La Mujer en México I y II - Intelecto Hebreo

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28/06/2017
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La Mujer en México I y II

Etapa Electónica 1
La Mujer en México Iy II
De la «dómina» a la «cobija de tripas»
 
Por: Danielle Wolfowitz
(Sacado de «Paseo en las Tinieblas»)
 
Las mujeres se dividen en dos categorías: las reinas y las carpetas,
hay que saber a cuál se pertenece. Picasso
 
Para entender esta situación, conviene hacer un poco de historia. En la antigüedad, la condición femenina era bastante dura. En la sociedad romana solían matar a las niñas que sobraban en las familias. Por eso las muchachas nunca abundaban en ellas.
Al derrumbarse el Imperio Romano e instaurarse la Edad Media en Europa Occidental, el noble que marchaba a la guerra debía dejar la responsabilidad del castillo y las tierras, a su esposa. Ella se encargaba durante la ausencia del marido de ver que todo funcionara y adquirió una posición dominante en la sociedad. Era conocida como la 'dómina' de donde deriva la palabra dama. Altamente valoradas en la Edad Media, como lo prueba el libro de Régine Pernoux «La mujer en la época de las catedrales» ellas ejercían en la naciente sociedad urbana y durante su desarrollo, todos los oficios y profesiones, que después del Renacimiento les fueron vedados y se volvieron dominio exclusivo de los hombres. La medicina era considerada un campo esencialmente femenino. En el siglo XX, la comunista Unión Soviética adoptó el mismo criterio y sigue prevaleciendo hoy en la Federación Rusa.
En esta posición privilegiada las damas inspiraron a los trovadores y poetas que celebraban su belleza y castidad. De ahí nació el amor cortés, que idealizaba a la mujer y que floreció durante cuatro siglos en los países de Europa occidental, y en el cual el enamorado se conformaba con adorar a la «dama de sus pensamientos» sin pretender recibir favor alguno de ella.
En América Latina, los indígenas tenían a la mujer en bajo concepto, considerándola sólo por su poder de transmitir la vida, y eran polígamos. Al irrumpir la conquista, que fue llevada a cabo por hombres generalmente brutales y malhechores a quienes se les había perdonado la vida a cambio de enfrentar los riesgos de América, que llegaban solos y sin la misericordiosa influencia femenina, los instintos más bajos y crueles se vertieron sobre la mujer indígena que pasó a convertirse prácticamente en esclava.
Esta servidumbre se perpetuó durante siglos y sobrevivía aún en los años 50 en Chiapas, donde los indígenas solían llamar a las mujeres 'cobija de tripas'. Seres indispensables pero menospreciados, las mujeres eran imprescindibles para los hombres. Por ejemplo, en Yucatán por los años 1970, el jardinero de nuestra casa en Mérida debía irse de servicio unas semanas al año para «chapear», es decir asfaltar, los caminos. Durante este período su esposa, nana del nieto, debía ausentarse, pues él necesitaba a una mujer para «echar las tortillas». Cuando contrasté esta actitud con la del Presidente Carter de los Estados Unidos, quien el mismo día de su toma de posesión se levantó a las 6 de la mañana, hizo su cama y se preparó el desayuno, quedaron desagradablemente asombrados.
En México, la falta de comunicaciones propició hasta recientemente la formación de un mosaico de culturas aisladas entre sí. La pluralidad de orígenes: indígena, blanco, negro y sus mezclas dio lugar a un conjunto interesantísimo de tradiciones y modos de vida. Como el desarrollo histórico fue dispar, existían en los años 50 pequeñas sociedades que aún vivían según cánones coloniales y hasta feudales. Puede decirse que en una misma región coexistían grupos que pertenecían a la Prehistoria, la Edad Media, la Época Colonial y el Siglo XXI, sin alternar entre sí y en un feroz aislamiento. Yendo a Cuernavaca en coche último modelo, pasaba uno en la carretera, al lado de mujeres, por lo general embarazadas, cargando cántaros de agua o alimentos, muchas veces con un infante en la espalda, al igual que hace 6,000 años. Frecuentemente, el esposo caminaba delante de ella, eso sí montado en un burro.
Cuando me tocó trabajar en el Banco Nacional de México, alterné con varias personas que pertenecían todavía al siglo XVII. Para ellas la igualdad de almas ante Dios no existía ya que su calidad dependía de la forma en que los humanos habían sido concebidos. Me tocó también escuchar a una funcionaría oriunda de Michoacán, con un puesto de nivel medio alto, que me comentó que, como en su Estado el sector femenino estaba muy encerrado, la mejor forma de salir al mundo era ingresar a las órdenes religiosas. «Pues sí, me dijo al volverse monja, una puede trabajar como educadora o enfermera y tener contacto con el exterior».
Continuará...
(Parte II.- La mujer ashkenazi)

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