Los suizos, - Intelecto Hebreo

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27/09/2017
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Los suizos,

Etapa Electónica 1
Los suizos,
este pueblo incomprendido
 
Por: Peter Katz
 
La conducta insensible de los suizos, durante toda la Segunda Guerra Mundial, fue una vergüenza para Europa. No solamente cerraron sus fronteras a refugiados judíos y a gitanos, sino que el gobierno helvético le pidió oficialmente al de Alemania, que diferenciara claramente los pasaportes de los judíos alemanes, de los alemanes de Raza Aria; marcando a los judíos como se marca el ganado.

La Demarche diplomática de Suiza, en este sentido fue el origen del sello estampado discriminatorio, la Jota de Jude. La razón aludida por el Gobierno Suizo en 1937, fue que los Judíos Die Juden Ueberschwemmen Uns, nos están ahondando..."Suiza, para los suizos". Era el Cri de Guerre. «Solamente queremos recibir a alemanes decentes, en nuestros valles y montañas». Los encabezados de los periódicos más importantes de Zurich, Basel y Berna, reportaban una situación migratoria emergente. En Basel, en 1897, ya habían visto de cerca, en el Primer Congreso Sionista, al Lumpen Proletariat. Los Yidn Malolientes, con sus Kapotes. Este Extraño pueblo del oriente. (Sic)

Desde luego algunos judíos alemanes pudieron refugiarse en Suiza, entre 1934 y 1938. Después de esta fecha, muy pocos pudieron llegar a este asilo neutral, lo que hubiera significado su salvación. Albert Einstein abandonó el país en 1937. Paul Klee, no judío se fue de allí, en son de protesta. Los nazis uniformados circulaban abiertamente en Basel. Un país sin conciencia, con un ejército bien armado, pero muerto de miedo de lo que pudiera acontecer si Alemania atacara; un gobierno altanero y simpatizante de los nuevos amos de Europa. Samuel Guggenheim, Presidente de la Comunidad Judía Suiza, no pudo hacer nada al respecto.

Decían los periódicos suizos en tono admirativo: "Hitler y Goebbels, finalmente se atrevieron a hacer algo contra el judaísmo internacional". Aparentemente, decían también, lograron contener al Bolchevismo de los Tártaros de Litvinov de Kaganovich, de Gurvich y de Josef Stalin. El miedo a los alemanes, el miedo a los bolcheviques, seguía en segundo término.

Una sociedad egoísta en extremo. Selfcentered. Las únicas instituciones que si estaban abiertas para los judíos, eran los Bancos Suizos, UBS, Credit Suisse, y Schweizer Bankgesellschaft. Recibían fondos de cuentahabientes judíos. De aquellos que tenían dinero; judíos alemanes, austríacos, checos, húngaros y polacos. La mayor parte de estos depósitos nunca fueron reclamados, pues sus dueños y sus herederos fueron asesinados en las cámaras de gas. En la mayoría de los casos no quedaron sobrevivientes.

Después de la guerra -ante las insistentes reclamaciones de algunos sobrevivientes- los suizos invariablemente les exigían presentar "Certificados de Defunción" Todeszertifikate que atestigüe la muerte del depositante, para retornar fondos depositados por judíos antes de la guerra. Era un absurdo.

Esta fue una actitud arrogante y típicamente suiza. Como si el KZ, Auschwitz, expedía este documento a los que iban a morir en las Cámaras de Gas.

La Confederación Helvética, hizo mucho dinero durante y después de la Segunda Guerra Mundial. La actitud fue ambicionar siempre más, a pesar de saber que estos despojos provenían de la rapiña alemana en el resto de Europa.

Después de las impresionantes victorias alemanas en todos los frentes de la guerra en Europa y en África durante 1942, los suizos temerosos y muertos de miedo, ante una posible invasión alemana, permitieron que trenes alemanes -trenes de la muerte- cargados con judíos italianos deportados de Milano, cruzaran territorio suizo por Briggs, en los Alpes en dirección de Polonia. Estos trenes llegaron a Auschwitz tres días más tarde. Parte de los prisioneros ya habían muerto.

Los alemanes estuvieron amasando barras de oro, que procedían de joyas confiscadas a judíos en bancos suizos, desde 1941 hasta 1945. Las barras de oro, no solamente eran depositadas en cuentas privadas de dirigentes del partido nazi o de Kameradenschaft, sino también a cuentas de industriales alemanes como Von Berthold Krupp, Von Rudolf Thiesen, entre muchos otros operadores económicos.

Hasta el año de 2002, finalmente fueron reclamados, luego negociados por Edgar Bronfman; si no fuera por él, los suizos se hubieran quedado con estos fondos. El secreto bancario los protegía legalmente. Durante la Segunda Guerra Mundial, los alemanes transportaron oro rescatado de los dientes postizos y las argollas de matrimonio de los millones de mujeres y hombres judíos aniquilados en los campos de concentración, y de los de la muerte.

Desde Francia los teutones enviaban trenes cargados de muebles antiguos, pinturas de arte degenerado, Entarrtete Kunst, propiedad confiscada a judíos franceses, para subastarlos en Zurich en plena guerra; al mismo tiempo los suizos afirmaban que no sabían nada sobre la persecución de los judíos en Europa.

El dinero logrado con estas ventas, después de deducir una jugosa comisión, se depositaba en una cuenta de Kamaradenschaft, a nombre de Hermann Goering, Heinrich Himmler y Karl Kaltenbrunner. Parte de este dinero fue transferido a una cuenta del Vaticano de Eva y Juan Domingo Perón, en la Schweitzer Bankgeselschaft, para financiar la compra de pasaportes argentinos que usaron los jerarcas nazis y los altos oficiales de la SS, para viajar y salvar su pellejo a Buenos Aires y a Bariloche. Esto sucedió inmediatamente después de la Guerra en Castelgandolfo -residencia Papal- en 1945. Los barcos partieron de Nápoles.

Ahora en el Siglo XXI, Suiza es el paraíso de un millón y medio de trabajadores turcos, sirios, algerianos y bosnios musulmanes, Fremdarbeiter, pero ahora nadie se queja de una invasión. Los judíos huelen feo, pero los musulmanes son de los países que tienen reservas de petróleo en Medio Oriente. Son respetados y tolerados.

Ahora también los judíos son nuevamente bienvenidos en Suiza, con o sin pasaporte; hasta con pasaporte israelí, los dejan entrar libremente. Algunos de nuestros correligionarios siguen escandalizados. Se rehúsan terminantemente a visitar Alemania, Austria o Polonia. Deberían pensar seriamente en la conducta de Suiza, antes de pisar su territorio, comprar sus relojes, o comer sus chocolates, aunque estos son fabricados con materia prima del Soconusco Mexicano.

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