Las llaves de nuestra casa P X - Copiar - Intelecto Hebreo

Son las:
31/03/2017
Vaya al Contenido

Menu Principal:

Las llaves de nuestra casa P X - Copiar

Condensados

Las Llaves de Nuestra Casa
Novela Histórica
(Décima Parte)

Por: Becky Rubinstein


Los judíos en Portugal (continuación)

A la muerte de Pedro de Portugal (1376) hereda el trono Fernando, quien hizo de la violencia capricho. Su injerencia en el reino se  vio coronada por crisis y desacierto en cuestiones de índole interna y externa, hasta su muerte acaecida en el año de 1383.
La comunidad judía, sin embargo, alcanzó prosperidad y autonomía bajo su reinado, asesorado una vez más, por funcionarios de origen judío; Juda Aben Moshé Navarro y después Dn. Moshé Chavirol, encargados de hacer cumplir el pago  de impuestos y gabelas -por cierto de mucha monta-, señal de bonanza por parte de los judíos del reino, "promesa de una era de bienestar, redención de vejaciones y desmanes de que habían sido víctimas en los primeros años del reinado".


Lejos estaban las guerras provocadas por Dn. Fernando, en la que los judíos  se vieron alternadamente vejados por portugueses y castellanos. La judería de Lisboa había sido saqueada por los soldados de Enrique II -hermano bastardo de Pedro el  Cruel de Castilla- con un saldo elevado de muertes y de saqueos. Suerte semejante  sufrieron las juderías de Evora y Coimbra, víctimas asimismo de dolor y afrenta.
Pese a ello los judíos, bajo el reinado de Dn. Fernando, se mostraron leales y solícitos con su gobernante, con la eterna esperanza de ver reproducidos los memorables días de Alfonso VI y de Pedro I. Tras la muerte de Dn. Femando de Portugal,   los judíos mostraron la misma conducta para su viuda en pago de la protección que ésta les dispensara. A la muerte de Dn. Femando sin sucesión varonil, Dn. Juan I. rey de Castilla, reclama la corona portuguesa para su esposa Beatriz, lo que   avivó el resueño del pueblo, temeroso del futuro independiente de Portugal.
Se desata el conflicto; el bando castellano -a raíz de la peste negra- se retira para retornar un año después. Los portugueses, más recobrados, recuperan las plazas perdidas con la evacuación de las huestes castellanas de suelo portugués.   Finalmente hereda la corona portuguesa el Mestre de Avis, bajo el nombre de Juan I.
Dicho monarca ordena a inicios de 1391, que la población judía portara en el centro del pecho "una rodela o divisa bermeja", símbolo de oprobio, sin imaginar que un año después se vería en la necesidad de salir en defensa de la tan "vejada   grey judía".
1391: año de hecatombe en Sevilla, Toledo.
Valencia, Breclona. Los judíos de dichas entidades fueron forzados a adoptar por la fuerza, la religión cristiana: sangre y muerte; conversión o huida a suelo portugués.
1392: el rabino mayor de la grey judía y su primer físico Dn. Moshé Abben Navarro, se presentan ante el monarca "en demanda de justicia contra los desafueros, atropellos y fuerzas diariamente cometidos en sus hermanos, cuyas vidas y derechos   estaban puestos por la ley del Estado bajo la regia tutela". El rabino se condolía de los hogares violados, de los maltratados, heridos y muertos impunemente, lamentándose asimismo, de la profanación de las sinagogas, del escarnio de sus fiestas   y solemnidades religiosas y entre otras cosas, acusaba a los cristianos de asaltar los cementerios judíos en busca de oro, plata o dinero amonedado. Finalmente, lamentaba la imposición de nuevos y gravosos impuestos.
E1 embajador judío logró una tregua para su pueblo, mas no alcanzó a anular del todo la animadversión de los cristianos contra la grey judía en suelo portugués, en constante aumento, debido a la creciente migración de refugiados judíos   provenientes de España, cuyo principal anhelo era recobrar, cuanto antes, la fe de sus ancestros. Dicho sentimiento negativo alcanzó, tanto a los refugiados como a sus protectores, inermes ante las quejas de sus vecinos cristianos, molestos por   el desbordamiento de hijos de Israel en las estrechas juderías y por el libre deambular nocturno de los mismos por ciudades y villas, sin el permiso de los consejos.
El monarca expide entonces, un edicto que obligaba a los judíos "a meterse en las juderías con sus familias y sus bienes, vedándoles salir de ellas durante la noche, bajo pena de servidumbre y de confiscación de bienes" (sept. 1400). Por otra   parte Juan I, prohibió a los hijos de Israel portar armas durante las ceremonias, juegos y fiestas, "si alguno osase a infringir la ordenanza, sufriría multa de mil doblas de oro, la pérdida de las armas... y la muerte del infractor".
Año de 1406: el rey portugués publica las llamadas Ordenanzas de las Rentas Judiegas, las que por su rigor estaban destinadas a la postre, a conducir a las comunidades judías portuguesas a la ruina, al aniquilamiento.
1411: Juan I imponía a jueces, alcaldes y corregidores a proceder contra los judíos, que habiendo adoptado la religión cristiana -"conforme a derecho"- es decir, de conformidad retornaran a su antigua fe, sufriendo confiscación de bienes.
1412: los judíos portugueses protestaban contra la ordenanza que los obligaba a permanecer de noche dentro de la judería, logrando únicamente les fuera perdonada la multa, mas no la restricción, misma que privaba en Aragón y Castilla. El   monarca suavizó un tanto su postura hacia el edicto, lo que muestra la vacilación de los legisladores y tal vez, la compasión real hacia sus vasallos judíos.
1426: Don Juan I de Portugal, aquel esforzado caudillo que se jactaba de haber tenido la gloria de salvar la independencia de su pueblo, ufanándose de ser el fundador de una nueva dinastía; aquel ilustre príncipe, que se pagaba también de   haber abierto nuevos senderos a la cultura portuguesa, impulsando al par con ánimo generoso el desarrollo de letras y de artes; aquel respetado gobernante de la república, que no había tenido rival en el amor de sus vasallos, desde los tiempos   de Alfonso Enriquez -dominado a su vez, en cuanto a la administración de los judíos tocaba, por el espíritu de intolerancia, que señoreaba sus pueblos-, habíase convertido en instrumento de la persecución, olvidado el ejemplo de los   grandes reyes".
Según Amador de los Ríos, "Juan I, a pesar de sus altos deberes, se alió a los perseguidores de la raza judía". Así, mientras que los robos en Valencia habían sido sustituidos y los asesinatos en Barcelona habían sido penados, los   abusos en suelo portugués -por aquel entonces- recibían el carácter de "santidad de la cosa juzgada".
Don Duarte, hijo y sucesor de Juan I, siguió los pasos de Dña. Catalina de Castilla, de Femando I de Aragón y de Benedicto XIII, este último autor de doce puntos represivos contra los judíos, entre ellos, la prohibición de la lectura   del Talmud. Se les prohibía asimismo, toda construcción o reparación de sinagogas; se ordenaba su apartamiento en juderías, rodeadas de una cerca y con una sola puerta... Las restricciones regulaban los oficios, el uso de títulos de nobleza,   los tributos internos, la vestimenta, el domicilio, el corte de pelo y barba, el tráfico de mercancías varias, la libre migración, etc.
Dn. Duarte, en tan sólo cinco años de gobierno (1433-8), consumó la   obra de sus antecesores. Concluyó el encerramiento de los judíos, reguló la usura, las relaciones entre judíos y cristianos. Para 1436 dictaba nuevas leyes que cercenaban   antiguos privilegios; negó todo beneficio a los nietos de los  cristianos  nuevos y sobre todo, prohibió toda injerencia judía en la administración nacional.







1438: cumplida la mayoría de edad, Alfonso V, dirige sus huestes al África,  apoderándose de Arcil y Tánger, abandonando la zona para hacer valer sus derechos al trono de Castilla, como desposado de la Infanta Dña. Juana, llamada la Beltraneja,     heredera de Enrique IV y sobrina de la futura reina de Castilla y Aragón,  Isabel la Católica. Tras cuatro años de contienda, Alfonso V firma la paz, siendo la Beltraneja enviada a un convento. El tratado por otra parte, determinó reglas   y   límites en el área de la navegación entre España y Portugal en  el Océano Atlántico.
A la muerte de Alfonso V, hereda el poder Juan II, denominado El Perfecto, testigo de la cada vez más creciente migración de familias hebreas de España a Portugal. Entonces, como en la centuria anterior, la respuesta de los cristianos hacia el    citado fenómeno histórico, se vio permeada de tintes oscuros; muestra de ello el ataque a las aljamas, su saqueo. Corría el año de 1482.
Prosiguió sin embargo, el movimiento migratorio desde Castilla. Su principal detonante: el terrible edicto de expulsión de la grey judía, lanzado en Granada el 31 de marzo de 1492. Durante su reinado el monarca portugués se vio en la necesidad    de salir en defensa de los judíos, "duramente tratados por la grey cristiana". Los refugiados -más de 100,000- fueron autorizados a asentarse en su territorio a petición del rabino Aboab el joven (sólo por un corto plazo, ocho meses en total).    Vencido el plazo se les arrojó sin piedad, separando a los hijos de los padres, convirtiendo al cristianismo a los primeros; a los segundos, en esclavos.
Tras cinco años de conflicto, los judíos fueron expulsados de Portugal, a excepción de los judíos ricos y de los especialistas en asuntos de navegación. El monarca no podía, al parecer, prescindir de su servicio en aras de la concretización    de la campaña africana. Año de 1492. Juan II, monarca desde 1481, otorgó su confianza a expedicionarios judíos, en su empeño de llegar a las Indias. Los judíos aportaron ideas científicas y equipo técnico, destacando Dn. Moisés,    médico y astrónomo real, además del matemático José Vecinho. Ambos confeccionaron calendarios y tablas astronómicas, mismas que auxiliaron sobremanera en las empresas marítimas, apoyadas por la corona portuguesa.
Se cuenta que Rabí Abraham de Beja y V Yosef Zapateiro de Lamego, partieron rumbo a Asia por encargo del rey. Su misión: recabar información geográfica de la zona, lo que a la postre, culminó en el feliz primer descubrimiento marítimo    de la India.
En cuanto a los judíos expulsados de Portugal, dirigieron sus pasos al África del Norte, Italia y Turquía, entre ellos Abraham Zacuto, astrónomo e historiador de renombre. No todos, afirma Simón Dubnow en "Manual de Historia Judía",    llegaron a puerto seguro. Muchos perecieron a causa del hambre, de la miseria, de la enfermedad. Otros, cayeron en manos de piratas, siendo vendidos como esclavos.
A la muerte de Juan II (1495), su sucesor Manuel (1495-1521), concedió la libertad a los esclavos que Portugal no había logrado vender. Los judíos concibieron nuevas esperanzas. Además el rey hizo llamar al célebre Abraham Zacuto, nombrado    consejero científico de la expedición, que dio lugar a la exitosa empresa de Dn. Vasco de Gama, quien en 1497 llega al Cabo de Buena Esperanza.
Sin embargo las condiciones favorables a los judíos, cejaron en poco tiempo. Cuestiones políticas convirtieron súbitamente al rey Dn. Manuel de Portugal en declarado antijudío, al pretender desposar a la hija de los Reyes Católicos, quienes    aceptaron dicha alianza, que uniría la península bajo una sola condición: la expulsión de los judíos de suelo portugués. El 25 de diciembre de 1496 se promulgó el edicto de expulsión de los judíos portugueses, mismo que debía    cumplirse cabalmente a fines de octubre de 1497.
Dn. Manuel, emisor del edicto, albergaba la esperanza de que los judíos útiles a su reino se dejaran bautizar, mas al percatarse de lo contrario, decidió emplear la fuerza. Sordo a las consejas del obispo Coutinho, ordenó que niños y adolescentes    -de los 4 a los 20 años- fueran convertidos al cristianismo.
1497: Unos días antes de la Pascua, cuantiosas víctimas judías fueron arrastradas a las iglesias: "Muchos padres, juntamente con sus hijos, fueron voluntariamente a la muerte"; es decir, prefirieron la muerte que abandonar la fe de sus ancestros.    El día de la marcha, los judíos apretujados en los muelles de Lisboa, aguardaron en vano las embarcaciones que los llevarían lejos de Portugal.
Sorprendidos, fueron obligados a una conversión forzada. La mayoría intentó huir; otros optaron por el suicidio. Incluso se sucedió una revuelta... La cabeza de los sediciosos: Simón Maimi, quien por desgracia terminó su aventura en    las mazmorras. Finalmente, Dn. Manuel de Portugal cede, dejando partir a quien así lo deseara.
A partir de 1489 no quedó judío que declarara abiertamente su judeidad. En Lisboa, Coimbra y Evora, además de otras ciudades, se dejó sentir la mano de la Inquisición, quien castigó impunemente a los judaizantes. Quien diría que siglos    después, el rey José Manuel I, habría de limitar el poder inquisitorial cuando, en 1739 Antonio José da Silva, importante dramaturgo portugués -a quien tenía en gran estima- fue consumido por las llamas.
El exilio portugués del siglo XV tuvo varios derroteros: los Países Bajos, el Imperio Turco, América (específicamente Brasil) e Inglaterra. Muchos fueron los conversos de origen portugués que dejaron profunda huella en la historia de los    hombres, a pesar de la persecución, a pesar de las injusticias, a pesar del desamor de su madre patria, Portugal: Espinoza, filósofo; Montaigne, escritor y ensayista; Abraham Cohen Herrera, cabalista; Enrique Enriquez de la Paz, dramaturgo; Menashé    Ben Israel, rabino...
Los hijos ligados a suelo portugués son y han sido cuantiosos: quizá un poco menos que las arenas del mar y que las estrellas del firmamento.

Bibliografía:
Diccionario Enciclopédico Hispanoamericano, T. XII, Barcelona, Montaner y Simón
De los Ríos Amador J., Historia de los Judíos de España y Portugal T. I, II, III, Madrid, Ed. Turner, 1984.
Dubnow Simón, Manual de la Historia Judía, 7a. ed., Buenos Aires, Ed. S. Sigal, 1970.
Keller Werner, Historia del Pueblo Judío, la. ed. Barcelona, Ed. Omega, 1969.




Regreso al contenido | Regreso al menu principal