo año.
Los reeleccionistas afirmando que el sufragio había sido violado, dan a conocer el Plan de San Luis y piden apoyo al gobierno estadounidense, gobierno que meses antes había confirmado su simpatía y apoyo al gobierno de Porfirio Díaz, en la    visita que el Presidente Taft hizo a Ciudad Juárez y en los festejos del centenario de la Independencia Nacional que con toda pompa y grandiosidad se celebraron en la capital de la República.
El Plan de San Luis y las luchas que los insurrectos empezaban a hacer, dieron con la formación de un convenio entre ellos y el gobierno; convenio que se firmó el 21 de mayo de 1911 en Ciudad Juárez, y que trataba del cese de las hostilidades    con la promesa de un diálogo político. Pero Madero y varios guerrilleros que apoyaban la acción bélica en varios estados norteños como Chihuahua, Coahuila y Durango, optaron por derrumbar la paz y el orden establecidos por el porfirismo.    Es seguro que el manifiesto que hizo Díaz el 7 de mayo de 1911 (anterior al convenio de Ciudad Juárez) y que ofrecía abandonar el poder "cuando su conciencia le diga que al retirarse no entrega el país a la anarquía", fue tomado por algunos    anti reeleccionistas como una táctica del General para ganar tiempo y por otros, como franca muestra de debilidad que les abría las puertas del poder, dejando sin efecto un convenio que el propio General había propuesto para evitar el derramamiento    de sangre, amén de los destrozos del orden y paz por los que tanto había luchado y que perjudicaría directamente los créditos y buena imagen que se habían logrado en el extranjero.
En vista de la intransigencia e incredulidad de los jefes alzados encabezados por Madero, antes de concluir ese mismo mes de mayo, Porfirio Díaz y Ramón Corral presentaron su renuncia a la Presidencia y Vicepresidencia de la República, asumiendo    el poder en forma interina el Lic. Francisco León de la Barra.
Díaz en su no muy extensa renuncia enviada al Congreso, presenta una posición digna que refleja las circunstancias del momento, y termina diciendo:
"Espero, señores Diputados, que colmadas las pasiones que acompañan a todas las revoluciones, un estudio más concienzudo y comprobado hará surgir en la conciencia nacional, un juicio correcto que me permita morir llevando en el fondo de mi    alma una justa correspondencia de la estimación que en toda mi vida he consagrado y consagraré a mis compatriotas".
Susanito desde Europa, seguía paso a paso los acontecimientos que al poco tiempo el propio ex-Presidente le narraría. Él se conmovió por las atenciones y cariño demostrados por el pueblo y gobierno de Veracruz, a la llegada del General    al puerto el 31 de mayo y hasta su partida de la patria amada en el vapor "Ipiranga", que lo conduciría a Francia a un exilio voluntario.
Su llegada a Francia por el Havre fue calificada por el propio Susanito -que viajó de España para personalmente recibirlo- de inolvidable por la solemnidad y honores que el General recibió de una comisión especial nombrada por el gobierno    francés y en donde se entonaron el Himno de México y la Marsellesa. Posteriormente Díaz y sus acompañantes, incluido mi tío abuelo, viajaron por tren a París, ciudad donde estableció su domicilio el General en la Av. Víctor Hugo.
A su regreso a España, para posteriormente situar su domicilio también en París, Susanito recordaba aquellas preguntas y explicaciones ejemplificadas que se hicieron en las caballerizas del Castillo de Chapultepec, sobre la gran rueda económica    y política que Don Porfirio comparaba con su forma de gobernar. Ahora ya tendrían tiempo los dos amigos de platicar tranquilamente en París, sobre todo lo ocurrido y lo que sucedería en los tiempos venideros en aquella querida y vasta tierra    de ultramar.

Nadie es Profeta en su Tierra

La nueva vida de Don Porfirio Díaz y su familia, transcurrió más apaciblemente y siempre unida a los valores familiares que  desde joven le inculcaron. Las atenciones y reconocimientos a su persona fueron interminables, demostrados en sus     viajes a varios países de Europa y Egipto. Muchos analistas de su tiempo lo nombraban como: "El Moisés de su pueblo" (Andrés Carnegie,  filántropo americano); "El primer obrero de la civilización del siglo XX" (Cecil Rhodes, Cofundador     del imperio británico); "El primer americano, el más grande americano" (León Tolstoy, escritor ruso). Pero realmente e independiente a las  atenciones y honores que recibía... ¿Qué pensaba y qué sentía Don Porfirio en el exilio?
Esta parte íntima de su ser bajo nuevas circunstancias, Susanito trató de plasmarlas en sus anotaciones, tal como lo hacía en México, después de las visitas y paseos que realizaba con su entrañable amigo. Desafortunadamente de poco más      de cuatro años que vivió Díaz en el exilio (murió el 2 de julio de 1915), de los últimos dos, Susanito no tuvo contacto directo con él, pues había decidido vivir en los Estados Unidos muy cerca de la frontera sur, para tratar  de    administrar  por la intermediación de amigos y familiares, sus propiedades que aún tenía en México, esperando que las cosas se calmaran y que el poder por el que se luchaba, llegara a consolidarse en un nuevo militar.
Él nos comenta lo siguiente: "Porfirio sigue siendo el republicano y patriota que siempre conocí, creo lo demostrará hasta el último día de su existencia. Continúa con los estrictos hábitos para su físico y su intelecto. Su hombría      y valor, no importando su avanzada edad, quedaron demostrados últimamente en Suiza, cuando salvó a un niño que se ahogaba en un estanque.






Él quiere volver al campo y trabajar como antes lo hacía en La Noria, además quiere montar un taller de carpintería, oficio que siempre le ha gustado; pero mientras no venda su casa de la calle de La Cadena en México, no podrá comprar     una finca cercana a Barcelona que Don Salvador Castelló le ha ofrecido a muy buen precio.
Cuando hablamos de México y comentamos algunas noticias que leemos en los periódicos, desea de todo corazón que las cosas lleguen a un fin inmediato, pues dice que no es justo volver a un México que ya se había olvidado de guerras fraternas     y que la unión que él supuso tenía Madero para ejercer el poder fue falsa, por lo que resultó un poder débil y de trágicas consecuencias".
En una ocasión -relata Susanito- que su amigo estaba muy molesto por los últimos acontecimientos de su país, por lo que le dijo:
- Susanito, no hay nada más altanero en el mundo que ver a un hombre mediocre cuando se levanta y alcanza el poder. Espero que en mi querido México surja un verdadero hombre que por méritos propios alcance un gran poder y que lo use livianamente,     sobre todo hacia ese sufrido pueblo que no le hemos dejado tener cabeza y voz propia durante siglos, para comprender y exigir su verdadero bienestar.
Yo pensé que estaba mostrando el buen camino, pero veo tardíamente que hay que evitar criar cuervos, que a la postre nos saquen los ojos. Mi gran error fue hacer caso a tantas alabanzas, y al gran mito de ser imprescindible. Más me hubiera valido     haberle entregado en paz y a tiempo, la Presidencia a nuestro buen amigo Don Nicolás Zúñiga y Miranda, aunque usted y yo sabemos que no lo habría hecho muy bien, pero al menos era constante, honesto en sus intentos y cuidaría de que  no    se hiciera efectivo el dicho que el vecino país del norte, siempre ha tratado de conseguir por todos los medios "América para los Norteamericanos".
Díaz tenía 85 años de edad cuando se despidió de este mundo pronunciando algunas palabras incoherentes y varias muy claras donde citaba los nombres de su madre y hermanos, además de La Noria, Oaxaca y México, donde insistía quería     descansar. No obstante que se esperaba en París un inminente ataque del ejército alemán, el gobierno francés mandó a oficiales y tropa para que formaran parte del cortejo fúnebre que tuvo lugar en Saint Honoré I'Eliau, honras fúnebres     muy concurridas, pues muchos de sus compatriotas que vivían en Europa, viajaron especialmente a París para despedirlo.
Su viuda y la familia quedaron en Francia por algún tiempo más y posteriormente regresaron a México, para de ser posible, tramitar el traslado de sus restos con los concebidos honores que ellos juzgaban se le deberían de hacer. Pero el mundo     político mexicano en efervescencia por aquel tiempo y los países de Europa en plena Primera Guerra Mundial, no podían abogar por ese tipo de peticiones que podría hacer más difíciles las cosas.
El 24 de junio de 1922, sus restos se trasladaron a una capilla erigida en la parte norte del cementerio de Mont Parnasse, donde resalta el escudo nacional mexicano y dos únicas palabras Porfirio Díaz. En la parte inferior hay una urna de cristal     que cubre una bolsa de seda con los colores nacionales y un puñado de tierra mexicana.
Susanito tuvo la oportunidad de visitar en varias ocasiones el lugar de la nueva sepultura y hasta 1944, año en que él también murió, siempre luchó porque los restos de su querido amigo se trajeran a México con los honores, que hasta     la fecha se le han negado, para cumplir así con su deseo de reposar para siempre en tierras mexicanas, precisamente en la Capilla de la Iglesia de La Soledad en la Ciudad de Oaxaca.

El tiempo ya ha recorrido dos conflagraciones mundiales después de la muerte de Porfirio Díaz, y México ha avanzado por el camino de la modernidad que él inició y por el cual se esforzó.

La generosa patria ha llegado a perdonar  las malas obras atribuidas a algunos de sus hijos, recogiéndolos en su regazo y dándoles la justa dimensión en la historia nacional.

El caso de Porfirio Díaz, sin ser de los últimos y de acuerdo al punto de vista de varios historiadores, no  es con mucho tan negativo cuando se compara con otros que han sido tomados en cuenta. Al parecer algo especial se mantiene encerrado dentro de un gran tabú político, que los gobiernos posteriores a la Revolución se han encargado de que no aflore, evitando a toda costa un imparcial juicio histórico, que por más negativo que resulte, no debe impedir que un hombre valiente, honesto y esforzado para con México, al cual han calumniado hasta la saciedad, como es el caso de Don  Porfirio Díaz, trate de conciliarse y descansar en la patria de sus desvelos, luchas y errores.

¿Serán ciertos los últimos comentarios que Susanito en su impotencia por cumplir con el deseo de su amigo legó a la posteridad y que tratan del prejuicio y miedo de la casta gobernante, que olvida una deuda nacional -aunque ésta fuese pagada únicamente con honores militares-, para que no surjan los espejos que reflejen los grandes valores de un mexicano, cuyas obras y responsabilidad histórica como gobernante, al ver esos espejos, los minimizaría?

…Quizás en un futuro cercano, la madurez de nuestro pueblo y sus gobernantes, que ya han reconocido -pese a famosos dogmas de carácter irreversible- incluso la existencia de un estado clerical, y que además tratan de buscar una mayor relación y apertura internacional; juzguen que ya es tiempo de analizar la verdadera dimensión de los hombres e historia, de aquel añorado tiempo que mi tío abuelo vivió y plasmó en estas, sus memorias.

     

Bibliografía y Gráficas:
Historia General de México El Colegio de México
Breve Historia de México
José Vasconcelos
México a Través de los Siglos
Editorial del Valle de México
Los Grandes Calumniados de México
Francisco Castellanos
Porfirio Díaz
Enrique Krauze
Porfirio Díaz y su Tiempo
Fernando Orozco Linares
Seis Siglos de Historia Gráfica de México
Gustavo Casasola
Archivo General de la Nación Pancho Villa en la Intimidad
Luz Corral Vda. de Villa.





NOTA: La fina inteligencia del lector
advertirá que las ideas, opiniones y expresiones
que se vierten en esta Novela Histórica,
reflejan exclusivamente
el pensamiento de los protagonistas.








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