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08/09/2017
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La elección puede ser de Dios o del diablo

Etapa Electónica 1
La elección puede ser de Dios o del diablo
 
Por: Bill Landau
 
Esta semana fui testigo de la ceremonia de Conversión de 17 adultos, quienes voluntariamente decidieron pasar a formar parte del Pueblo Judío. Sucedió en Beth Israel, la Comunidad a la que yo voluntariamente pertenezco.
Pude yo haber elegido cualquier comunidad a la cual pertenecer. Siendo las palabras "decidieron" y "voluntariamente" las que forman la esencia misma de este artículo. Analicemos.
Hasta más o menos el siglo XVIII nadie podía elegir a que Congregación pertenecer o si quería cambiar de religión. Todos, sin excepción, incluyendo los judíos, eran lo que hoy conocemos como ortodoxos. A los heterodoxos se les expulsaba en el mejor de los casos, o se les quemaba en el peor.
El pensamiento ortodoxo en su acepción general histórica, o si se quiere, en el particularismo de nuestra época, no permite por definición ni elegir ni actuar en una manera voluntaria. Es por su propia naturaleza totalizante y en muchas ocasiones totalitario. No hablo de ninguna religión en particular.
Antes de la Ilustración o la Haskalá judía, la gente se regía por el "debo de". A partir de ahí el paradigma histórico cambió a "quiero o elijo". Puedo o no ir al Templo, puedo convertirme al judaísmo o al Budismo, o a la religión de las lagartijas tibetanas.
La Ilustración fue el primer movimiento globalizador de la historia, aun antes que Mc Donald's o Cosco. En el gran supermercado de las ideas puedo escoger ser o no ser. Ser parcialmente sionista, más socialista o parcialmente ateo en un kibutz en Israel. La gama es variada y es precisamente este abanico ideario al que el fundamentalismo odia. Principalmente el Islámico, que es, y no nos equivoquemos, el principal enemigo de nuestros avances ético-filosóficos de los últimos tres siglos.
Desde Al-Qaeda hasta Jihad islámico, Hamas o Hizbalah, todos pretenden destruir lo que con tanto -parafraseando a Churchill- sudor, sangre y lágrimas hemos conquistado: EL LAICISMO.
 
Las tesis del Laicismo
1.-Por siglos la religión establecía las reglas de la conducta. Las democracias modernas basan sus acuerdos axiológicos en leyes y discursos legitimadores no desde la religión, sino más bien desde discusiones revocables, de aceptación en último caso voluntaria y humanamente acordada. Este marco no persigue a las instituciones religiosas: al contrario, las protege a las unas frente a las otras.
En la sociedad laica, cada Iglesia o Sinagoga, debe tratar a las demás como ella misma quiere ser tratada... y no como piensa que las otras se merecen. El dogma, se convierte de esta manera, en creencia particular de cada ciudadano, pierde su obligatoriedad general, ganando garantías protectoras que brindan la Constitución o las leyes democráticas. Igual para todos.
2.-En la sociedad laica tienen acogida las creencias religiosas o ateas en cuanto al derecho de quienes las asumen, pero no como deber que pueda imponerse a nadie. Las visiones integristas judías, cristianas o islámicas se oponen a la visión secularizada y tolerante de las democracias laicas.
En el caso judío se desprende que pertenecer a cualquier comunidad es, ciertamente, un derecho del individuo, pero en modo alguno un deber. Las comunidades de nuestro ámbito o del general, son bienvenidas al seno democrático, pero condicionadas a que no engendren desigualdades e intolerancia.
3.-Las religiones pueden decretar para orientar a sus creyentes, que conductas son trasgresoras o pecaminosas; pero no están facultadas para establecer que debe o no ser considerado legalmente delito. Lo opuesto es igualmente válido. De ahí que el islamismo integrista está en directa oposición con las democracias. En otras palabras; ningún texto sagrado tipifica delitos dentro de las democracias. Son las religiones las que se deben acomodar a las leyes, nunca al revés.
4.-En la escuela pública sólo puede ser aceptable como enseñanza de lo verificable (es decir, aquello que recibe el apoyo de la realidad científicamente, constatada en el momento actual) y lo civilmente establecido como válido para todos (los derechos fundamentales de las personas constitucionalmente protegidos). Dentro del Estado laico, se respeta el derecho de cada confesión a predicar y enseñar su doctrina a quienes lo deseen. Eso si, fuera del horario escolar.
5.-La filosofía de la sociedad laica, no sólo pretende erradicar los extremismos de algunas religiones, sino también los sectarismos, etnisismos o nacionalismos que pretendan someter los derechos de la ciudadanía a un determinismo segregacionista. Por lo demás, la mejor conclusión teológica o ateológica que pueda orientarnos sobre estos temas, es debida a Gonzalo Suárez: "Dios no existe pero nos sueña. El Diablo tampoco existe pero lo soñamos nosotros" (Acción-Ficción).
Concluyendo. Los Conversos de Beth Israel son sinceramente bienvenidos al seno del Pueblo judío pero en el laicismo, y esto es lo importante, pueden o no haberse convertido, pero seguramente sus acciones siempre serán protegidas por las leyes. Siempre y cuando no cometan ningún delito, ¡¡en el nombre de Dios o del Diablo!!
 
Brujim habaim... bienvenidos.

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