La madre judía y olvidada del fascismo - Intelecto Hebreo

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03/05/2017
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La madre judía y olvidada del fascismo

Etapa Electónica 1
La madre judía y olvidada del fascismo
 
Por: Tzila Chelminsky (Israel)
 
En mis clases de historia en el Colegio Israelita de México, nuestro maestro José Rotemberg, a quien recuerdo con especial cariño acostumbraba decir: "así como en las novelas policíacas se recomienda cherchez la famme, en los acontecimientos históricos mundiales, cherzez le juif. Quizá exageraba un poco, pero este es el caso de Margherita Sarfatti, quien reunió ambas condiciones: tanto judía como mujer.
Poco se habla de Margherita Sarfatti, la amante de Benito Mussolini, el dictador que impuso el fascismo en ese país. Pero ella fue mucho más que eso. Durante 20 años fue su compañera ideológica, le ayudó a planear "la marcha sobre Roma" *, publicó artículos en su nombre, editó el órgano del Partido Fascista y escribió su primera biografía oficial. Todos en Italia quisieran olvidar a "la otra mujer del Duce". Los fascistas, porque era judía, la oposición, porque era fascista; y la familia, porque con el tiempo se convirtió en una vergüenza histórica.
Como consecuencia, la historia de Margherita Sarfatti desapareció de la conciencia italiana y junto con ello el papel central que jugó en el fascismo italiano y en la vida del Duce.
Muchos libros se han escrito sobre este interesante personaje: "La noche italiana" por Nicole Fabre, publicado recientemente en Francia; "Margherita Sarfatti" por la Dra. Simona Urso de la Universidad de Padua; "Las otras mujeres del Duce" por Phillip Cannistraro, y, en español, "El amor judío de Mussolini" por Daniel Gutman.
La dramática historia de Margherita se inicia con una infancia tranquila en el ghetto de Venecia donde nació en abril de 1880, hija menor de una acomodada familia religiosa judía, los Grassini. Creció rodeada de cariño, especialmente por parte de su abuela Dolcetta Levi Nahmias, una "mujer de valor" en el sentido judío.
A pesar de la oposición de sus padres, se casó a la edad de 18 años con Cesare Sarfatti, un próspero abogado socialista judío, y este matrimonio tuvo tres hijos: Roberto, Amadeo y Fiammetta. Sintiendo asfixiante la vida en Venecia, la familia se mudó a Milán al centro intelectual de Italia. Ahí Margherita empezó a crearse un lugar en la élite intelectual y a activar en el periodismo y el arte, campos que hasta entonces habían sido prerrogativas masculinas. Para ello abrió un salón en el que cada miércoles se reunían las personalidades más importantes, y ganó la reputación de ser una anfitriona impecable, bella, inteligente y vivaracha. Su casa se convirtió en el centro de la avant garde, artística, donde se impulsó el futurismo y posteriormente el movimiento italiano Novecento. Los artistas, políticos y escritores más prominentes eran visitantes regulares en su casa. En esto siguió las huellas de sus antecesoras judías Henrietta Herz y Rachel Levin, quienes en el siglo XIX fueron las iniciadoras de estos salones intelectuales en Alemania. Tenía un sexto sentido para acercarse a personalidades mundiales prominentes, incluyendo al inventor Marconi, al Papa Pío X, el presidente Roosevelt, Albert Einstein y muchos otros. Entre sus amistades se encontraban Israel Zangwill, a quien llamó el "Dickens judío", y Zeev Jabotinsky, el líder sionista revisionista.
La Dra. Urso, autora de una biografía sobre la Sarffati, escribe que "era una mujer culta, consciente de los avances culturales, ambiciosa, manipulativa, sin inhibiciones y con un talento especial para auto-promoverse, talento que usó aun cuando su hijo Roberto murió en la Primera Guerra Mundial.
Su encuentro con la historia tuvo lugar en 1912, cuando un joven y desconocido periodista llamado Benito Mussolini fue nombrado director del periódico socialista Avanti, en el que Margherita escribía crítica literaria. Con tres años menos que ella, era un ardiente socialista de provincia, carismático, mujeriego y con talento para hacerse escuchar. Sarfatti se sintió inmediatamente atraída al poder que proyectaba. Así se inició una relación romántica y política que duró dos décadas. Sus relaciones románticas degeneraron rápidamente en peleas por la actitud machista de Mussolini en cuanto a relaciones con otras mujeres. Sarfatti se negaba a compartir a su amante con otras pues tenía suficiente con Rachele, su esposa y madre de sus hijos, a quien por cierto Mussolini no trajo a la ciudad. Sin embargo, sus encuentros se volvieron más frecuentes y constantemente intercambiaban notas y cartas. Al principio trataron de ocultar públicamente sus relaciones aunque parece que no hicieron ningún intento por ocultárselo a sus respectivos cónyuges.
La "Marcha sobre Roma" que tuvo lugar en 1922, para apoderarse del gobierno, parece haber sido planeada en la casa campestre de los Sarfatti en el lago de Como. Fue la hora más brillante para los dos. La hija pelirroja de judíos religiosos del ghetto se estaba embarcando en la gloria del fascismo. La búsqueda de poder parece haber sido el lazo más fuerte entre ellos.
Cuando su esposo murió dos años después, Sarfatti se estableció en Roma y se convirtió en "la otra mujer del Duce". Sus relaciones personales eran idílicas y Mussolini pasaba más tiempo con los hijos de su amante que con sus propios hijos. En esa época adquirió Margherita un enorme poder. Era la figura tras el Duce, escribía artículos en su nombre, dirigía el órgano fascista y escribió en 1925 la primera biografía oficial de Mussolini, que por cierto fue publicada en Londres y en inglés.
Su biógrafa menciona que se trata de una mujer que adquirió poder precisamente en el marco que negaba a las mujeres todo tipo de poder político y personal. Sarfatti fue la primera en darse cuenta de que era necesario crear un bagaje cultural apropiado para el fascismo y un lenguaje artístico que lo representara. Así promovió el movimiento artístico Novecento, que se convirtió en el brazo de la propaganda de Mussolini. Los lazos con Mussolini pueden explicarse por el camino que ambos tomaron del socialismo al fascismo, sendero ideológico que también atrajo a muchos judíos, que estaban convencidos de que la unión de Italia, el "Risorgimiento" para el que muchos de ellos habían peleado, no se había completado aún. Y ellos, su generación sería la nueva Italia. En las columnas de Avanti, Margherita escribió durante 30 años artículos y comentarios racistas discriminatorios contra asiáticos y negros.
Sus días de gloria no duraron mucho. A fines de los 20 nuevos vientos empezaron a soplar en Roma. La atención del impaciente amante se volcó hacia otras mujeres y el hecho de que fuese judía le empezó a molestar. Sus consejeros, que no apreciaban a la amante "israelita", lo convencieron de que trajese finalmente a su familia y se deshiciera de la "prostituta judía". Este fue el principio del fin. Senadores y miembros del gabinete dejaron de asistir a su salón. En forma gradual Sarfatti fue abandonada, y al implementarse las leyes raciales en 1938 fue despedida de todas las posiciones que tenía y se le prohibió escribir en la prensa. Se dio cuenta de que había llegado el momento de partir. Rápidamente empacó dos maletas y ordenó a su chofer que la llevara a la frontera suiza más cercana. Se llevó todas sus joyas, bienes valuables y un tesoro sin precio: 1272 cartas de amor de Mussolini como seguridad personal. Fuera de Italia, Sarfatti era un problema: sabía demasiado y podría escribir sobre el régimen. Temiendo el largo brazo de Mussolini trató de llegar a los Estados Unidos pero se le negó la visa. Así llegó al exilio en Argentina donde permaneció hasta 1947. Al volver, tanto el Duce como "la otra mujer" habían sido borrados de la memoria italiana. Al abandonar el país, Margherita evitó el destino de su hermana Nella, que pereció en un transporte a Auschwitz, o el de Claretta Petacci, que está incrustada en la memoria colectiva italiana como la legendaria amante del Duce que fue ejecutada junto a él.
A pesar de que su hija Fiammenta se había convertido al cristianismo en 1930, Margherita usó todas la influencias que aún tenía para que, al entrar los Nazis a Italia, pudiese ser salvada. Fiammenta encontró asilo en un convento disfrazada de enfermera, su esposo Livio, que no era judío, se fue a la Resistencia y sus hijos fueron enviados a conventos católicos.
Entre sus documentos se encontró que Sarfatti había visitado Israel en 1959. Pero Sarfatti se impuso un voto de silencio durante su exilio en Argentina y al volver a Italia. Quizá ese fue el precio que pagó a Mussolini para comprar su libertad y asegurar la seguridad de su hija y nietos. Hasta el día de su muerte, en 1961, no hizo ningún comentario sobre el fascismo o sobre Mussolini ni sobre el holocausto. Y en sus memorias menciona la palabra "fascismo" sólo una vez y ni una sola a Mussolini. Así fue como su imagen desapareció en bibliotecas y archivos, y es sólo objeto de investigación.
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