La historia heroica de los judíos del Bund - Intelecto Hebreo

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28/06/2017
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La historia heroica de los judíos del Bund

Etapa Electónica 1

La historia heroica de los judíos del Bund

(Primera Parte)


Por: Max Bery

El hombre está desesperado, desde 1940 se pelea por la supervivencia de su pueblo. En vano emigró a Londres para escapar de la Gestapo. Se entera por los militantes de su partido, el Bund clandestino que se quedó en Polonia, la suerte que los nazis reservan a los deportados echados a los trenes por el ejército y la policía. Se empecina en gritar lo indecible a los gobiernos aliados: "¡Si no se hace nada todos los judíos serán masacrados. Todos!"
Pero en Londres bombardeada en 1943 y en el momento en que el ejército alemán fue vencido en Stalingrado y El Alamein, nadie le escucha, nadie cree que los nazis han podido planificar la "solución final". Para los aliados la liberación vendrá con la victoria, hasta entonces ninguna acción se llevaría a cabo para ayudar a los judíos perseguidos; todo era para los combatientes, pero ya para entonces sería demasiado tarde.
Cuando llegan las noticias de la insurrección del Ghetto de Varsovia, este militante sindical redobla su actividad, multiplica sus mítines, las súplicas, las gestiones como el de mandar armas a los insurrectos, para que cuando menos puedan defenderse dignamente.
De nada sirve y desesperado trata un último esfuerzo. Si nadie cree en la muerte de un pueblo, la de Arturo Zygelboim, representante del Bund obrero judío en el seno del gobierno polaco en el exilio, tal vez sacudirá las conciencias. El 12 de mayo de 1943 Arturo se suicida dejando este mensaje: "Con mi muerte quiero protestar contra la  exterminación del pueblo judío y la pasividad del mundo libre".
La historia del Bund, el partido socialista judío de Rusia y de Polonia, es una de las más trágicas del Siglo XX. Durante 50 años unos cuantos miles de militantes llevaron a lo más alto el honor del movimiento obrero internacional. Este partido fue blanco del zarismo, del fascismo, del antisemitismo más agresivo, y fue rechazado con violencia por leninistas por defender a capa y espada una idea de libertad y de justicia social. El Bund fue triturado por los totalitarismos de ese siglo de hierro. Muchos de sus miembros sucumbieron ante las balas del enemigo o encerrados por Stalin, los demás fueron exterminados por Hitler. Pero en la memoria judía, así corno en la del movimiento socialista, los militantes del Bund tienen un lugar único: el de los justos que fueron quebrados, pero cuyo recuerdo no puede morir.
Esta historia empieza medio siglo antes de la muerte de Arturo Zygelboim. En aquella época los judíos del imperio ruso estaban confinados en las zonas de residencia que les atribuyó el Zar y que abarcaba Ucrania, Bielorusia, Lituania y Polonia. Varios millones de judíos vivían allí desde el alto medioevo, guardando sus costumbres, su religión y creando con el tiempo su propio idioma, el idish. Vivían en comunidades replegadas, con mucha gente sabia, trabajadora y miedosa, pues siempre los amenazaba el odio que desplegaba el régimen que los consideraba como chivos expiatorios que periódicamente pagaban por los problemas del imperio. En forma constante pogroms ensangrentaban las calles rodeadas de casitas de madera.
Sin embargo, poco a poco salen de la obscuridad. Los servios acaban de conseguir su emancipación y los movimientos liberales empiezan a desarrollarse. El capitalismo invade las planicies rusas y con el tiempo se constituye un proletariado judío, que era explotado tanto por los gentiles como por los mismos correligionarios; ellos trabajaban 17 ó 18 horas diarias por unos cuantos kopeks, sin derechos sindicales, ni jubilación, ni seguro, siempre a la merced de los pequeños jefes o de los ciclos económicos.
Llega el alba de las revoluciones cuando los populistas rusos abren el camino y en los talleres fluyen las palabras del viejo Karl Marx. Un pequeño grupo de intelectuales y obreros judíos a su vez, decide entrar al socialismo. En Vilna fundan una asociación obrera revolucionaria que pronto se llamará (en idish) "Der Algemeyne Yiddiisher Arbeiterbund in Russland un Poyln" (La Unión General de los Obreros judíos de Rusia y Polonia), el Bund.
Rápidamente de Lodz a Moscú, la palabra suena como un desafío. El Bund organiza a los obreros, desencadena huelgas y boicots, educa a los judíos pobres, combate a las policías, a los dueños voraces y a los rabinos miedosos. Frente al surgimiento crónico de los pogroms, constituye sus propios grupos de autodefensa para substituir a las fuerzas del orden claudicantes o cómplices. El discurso en marxista, el idioma el idish, la filosofía laica y democrática. Los teóricos del Bund Arkadi, Kreme y sobre todo Wladimir Medem, el padre intelectual del Bund, animan las discusiones con los revolucionarios rusos.
El marxista Plekanov tiene dos dilemas. Uno alrededor de Martov que predica la revolución en la libertad y el respeto a las etapas necesarias y democracia dentro de la organización obrera. El otro el que promulgaba Lenin, quien quería tomar el poder y reinar por la fuerza, apoyados por un pequeño partido con una ideología rígida y con disciplina de hierro.
Demócratas por convicción y ante todo europeos, los bundistas se colocan en las filas de los adversarios de Lenin.


Manifestación
de los judíos de Lituania






Continuará...


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