Las llaves de nuestra casa P VI - Copiar - Intelecto Hebreo

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01/08/2017
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Las llaves de nuestra casa P VI - Copiar

Condensados

Las Llaves de Nuestra Casa
Novela Histórica
Los Judíos bajo el Islam
(Sexta parte)


Por: Enrique Rivera
y la Redacción.

Del año 711 al 1492 e.c, los judíos encontraron más tolerancia en los territorios ocupados por la fe de Mahoma. En este  largo período, los judíos de las ciudades de Toledo y Córdoba, marcaron una de las páginas más importantes y grandiosas de su historia, que muchos denominan "La Época de Oro del Judaísmo". Bajo el dominio musulmán, ya no se registraron  las constantes masacres que azotaban a sus correligionarios, a manos de una población enardecida por el clero cristiano y su legislación.

HISTORIA ORAL DE UN VIEJO JUDÍO

Arie ben Abraham, un judío al cual le quedaban pocos años de vida y que radicaba en el barrio judío de la ciudad de Córdoba, convocó a sus hijos, nietos y bisnietos, con el fin de relatarles una historia, la cual él a su vez supo de   su padre. Con verdadera expectación y reverencia los miembros de la familia de Arie, acudieron a su casa a temprana hora en un día de Shabat.
El anciano les manifestó que a pesar de todo lo que les iba a relatar había decidido emprender el último viaje de su vida hacia un remoto lugar, donde la Torá en cada Pésaj, invita a ir a Jerusalén, máxime las deplorables condiciones   físicas en que se encontraba, pues Arie estaba muy débil y casi ciego.
Empezó su relato aclarando que la historia que relataría se había repetido por generaciones en forma verbal, comprendiendo la vida de los antepasados familiares, que si bien no llegaron desde los tiempos de los romanos a España, si tenían   una antigüedad muy respetable. Continuó relatando el desembarco de Tarik en un 27 de abril del año 711 en el puerto de Calpe, que después se llamaría Gibraltar. Tarik que con sus siete mil huestes musulmanas derrotó al Rey Rodrigo en   el río Guadalete, no culminó la conquista del aquel entonces reino visigodo.

ANTECEDENTES

Los musulmanes, literalmente los "sumisos" a la palabra de su Dios, fueron condescendientes con los judíos y por extensión con  los cristianos, debido al hecho de pertenecer al pueblo del libro; libro en el cual su profeta Mahoma, bebió parte  de sus enseñanzas, amén de las que recibió de rabinos que habitaban en la antigua Yatrib, que posteriormente se llamó Medina  "la Ciudad del Profeta".

Mahoma nació en la Meca, en el año 570 de la era común. Él fue criado por su tío Abu Talib, junto con su primo Ali. Se casó con la rica viuda de un comerciante de nombre Jadiya, que le dio siete hijos, de los cuales sólo su hija Fátima   sobrevivió y le dio descendencia.

Cuando Muhamad Ibn Abdallah recibió la primera palabra de Alá, fue a los 40 años y hacia el año 613 comenzó a predicar. Mahoma consiguió adeptos en las clases bajas de su ciudad, pero no así en las esferas sociales más altas de   la Meca. Ellos temían que él alterara el estado imperante en las instituciones religiosas y comerciales, donde residía el poder de la tribu qurays.

Por esta razón decidieron expulsarlo y entonces, aceptó la invitación que las tribus judías y cristianas le formularon para que fuera a la ciudad de Yatrib. A esta peregrinación hasta Yatrib se le llama la Hégira. Para los musulmanes   la Hégira constituye el punto de partida de la nueva era.

El profeta suponía que ganaría a los judíos para su causa y al recibir la negativa de parte de ellos, actuó con dureza pero al mismo tiempo con diplomacia. Los puso ante la disyuntiva, la muerte o el exilio. De esta manera logró que Medina   fuese una comunidad con una población exclusivamente musulmana la que declaró Nueva Ciudad Santa, en lugar de Jerusalén. Sin embargo, si hubo otros pueblos que abrazaron el nuevo credo que el profeta les ofrecía; y primero, para defenderse   y luego para conquistar, se formó un ejército el cual fue obteniendo importantes victorias logrando que la Meca se rindiera al profeta de Alá.

Poco tiempo después el último profeta partía de este mundo dejando la simiente de un imperio que haría sentir su peso en Asia, Europa y África.


En el 713 desde Toledo, el emir Ibn Musayn, proclamó oficialmente la anexión  de España al Islam, quedando bajo la soberanía del Califa de Damasco, perteneciente a la dinastía omeya. El nombre dado a esta provincia fue Al-Andalus. De esta   manera nuestra familia pasó a formar parte de la administración musulmana.
Nos dicen nuestros antepasados, que las fuerzas visigodas tuvieron que replegarse al norte, donde formaron reinos cristianos. El imperio musulmán estaba en plena expansión, como también las ambiciones por el poder, además de algunas pugnas    religiosas entre los mismos califas.
Dichas pugnas terminaron de derrocar a la dinastía omeya destacando Abd al-Rahman como un gobernante enérgico y con talento militar. Rahman, también era un hombre justo y sobre todo gustaba de la cultura y las artes.
Este personaje había huido de Damasco, de donde escapó de una muerte segura, llegando hasta Marruecos en donde una tribu, a la que su madre pertenecía le brindó gran ayuda. De ahí se trasladó a España, donde gracias a su carisma y    dotes de político ganó la confianza de los gobernantes.
Dada su trayectoria, logró entrar al castillo de Córdoba, en donde finalmente gobernó como emir de Al-Andalus, contando únicamente con 25 años de edad. La mayoría de nuestro pueblo y muchos cristianos se adaptaron al nuevo emir y de    ser agricultores o pequeños artesanos, fueron ganando posiciones en la administración, finanzas e incluso en la política. Había correligionarios que destacaron en la medicina o el comercio, a otros se les abrieron las puertas en empleos  como   consejeros o cobradores de tributos.
Les comento, que en esa precisa época un miembro de nuestra familia formó parte de la corte del emir como consejero. Él influyó en los tributos hacia los judíos y cristianos, insistiendo en que con gusto pagarían las cantidades que se    pidieran, a cambio de que se les diera seguridad, reconocimiento religioso y libertad cultural. Nuestro pariente recordó al emir que el mismo profeta Mahoma había reconocido en los judíos y cristianos al pueblo del libro, por lo que Rahman,   aceptó  sin muchos problemas.
Este pariente de nombre Isaac ben Tubia, lamentablemente no pudo lograr, que la orden dada en el Corán de "los hijos de un matrimonio mixto entre moros y judíos, deben profesar el mahometanismo" fuese ignorada. No obstante, la situación de los    judíos en Sefarad, fue mucho mejor que en todo el resto de Europa.
Los judíos de aquella época empezaron a tener algunos cambios como la vestimenta, que empezó a ser del tipo árabe, además de aprender su lengua y otras costumbres del oriente islámico. Al mismo tiempo veían transformarse las ciudades    que contaban con hermosos jardines y construcciones que iban surgiendo a lo largo y lo ancho. Fue curioso el hecho de que los musulmanes no se dedicaron a destruir los vestigios de los demás conquistadores, como fueron los romanos y los visigodos,    por el contrario hacían hermosas combinaciones entre los diferentes estilos.
No obstante el progreso que Abd al-Rahman consiguió pan todas las regiones gobernadas por él, surgieron pleitos entre tribus árabes e intrigas en palacio. Hubo enfrentamientos e intentos de sublevación, sumándose a ellos los bereberes que    no estaban dispuestos a seguir siendo tratados como musulmanes de segunda. Ante tal situación el emir dispuso un ejército personal pues tenía miedo y no pensaba correr riesgos innecesarios. Gracias a sus precauciones y a fieles servidores,  pudo   gobernar por espacio de 30 años.
La sucesión del emir fue tranquila a su muerte, subiendo Abe al Rahman I en 786, continuando con el progreso y embellecimiento de las artes y cultivando casi todas las ciencias que se conocían en aquella época.
Mi padre me contó mil y una historias de esos períodos grandiosos y por ello, y debido a mi avanzada edad, algunas fechas ya se me han olvidado y otras las confundo, por lo que lo dicho o hecho por hombres ha dejado de tener importancia para mí,    no así lo que las mismas piedras me dicen, sobre todo en esta magnífica ciudad de Córdoba.
Ustedes se extrañarán y tal vez pregunten, por qué este viejo medio ciego y medio sordo, quiere hablar de piedras y no de personas. Yo les diría que si ustedes pudieran leer en las piedras como yo lo hago, quedarían sorprendidos no sólo    de los relatos que ellas encierran, sino lo más importante, la verdad, una verdad sólida que sólo ellas tienen. Por ello pido a Dios, se me permita llegar a Jerusalén, pues quiero tener un diálogo -tal vez el último que tenga en mi   vida-  con las piedras de nuestro querido Kotel. Deseo me cuenten los sufrimientos de nuestro pueblo, quiero que me hablen del presente y tal vez, me revelen algunos secretos sobre nuestro futuro.

Pero volviendo a nuestra querida Córdoba, les puedo decir que en sus callejuelas  y plazas importantes, siempre hemos transitado libremente y con la cabeza en alto. Nuestros antepasados gozaron su libertad bajo la sombra de algún árbol o un pórtico,    algunos solían jugar ajedrez con los demás habitantes, ya fueran  éstos mozárabes, musulmanes o cristianos; no había trabas ni sectarismos, ni siquiera problemas lingüísticos, pues tanto el romance como el árabe eran comunes a   los  cordobeses.
Nuestros antepasados dominaron las tres lenguas y destacaron en demasía en el campo del saber, al igual que personas de otros credos. Pero no crean ustedes que todo fue leche y miel, hubo momentos en que los emiratos se tambalearon como el de Abd Allah     (888-912), quien hizo todo lo que no debía hacer, de tal suerte que su sucesor recibió las arcas vacías y un reino pleno de caos. No obstante al-Rahman III (912-961), que rebozaba paciencia y poseía carácter y talento, no obstante sus    20  años de edad, transformó totalmente la situación y continuó el progreso. El provenía de madre y abuela paterna de religión cristiana, pero él, de acuerdo al Corán profesó el islamismo, sin llegar a ser un fanático.
Este emir, viendo las rupturas que podían presentarse entre su gobierno y los diferentes califatos, amén de evitar conflictos y dificultades dentro de la umma (comunidad), se vio obligado a tomar el título de Califa (jefe de los creyentes), añadiendo     el título de Defensor de la Verdad. Entre sus objetivos estaba el de oponerse a la expansión de los shiitas fatimies, a quienes prácticamente tenía a las puertas de Al-Andalus.
Ese mismo soberano tuvo el tino de nombrar a un distinguido judío de nombre Hasdai ibn Shaprut, como ministro del exterior hombre de amplia cultura y que dominaba varios idiomas y lenguas. Una de sus misiones fue viajar a Constantinopla, a fin de entrevistarse     con el emperador, pero sus fines más que políticos eran artísticos, pues se planeaba la ampliación de la mezquita de la ciudad de Córdoba.
De esto último es de lo que quiero hablarles, pues en ella se dio rienda suelta a la imaginación, usándose técnicas y materiales novedosos para la época como fueron los azulejos, que han dado fama a España. El Califa ya no pudo ver terminada     la vasta obra, siendo si sucesor Al-Hakam II, quien se hizo cargo de ella. La misión de ben Shaprut tuvo tanto éxito, que el emperador de Constantinopla envió un maestro azulejero para iniciar en ese arte a los artesanos, que como repito nos     dieron tanta fama.
La mezquita en su primera fase tenía columnas romanas, traídas principalmente de Túnez y había elementos procedentes de edificios romanos, bizantinos y visigodos. La elegante sobriedad de los arcos del siglo VIII y IX, contrastaba con la fastuosa     decoración de los construidos bajo el mandato de Al-Hakam II. Eso representaba una prueba de riqueza del califato, que se encontraba en pleno apogeo. Otra técnica que fue maravillosa, es el entrecruzamiento de arcos de piedra que aparentar nervaduras.
Un bosque de 850 columnas corrían a lo largo de 19 naves con arcos de medio punto, de herradura y obulados. Esos entrelazados, representan para mí las diferentes culturas que han convivido y progresado en nuestra ciudad, pero me ha quedado el recuerdo     y la sensación de una lluvia de paz al ver a hombres trabajar hombro con hombro. Seguramente me imagino que dichos obreros decían "mira hermano todos vivimos en la misma calle, todos tenemos un solo soberano y allá arriba, tal vez nuestros   Dioses,   tal vez sea uno, nos mira a ti y a mí como iguales. Nos duele igual el dolor, nos hace felices por igual la dicha y nuestra sangre de igual manera es roja".
Sin embargo ya para terminar, les puedo decir que mucha gente recuerda mejor a Al-Hakan II, por su grandiosa biblioteca que llegó a albergar miles de volúmenes, en estantes bien acondicionados. Ha sido tal la grandeza de nuestra Córdoba, que     ustedes mismos, hijos míos, recuerdan la copla de los trovadores que dice:
Córdoba, ¿en qué ciudad hay tanta belleza y esplendor como la que aquí se explaya?
Córdoba, ¿dónde hay una biblioteca más grande que la tuya?
Córdoba, ¿dónde se puede vivir más en paz que aquí?
Ahora que parto a mi viaje soñado, puedo decirles queridos hijos, que a diferencia de muchas generaciones de judíos que llevaban consigo las llaves de sus hogares que tuvieron que abandonar, yo dejaré a ustedes, a    mi familia que ha  prosperado en esta ciudad, Las Llaves de mi Casa.

Continuará...



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