Las llaves de nuestra casa P VII *s - Copiar - Intelecto Hebreo

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31/03/2017
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Las llaves de nuestra casa P VII *s - Copiar

Condensados

Las Llaves de Nuestra Casa
Novela Histórica

La Época de Oro de los Judíos en España
(Séptima Parte)

Por: La Redacción y
Mauricio Meschoulam

Canción Sefaradí:
Fragmento "Los bilbilicos"
Canta: Yehoram Gaon.

Introducción


Como se ha visto en el transcurso de esta serie de artículos que hemos denominado "Las Llaves de Nuestra Casa", los judíos radicados  en lo que hoy es España, encontraron mayor tolerancia después y durante la ocupación de la península  por los árabes.
Podemos fijar las fechas que abarcan la denominada "Época de Oro del Judaísmo Español", entre los años 711 y poco antes de 1492, aunque su verdadero esplendor se dio al inicio del segundo milenio.
Las enseñanzas talmúdicas que legaron Isaac Alfesi y Rashi, siempre causaron admiración entre los judíos españoles que poseían un alto grado de cultura y dotes artísticas. Al gozar de cierta paz y seguridad en la época de los almoravide,   se confió a algunas personas de fe mosaica a que recaudaran impuestos y a algunos otros se les distinguió para que ocuparan puestos de honor en la corte.
La ciencia y la poesía destacaron, apareciendo distinguidos doctores, astrónomos y poetas, cuya fama y servicio se extendía al mundo no judío y entre muchos cortesanos y gobernantes. La poesía se caracterizó por cantos elocuentes y una   nobleza de carácter y generosidad que provocaban la simpatía de muchos correligionarios locales y del extranjero. La misma evocaba la vida en España pero su canto y amor se extendían a ciudades y regiones al este del Mediterráneo como  Jerusalem,  Babilonia y Egipto.
La influencia de Hasdai ibn Shaprut y Samuel ibn Nagdela, quienes habían provocado el auge y la permanencia de las actividades literarias y nuevos derroteros de influencia ante los gobernantes, continuó en forma ya no tan personalizada en donde   se conjugaban personalidades muy destacadas, mismas que daban un sello propio y que hasta la fecha se les recuerda no sólo dentro de la filosofía de la religión judía, sino en las diferentes ramas que abarcaron sus conocimientos y obras realizadas.
La situación política que prevaleció en la ocupación árabe no fue fácil para la población judía, pues existían cambios que en algunas ocasiones llegaron casi a la anarquía, por lo que los judíos tenían que unir fuerzas   con los partidos dominantes y acomodarse, de la mejor forma posible a los diferentes intereses en juego y las tendencias políticas. La unión que prevaleció entre la mayoría del pueblo judío de aquella época, apoyó su imagen de cooperación y erudición que aplacaron en parte los enojos tanto de cristianos como de  mahometanos;  para ello existían jueces dentro de la comunidad que imponían ejemplares castigos a los que por interés propio traicionaban la seguridad del grupo.












No obstante la profesión destacada de personajes como Yehuda Halevi y Maimónides,  la mayoría de los judíos famosos en esta época, cultivaban la filosofía y artes en general de una manera muy profunda y su influencia se hizo patente en   comunidades judías establecidas en las costas de todo el Mediterráneo. Muchos  de ellos emigraron al Este (a Tierra Santa o cerca de ella) desarrollando las ciencias y artes que adquirieron en España y nunca olvidaron la lengua y las costumbres   peninsulares.
En filosofía, una regla constante que prevaleció por varias centurias, fue la de tratar al judaísmo sin reclusión o ascetismo, enemigo de ensimismamientos y melancolías, por lo que recomendaban un vivir alegre al igual que moderación cuando se trata de impulsos provenientes del corazón y no del alma, en una palabra recomendaban el que se conservara un equilibrio armónico entre la vida individual y la de la colectividad. Mucho se escribió sobre lo piadoso que debía de   ser  un hombre judío, se prohibía además el desperdiciar la vida o bien el alcanzar rápidamente una dicha o goce de la vida, mediante la desdicha del prójimo.
Podemos afirmar que el pueblo judío y sus eminentes pensadores de la época a que nos referimos, reivindicaron el valor de las prácticas religiosas judías ante doctrinas como el caraísmo, cristianismo y el islamismo, cambiando además    el concepto de servidumbre del pueblo de Israel en el exilio ante naciones que se jactaban de ser muy poderosas, mostrando un florecimiento en vez de un deterioro e impotencia.
Es de lamentar, que no obstante la permanencia del judaísmo mucho antes del período mahometano en la península, la persecución y caída de los invasores, sumado a un extranjerismo recalcitrante para conseguir la unificación de los reinos    cristianos y posteriormente la consolidación de la nación hispana, arrastró consigo a la comunidad judía, pero sus valores e influencia en el territorio que ocupó y a los lugares a donde se estableció después de la expulsión,   continúan  latentes y han sido sujetos de múltiples estudios de todo tipo, pues constituye una gema muy valiosa en el contexto de la historia de España y del judaísmo en general.
A continuación presentamos un interesante cuento, producto de nuestro novel colaborador Mauricio Meschoulam, que logra representar en forma condensada la importancia del período de los judíos en España y sus destacados personajes.

COMENTARIOS    BIOGRÁFICOS

Shmuel Hanaguid (993-1056)
Shmuel Halevi nace en Córdoba. Recibe esmerada educación religiosa y laica. Conocedor a fondo  del hebreo y el árabe, escribe con brillante estilo en ambas lenguas. Con la caída de Córdoba, se establece en Málaga (en los dominios del rey granadino) desde donde consigue ascender al gobierno del rey Habus. Fue Visir del reino de Granada  durante 28 años. Habus lo nombra también "Naguid", o príncipe de los juíos de esa ciudad andaluza, cargo desde el cual, Shmuel confiere gran protección a las comunidades hebreas de España y Africa del Norte. A pesar de sus ocupaciones,  halló tiempo para disertar sobre cuestiones fdosófico-religiosas. Escribe la obra Mebo Hatalmud (Introducción al Talmud) además de poesías religiosas y otras obras filosóficas.


(1) Jasdai lien Chaprut (915-970)  
Hijo de un encumbrado hebreo de Córdoba recibió excelente educación. Docto en lenguas y medicina pasó a formar parte del gobierno de Abderramán III en el Califato de Córdoba, ocupando el cargo de Ministro de Relaciones Exteriores.  A su vez, era el Jefe de las Comunidades Hebreas de España. En su tiempo se funda en Córdoba una grandiosa escuela talmúdica a la cual afluyen numerosos sabios y estudiantes de España y Africa. Ben Chaprut también socorrió a los  filólogos hebreos como los gramáticos Menajem Ben Saruc y Dunas Ben Labrat.


(2)David Ben Yzhar o Fernando  Amaya.
Personaje inventado. Judío marrano que habitaba en Toledo en el siglo XV-XVI y que practica su  judaismo en la clandestinidad.


(3) Avicerbon.
Nombre con el que también es conocido Shlomó  Ibn Gavirol (1020-1058). Pertenece a la edad de oro de la literatura hebrea en España. Gavirol vivió en tiempos de Shmuel Hanaguid. Nace en Málaga. Quedando huérfano a temprana edad, se ve obligado a llevar una vida errabunda y pobre. Se radica finalmente en Granada donde Shmuel Hanaguid le brinda su protección. Escibió hermosas poesías en hebreo, cánticos religiosos que son aún hoy recitados como rezos en sinagogas. En sus poesías deja ver su profundo  dolor por el destierro judío. Su extenso poema Keter Maljut (Corona Real) contiene hondos pensamientos filosóficos relativos a la concepción religiosa y a los atributos de Dios entre otros. Sobre temas filosóficos similares escribe en  prosa "La Fuente de la Vida". Fue muy estudiado y muy popular incluso entre los pensadores cristianos de la Edad Media.


(4) Moisés Ben Ezra  (1070-1138).
Granadino que abandona su ciudad y se traslada a Castilla. Se dice que un amor no correspondido representa en él, el inicio de la poesía y filosofía. Sus versos son tristes y tratan básicamente de los desencantos de la vida,  aunque en ocasiones logra superar estos sentimientos. Es autor de la colección de poesías Tarsis. Más tarde escribe también poesía religiosa, obras sobre retórica y filosofía moral.


(5) Bahya Ben Pakuda.
Pensador de la misma época, juez de Zaragoza. Compuso en prosa un notable libro sobre moral intitulado  Jobot Halebabot (Deberes de los corazones) donde coloca las "obligaciones del corazón" por encima de las "obligaciones del cuerpo".


(6) Isaac Alfasi (1013-1113).
Nacido en Fez, lo que explica su nombre "Alfasi". Se radica en España en la época  de la conquista de los Almorávides. Renombrado talmudista, Lucena, su ciudad, se convierte en centro de estudiosos como antes lo había sido Córdoba, y a  él  acuden numerosos alumnos y discípulos.  Escribe una especie de compendio de Talmud para facilitar su aprendizaje denominado Halajot.


(7) RabíYehuda Haleví  (1086-1142)

Nace en la Castilla cristiana. En su juventud emigra al sur, a la España arábiga. Recibe educación  superior en las academias más importantes talmúdicas y filosóficas. Estudia también la medicina, oficio que ejerce para ganarse la vida al regresar a Castilla. Dedica gran parte de su tiempo a su profesión, sin embargo también a la poesía, filosofía  y meditación religiosa. Escribe obras grandes, trascendentes y menores. Su poesía pasará de cantar al amor y la belleza de la vida, a ser una poesía más seria que refleja el dolor y la melancolía de su pueblo, su nostalgia de Sión.  Cerca de su final, Yehuda Haleví emprende un largo viaje a Palestina, pasando por Egipto. Sin embargo, no hay la suficiente información histórica sobre lo que le sucede en Palestina. Escribió la Siónida, hermoso poema sionista. Obras  de profundo pensamiento, tales como "El Cuzari"; revelan que para Halevi, es más importante la revelación que la razón, pues la primera proviene de Dios, mientras que la segunda, humana como es, puede equivocarse.


(8) Abraham Ben Ezra (1089-1167)
Contemporáneo y amigo de Rabi Yehuda Haleví de quien recibe una gran influencia. Nació en  Toledo en 1089. Dominó muchas ciencias y artes. Realizó numerosos viajes. En Roma escribe Comentarios sobre el Antiguo Testamento, donde quiso precisar el pensar real de la Biblia de la manera más objetiva posible, lo que le ocasiona  la condena de muchos. Escribe además, enorme cantidad de obras sobre gramática, astronomía, matemáticas, poesías religiosas y profanas.


(9) "El Médico de Córdoba", nombre con el que también es conocido Rabi Moshe Ben Maimón (Rambam) o Maimónides.
Nace en 1135 en Córdoba. Siendo su padre "Dayan" o juez, estudia desde joven el Talmud, la filosofía y las ciencias naturales. Al cumplir  los 13 años, España es conquistada por los almohades (ver 10), por lo que su familia escoje dejar España. Durante sus viajes, Maimónides sigue estudiando con sabios árabes aprendiendo entre otros el arte de la medicina. Tras varias emigraciones  llega a Palestina (1165), después de lo cual se traslada y radica permanentemente en Egipto donde ejerce la medicina. Al crecer su fama, Saladino lo nombra médico de la corte. Adicionalmente se le nombra "Naguid", líder espiritual de su comunidad  judía y de otras. Muere en El Cairo en ¡204. Escribió numerosas obras tales como Mishnat Tora o Yad Hazaká, un intento por lograr la compilación completa de la traón oral del judaismo. Busca en su filosofía combinar la doctrina  Aristotélica con el pensamiento judío fusionando la verdad revelada con la racional. Su obra filosófica principal es More Nevujum (Guía de los perplejos). Adicionalmente dejó muchos libros sobre moral, lógica y medicina.


(10) Almohades.
Grupo islámico extremista que surge en Marruecos. Predicaba la guerra santa contra todos los infieles. Al conquistar España en 1148, expulsan a los Almoravides. Practican la intolerancia religiosa, con lo que muchas escuelas Talmúdicas son cerradas, y muchos judíos huyen a Egipto y a otras partes de la corte de Saladino.






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La Llave
Por: Mauricio Meschoulam

No me es fácil olvidar aquellos días en que acudía a la Escuela Nacional de Historia, buscando hallar en ella las respuestas,  las verdades y los enigmas. Tampoco olvido los rostros confundidos de mis queridos profesores cuando solía yo, Alejandro   Calderón, plantearles encrucijadas y laberintos, en donde mezclaba los ayeres con presentes y mañanas.
Siempre he tenido un amor particular por descifrar documentos antiguos, -la paleografía-, introducirme plenamente en ellos, transportar mis pensamientos a la tinta que leía, a la pluma que la hubiera escrito, a la cabeza de quien fuere que la hubiese    pensado, entenderle, fusionarme con lo ya acontecido, exprimirle las preguntas y derrocharle sus respuestas.
De toda aquella época sobresale un pedazo de tiempo que quizás no debiera relatar, no porque carezca de importancia o adolezca de interés, sino porque es muy difícil de creerse. Será difícil para una mente normal, captar la veracidad    de lo que en 1992 me aconteció, hará falta la perspectiva e imaginación de un niño inocente, para que diera fe de mi aventura.
Heme aquí, relatando lo ocurrido después de 35 años, en momentos en que la ciencia y técnica han devorado a la sociedad; quizás como una semilla con que quiero revivir al árbol de los sueños, destrozado ya por tantas ocasiones.
Era el año de 1992, año de grandes celebraciones, el "encuentro" de dos mundos debatía en las mesas y aulas a la "obsoleta" visión con que algunos entendían la llegada de los españoles a América, 500 años atrás. Mientras tanto    yo, judío que ama a su pueblo y nuestra historia, estaba más que nada interesado por un aspecto que en 1992 cumplía también sus 500 años: la expulsión de mi gente de su española patria en 1492.
En ese año viajé a España con miras a realizar un verdadero trabajo de investigación histórica sobre el tema de los judíos que vivieron en España. Mi propósito era la elaboración de un documento inédito que se valiera de    una nueva perspectiva, quizás una visión más contemporánea, una nueva forma de comprender el desarrollo de los acontecimientos. No sabía exactamente como lo haría, empero, la sola ilusión del viaje me volvía loco de entusiasmo.
Llegué a Madrid algún día de noviembre de 1992. Tan pronto como estuve instalado emprendí la tarea de leer todo cuanto pudiera con respecto a la presencia judía en la España musulmana y cristiana. Devorando libros y publicaciones diversas    contemplé admirado, la labor que algunos judíos desempeñaron como portadores de cargos públicos, no únicamente para con los gobiernos a quienes servían sino también hacia sus correligionarios. Ministros de la talla de Jasdai Ben   Chaprut  o el mismo Shmuel Hanaguid (1) me hacían comprender la relación tan directa que la gente hebrea consiguió entablar con los políticos de la época y me hacía pensar en la excelente posición que la comunidad gozaba, la protección    que recibía y sobre todo en lo adecuado que resultó la creación de ambientes dignos y propicios para el más espléndido desarrollo científico y cultural que España conociera hasta ese momento.
No obstante que me introduje en lo más hondo de la época dorada de la judería española, visitando bibliotecas, museos y múltiples archivos, mi gran desilusión consistía en que no había alcanzado el verdadero propósito de mi    viaje: parecía que todo había ya sido escrito. Me costaba trabajo hallar un verdadero nexo entre el siglo XII y el siglo XX. No podía pensar en como elaborar una nueva perspectiva histórica.
Sin darme por vencido me dediqué a visitar los pequeños poblados de Castilla y Andalucía, hablar con su gente, buscar lo que fuera dentro de sus casas que pudiera acaso representar una pista.
Mi tenacidad y mi suerte me llevaron a la pequeña tienda del Sr. Ramos, en la ciudad de Toledo, un sencillo comercio de artesanías locales, sin nada que ofrecer que no fueran sus simples mercancías... pensaba yo.
No supe por qué, no lo sé aún ahora, pero de entre tantas tiendas me metí ahí, con él, a dialogar, a buscar en su persona lo que no pude encontrar en los museos ni en los libros...
-¿Cuál es tu nombre? - me preguntó verdaderamente intrigado.
-Alejandro Calderón, de México.
-Judío, por supuesto.
-Bueno, sí, pero... no es un clásico apellido judío, suena más bien español, ¿no?
-Judío. Completamente.
"Soy ferviente admirador de tu pueblo", me decía, "¿Tú sabes que en Toledo cualquiera de nosotros necesariamente tiene sangre judía?
-Bueno -respondía yo- no necesariamente.
-Ah, pero por supuesto que sí. Todos de alguna manera descendemos de judíos, ¿Tú sabes cómo tuvieron que vivir muchos de ellos en este lugar? Mira déjame enseñarte.
Sin importarme la imprecisión de sus afirmaciones decidí observarle atentamente.
En ese momento movió una pesada maceta que tenía colocada contra la pared posterior de su tienda. Un orificio se abrió ante mis ojos. Un orificio del tamaño justo de una persona que demostraba que ciertas secciones del inmueble estaban completamente    huecas y que llevaba hacia una especie de sótano. Este subsuelo era hoy día utilizado por el buen señor Ramos como bodega.
-Si que somos descendientes, mi buen amigo, ¿pero tú que te has creído? ¿qué nuestros ancestros usaban estos sótanos así nada más, para guardar mercancías? No señor, mira allá abajo. Es más ven conmigo que ahora mismo    te llevo a mi casa.
No puedo distinguir con precisión si era ya entonces cuando comenzaba yo a perder la razón, o si acaso eso sucedió unos minutos, segundos u horas más tarde. Es que era precisamente aquello, el sentido correcto del tiempo, lo que ya no alcanzaba    a vislumbrar con claridad.
-Si, mi muchacho, el tiempo es sólo un decir. Espera lo que vas a ver ahora mismo -me iba comentando mientras me llevaba cogido del brazo por las calles de la judería de Toledo.
Yo ya no lo escuchaba demasiado. Algo en mi comenzaba a suceder muy paulatinamente. Y al no comprender que es lo que eso era, comenzaba a inquietarme, ponerme muy nervioso de todo lo que acontecía a mi alrededor.
Empecé a percibir ruidos por la calle. Ruidos que provenían por debajo de mis pasos que yo cada vez escuchaba pisaban un suelo más y más hueco.
-¿Qué es eso que se oye? -le pregunté al señor Ramos.
-Pues nada, ¿qué va a ser? anda, entra por aquí.
Nos metimos en su casa. Una pequeña vivienda típica toledana, con su floreado patio al centro.
-¿En qué íbamos? -me decía, a la vez que me llevaba por unas escaleras hacia la parte más baja del lugar y abría unas portezuelas que daban a un lugar escondido muy similar al de su tienda pero de mucho mayor tamaño. -Ah, si. El tiempo,    te decía yo. Mira allá adentro. Los judíos solían celebrar sus "ritos" escondidos, que donde les encontraran les mataban.
¿Y ves esa pared? Pues esa la han puesto apenas recientemente, porque todos estos pasadizos conectan la judería entera entre sí, y con la sinagoga de Tránsito. También hay cuevas y pasajes que llegan hasta allá, al río Tajo, para    el caso de que llegasen a ser sorprendidos, sólo utilizaban las claves que tenían con las campanas para huir.
"Mira esta llave. Un día algún judío de Turquía la trajo diciendo que sus abuelos se la habían heredado. El inocente se ha cargado la llave todo el viaje y se ha creído que abriría la casa de allá enfrente, puesto que ha dicho    que era la casa de su familia cuando aún vivían en Toledo. ¿Te lo puedes creer? Anda quédatela.
Hablaba sin demasiada coherencia, entremezclando historias, anécdotas, leyendas aldeanas, con una profunda filosofía. Como si deseara expresarme alguna idea especial, que yo no podía comprender con precisión.
-El tiempo, te repito, no es cosa seria. Así me lo enseñaron mis padres. Es sólo una 'cuarta dimensión' que no se ve ni se toca, pero se siente, se percibe en lo más profundo de la abstracción.
"Por ejemplo, allá en el fondo de estos mismos pasillos, en las calles de Toledo, en esta misma antigua casa, en este preciso lugar, están ahora mismo sucediendo muchas, muchas cosas, de las que sólo te separa eso que llaman 'Tiempo', y que de    no ser por él, tú mismo podrías estar experimentando sin problema alguno".
Yo, palidecí sin saberlo explicar. Como si aquello que él decía era lo que yo no quería escuchar, o que quizás estaba verdaderamente deseando oír desde hace tantos días... meses... años... siglos...
-Espera, niño, ¿pero qué te pasa? -casi gritó Ramos- Aguarda aquí sentado que te traigo un vaso de agua.
Y se fue. Era ya la noche. El cielo, oscuro y estrellado trastornaba mi pensar. La cabeza me giraba y supongo que fue entonces cuando perdí el conocimiento.
Ya no supe a donde fue el señor Ramos, pero no le vi en los más próximos instantes, ni en los siguientes. Creo que al desmayar dejé caer la llave que me había dado y su sonido me despertó. Sólo tuve que quedarme sentado como él    dijo, para percibir una extraña voz que gritaba en silencio: "¡Cuidado! ¡Meteros a la cueva!"
Varios caballos galopando en la calle me hicieron percatarme de que algo muy extraño sucedía. Asomé mi cabeza por la portezuela y salió una dama anciana que miraba lo profundo de mis ojos. Hacia el fondo de la calle alcancé a divisar los    tres jinetes que había escuchado, vestidos a la usanza del siglo XV, alejándose hacia el centro de la judería. Iba yo a decirle algo a la dama cuando me tapó la boca con su mano y me indicó a señas que debería permanecer en silencio,    y que me debía introducir en las cuevas de la casa del señor Ramos inmediatamente.


-Pero, ¿dónde está el señor Ramos? -pregunté aún sin comprender  lo que estaba sucediendo.
-Calla, calla, Shhhhhh,- y me llevó del brazo casi por la fuerza hacia el interior de la cueva, que ahora en lugar de bodega estaba convertida en una especie de antesala y donde esperaba una persona con kippa y sidur en brazos.
-Ven conmigo, te había estado esperando- me dijo.
Yo voltee para ver si se refería a la anciana, pero ella también había desaparecido. Evidentemente algo muy por encima de mi comprensión estaba sucediéndome y me dispuse a averiguarlo.
-Señor -dije- esto debe ser un error. Debe usted estarme confundiendo con alguien.
-No, no. Tú. A ti te esperaba -y sonrió. Parecía un señor de unos cincuenta años, vestido con ropaje muy antiguo. Como si realmente me hubiera transportado en el tiempo a otro lugar... o más bien, al mismo lugar, pero en otro momento     de la Historia.
-Discúlpeme usted, pero yo estaba con el señor Ramos, cuando...
-Si, si. Lo sé. Mi nombre es David Ben Yzhar, o Fernando Amaya (2) para los cristianos.
Por favor explíqueme donde me encuentro.
-Mira -comenzó a murmurar casi sin notar si yo le prestaba atención o no. Podríamos decir que esto es Toledo pero no lo es en realidad. En verdad la localización en el espacio en que te encuentras es difícil de precisar. Vamos, aquí     es Toledo, o Córdoba, o Granada. Donde tú gustes. Es algún momento de lo que para ti ya ha sucedido muchos años antes, pero que de alguna manera se mantiene sucediendo constantemente en este lugar del Tiempo, y lo seguirá por toda la   eternidad.   Tú has venido a nuestras tierras con un fin, y hemos decidido que debes cumplirlo.
-¿Hemos? ¿Quiénes son ustedes?
-Nosotros somos varias personas de las que tú conoces porque has leído en libros o documentos. Y hemos venido siguiéndote...
-Ya lo creo, Alejandro -dijo una persona de edad que estaba a mi lado. Repentinamente me percaté de que todo este tiempo había él estado ahí, y que quizás habrían más personas escuchándonos.
-¿Usted? ¿Cómo sabe cómo me llamo? ¡¿Quién es?! -Alguna vez escuchaste el nombre Avicerbon? (3)
No podía ser verdad. Definitivamente esto debía estar siendo un sueño, al que mi inconsciente pasión me arrastraba sin piedad.
-No muchacho. No dudes de la veracidad de lo que estás viviendo. Nunca lo dudes. El día de hoy -y realmente subrayó la palabra "hoy"- mis poesías son leídas en los templos. Tú me estudias y me aprendes. Mi filosofía es discutida en     las universidades. Estoy vivo. Tú sólo lo estás corroborando, pero no creas que eres especial por ello.
-Cálmate, Shlomo -dijo David- no lo atormentemos más. Anda Alex, siéntate. Parecían saber todo sobre mi, incluso todo cuanto pasaba por mi mente, toda vez que no eran voces lo que emitíamos, sino tan sólo pensamientos que eran perfectamente     captados por el interlocutor.
-Mira Alex, -dijo otro anciano que estaba sentado al lado-. Tú querías encontrar testimonios de nosotros. Buscaste por documentos, papeles. Simplemente te hemos traído aquí, pues pensamos que una breve charla quizás te haría recapacitar     un poco.
-Moisés Ben Ezra, de Granada (4) -clamó David-. A tu derecha, Rabeinu Bahya Ben Pakuda (5), y Rabeinu Isaac Alfasi (6).
Yo no alcanzaba a entender cómo era posible que todos estos increíbles personajes se me presentaran juntos en un mismo lugar y a un mismo tiempo. No podía aún realizar si lo que estaba viviendo, o percibiendo era una fantasía, ilusoria.     Quizás había tomado algo que me había caído mal, o algo así.
-Creo, Alex, que es hora de que lo vayas empezando a creer. No estás en un lugar, o en un tiempo específico. Es lo que hemos querido demostrarte -dijo Ben Pakuda-. Queremos que comprendas que este es el siempre o el nunca, como gustes. Somos parte     de ti, y nos llevas contigo a donde quiera que vayas.
Se pusieron de pie todos juntos y salimos hacia fuera de la cueva en donde nos habíamos encontrado todos aquellos momentos hablando. De pronto la casa del señor Ramos, se había convertido en una muy diferente mansión castellana, de la cual     nos retiramos. Caminamos por el lugar, ¿lugar?, o por aquello, lo que fuese. Y me llevaron a una pequeña vivienda también oscura, llena de frascos, botellas, hierbas, quizás medicinas, donde nos recibieron algunos otros personajes.
-Ahora seguramente me van a decir que él es Rabí Yehuda Halevi (7), ¿No es así? -pregunté con un deje de ironía. En efecto- me respondió él mismo. - No estás aquí por casualidad. No has venido a nosotros por una azarosa coincidencia.     Muchos de los que tú ves aquí vivimos juntos y compartimos nuestros pensamientos y nuestro arte, como yo con mi buen amigo Abraham (8), sentado frente a ti. Otros ni siquiera tuvimos la oportunidad de conocernos, como el magnífico médico    de  Córdoba (9) a tu izquierda, quien tuvo que dejar España a la llegada de los Almohades (10).
"Sin embargo, todos nos sabíamos inmersos el uno dentro del otro. Todos nos entendíamos portadores de la cultura de nuestros ancestros. Todos teníamos presentes quienes éramos, y no cejábamos en el empeño de la búsqueda del fin de     nuestro destierro.
En tu época, muchos de vosotros aún lo tenéis bien presente, y si comprendéis la responsabilidad que el vivir en la diáspora conlleva. Pero tantos, tantos otros lo han olvidado ya. Tantos que nos han olvidado a nosotros.
¡Oh, bello país, alegría del universo, ciudad del rey sumo! Por ti suspira el ánima mía desde el Occidente lejano..." -había comenzado a recitar completamente poseído por sus palabras.
-"Mis vísceras palpitan y se inflaman de dolor cuando recuerdo tu grandeza de antaño y tu mansión ahora desierta. ¡Oh, quién me llevara en alas de águila para que pudiese inundar tu polvo con mis lágrimas, abrazar y besar tus piedras!     El sabor de tu polvo me sería más grato que la miel...
Mi corazón está en el Oriente y yo me encuentro en el extremo del Occidente. ¿Cómo puedo yo gustar de la comida cuando Sión se halla en las cadenas de Edom y yo en las cadenas de Arabia? No atraerían mi mirada los bienes de la tierra     de España con tal de ver solamente el polvo del templo destruido".
-En efecto, Alex. Los judíos españoles hemos sido testigos del esplendor y la tragedia. -Me dijo David Ben Yzhar, o Fernando Amaya-. Ellos, los que miras, son la evidencia del crisol de la cultura hebrea. Nosotros, los marranos, lo somos de la valentía     y del horror clandestino. Mas nunca, jamás en nuestras vidas, dejamos de lado la nostalgia de Sión.
-En mis tiempos -dijo Maimónides- nosotros nos vimos obligados a marchar a Jerusalem. Pero no teníamos las puertas abiertas, como en tu época.
Yo no hablaba, no pronunciaba palabra alguna, estaba en completo estado de estupor ante lo que estaba presenciando. Los grandes de los grandes reunidos juntos hablándome a mí.
-Todo nuestro trabajo, nuestras poesías, nuestros cuentos, estudios, disertaciones no existen en el ayer. Existen por ti y para ti, contigo en tus momentos. No son nada si no son estudiadas. No son polvos ni cenizas siquiera si no comprendes eso. -Decía     Yehuda Halevi- Para ti, y por ti escribimos sobre la religión y de la vida.
-No para que cada quinientos años nos recordéis -me dijo bromeando Ben Gavirol-. Sino para cada día, cada instante de tu vida. Somos diferentes a vosotros, pero somos los mismos. Somos tú, y tú eres nosotros. Y si has alcanzado a comprenderlo,     entonces habrá valido la pena tu visita.
-No nos busques en los papeles, Alex. Búscanos en tu alma... -ya no se bien quien estaba hablando, no importaba en verdad, eran tantos, tantos que había estudiado y tantos otros que nunca estudié ni yo, ni nadie más.
-Somos tú, y tú eres nosotros... somos uno...
-En un rato, tú habrás creído que todo esto fue tan sólo un sueño y retornarás a tu momento. No importa si nos piensas reales o ficticios. Sólo llévate a tu casa la imagen de decenas de sabios y poetas conocidos, y otros cientos     de desconocidos que te piden que no olvides, que recuerdes por siempre que nos llevas dentro...
-Gracias... gracias -me da la impresión que alcanzaba a decir al tiempo que confusas sombras se entremezclaron con difusas voces que sonaban sin estar sonando, que me hablaban sin estarme hablando.
Sólo entonces el recuerdo de la oscura noche, las estrellas, el alba, la luz del día... el Tajo, insaciable su sed y firme su paso, corriendo las aguas toledanas, despertando la mañana, transportándome al retorno del presente que sin haber     transcurrido, persistía. Yo, tranquilamente sentado en el patio floreado de mi amigo Ramos, y él llenándome de intrigas.
-Qué hermoso que es Toledo, ¿no es así? -preguntaba el señor Ramos indiferente a mi respuesta.
-Si... Si lo es... -contestaba yo abrumado por la noche que me abandonaba por completo.
-Conservarás la llave, ¿eh muchacho? Es tuya... -me dijo de pronto con un aire de saber exactamente lo que me había acontecido la noche anterior.
Yo sólo sonreí y le abracé con fuerza, para nunca más volverle a ver.

Terminé mis visitas y regresé a México para escribir mi tan anhelado ensayo. Luego retorné a mis estudios y a mi vida sin saber si en verdad estos sucesos fueron parte de mi imaginación, o eran acaso producto de alguna realidad muy por     fuera de la lógica. Eso, sin embargo, no era esencialmente importante ya.
Lo fundamental lo llevó aquí, tan cerca de mi como muy pocas cosas, como esta llave que aún mantengo como recuerdo. Como si acaso hubiese estado destinada a servirme en verdad para abrir alguna extraña puerta perdida entre la mística y     la lógica, la luz y la obscuridad, los sueños y la imaginación, lo ficticio... y lo real...


BIBLIOGRAFIA
NUDELSTEJER Sergio, Los Sefaraditas en la Historia de España, Comunidad Sefaradí, A.C., 1987, México, D.F.
DUVNOW Simón, Manual de la Historia Judía, Ed. S. Sigal, 1970,
Buenos Aires, Argentina.
BEN SASSON H.H., Historia del pueblo judío. Alianza Ed., 1988,
Madrid, España.




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