Los barberos - Intelecto Hebreo

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28/06/2017
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Los barberos

Etapa Electónica 1
Los barberos
 
Por: Magdala
 
En la Edad Media, durante la primavera, la gente acudía a las barberías de los pueblos y ciudades -no necesariamente a cortarse el pelo- sino también para que le arrancaran una muela o le sacaran sangre pues la gente creía que el desequilibrio de los humores -sangre, flema, bilis y atrabilis- era perjudicial para la salud y que la extracción del exceso de sangre cada primavera era la forma de restaurar ese equilibrio; «sacando la sangre se saca la enfermedad» era el principio en el que se basaba esta práctica que, pese a su potencial peligrosidad, fue el tratamiento más popular para las enfermedades graves durante siglos.
La tarea de extraer la sangre era realizada por personas con escasos conocimientos médicos, bajo la supervisión de algún cirujano. Durante el siglo XIII los barberos empezaron a ocuparse de esta operación y poco a poco formaron un gremio y ampliaron sus servicios hasta abarcar intervenciones de cirugía menor tales como sacar diviesos, vendar úlceras y extraer muelas. Algunos se especializaron en el tratamiento de cataratas y hernias. En los pueblos pequeños llevaban a cabo operaciones relativamente complejas como reducir fracturas o realizar trepanaciones (cortar una porción de cráneo para aliviar la presión sobre el cerebro).
Al principio cualquiera podía establecerse sin licencia como cirujano, pero hacia el siglo XIV, en algunos lugares de Europa, las universidades y los gremios comenzaron a regular la práctica de la medicina.
Los barberos-practicantes realizaban su trabajo en un establecimiento público y solían anunciar sus servicios con un cartel que representaba una mano levantada, de la que goteaba sangre y una sangradera para recogerla. Las sangraderas eran de barro cocido, peltre o plata y solían tener unas marcas en el interior para señalar la cantidad recogida.
Antes de sacar la sangre, el barbero sumergía la mano del paciente en agua caliente para que se hincharan las venas y fueran más fáciles de ver. Luego ponía un torniquete alrededor del brazo del paciente y, con la sangradera preparada, decidía en cuál de las cinco venas mayores -cada una de las cuales relacionada a un órgano vital- haría la punción. Sujetando firmemente la mano del paciente abría una cisura en la vena con una lanceta de doble hoja. Cuando ya había extraído suficiente sangre vendaba ligeramente la herida y enviaba al paciente a casa.
Este oficio se transmitía de generación en generación, de modo que un aspirante a barbero comenzaba de aprendiz con un maestro -generalmente su propio padre- e iba adquiriendo el conocimiento de todos los secretos del oficio. En las grandes ciudades, sin embargo, los aprendices podían asistir a las mismas clases de anatomía que los estudiantes de medicina.
Además de los barberos cirujanos había otras clases de médicos, todos los cuales pertenecían a algún gremio o corporación. En la cima del escalafón estaban los médicos «togados» y a continuación los maestros cirujanos, que estudiaban latín y realizaban operaciones complejas; y en la escala inferior se encontraban los barberos-cirujanos y los fabricantes de pelucas. A mediados del siglo XVIII comenzó a aumentar la distancia entre los barberos especializados en cirugía y los sólo aptos para cortar el pelo, como son los actuales.

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