Herr Schumann se enfrenta a sus fantasmas - Intelecto Hebreo

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28/06/2017
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Herr Schumann se enfrenta a sus fantasmas

Etapa Electónica 1

Herr Schumann se enfrenta a sus fantasmas
(Primera de dos partes)

Por: José Brito (Tenerife, España)

"Cuando ya está todo dicho y hecho,
una simple palabra -comprensión-,
es el faro que guía nuestros estudios. "
Marc Bloch, Historiador judeo-francés

Günther Schumann era un hombre normal.
Günther que, habitualmente, hace lo que de forma sutil y a veces encubierta se le ordena sin detenerse a pensar o mínimamente examinar qué se le está pidiendo. Lo importante, al fin y al cabo, es subsistir, máxime en tiempos donde el simple y natural hecho de pensar por tí mismo podía acarrearte serios problemas.
Günther le dice al Tribunal ante el que comparece: "Éramos padres de familia de mediana edad. Pertenecíamos a la clase trabajadora de la ciudad de Hamburgo. Como se nos consideraba demasiado mayores para ser útiles dentro del Ejército alemán, se nos destinó a la Policía del Orden. "
El día 13 de julio de 1942, el relajado, indolente y acomodaticio universo pequeño-burgués de Günther Schumann, de golpe, se derrumbó de forma estrepitosa.
No me gustan -ni admito- viejos tópicos, especialmente los que indican que explicar es disculpar y comprender es perdonar. Desde mi óptica personal son cosas diferentes. Holocausto, Shoá, sólo palabras; sólo vocablos. La magnitud de la tragedia fue tal que rebasa cualquier término lingüístico. Imposible describirla por medio de fonemas. Como alguien dijera en su momento. "No existen, o mejor, no se han inventado palabras que puedan medianamente describir aquel horror."
Fundamentalmente, la hecatombe se produjo porque, en el nivel más básico, unos seres humanos individuales mataron a otros seres humanos en gran número y durante un largo período de tiempo. En este sentido, no intentar entender a los ejecutores en términos humanos haría imposible cualquier historia referente a los causantes de tremenda catástrofe, aún cuando sé que es sumamente difícil creer que semejantes individuos formaran parte de la especie humana.
Herr Schumann, con extrema palidez, casi lívido, intentando buscar las palabras adecuadas y casi siempre sin conseguirlo, continúa:
"…Habíamos llegado a Polonia apenas dos semanas atrás. En realidad, podía decirse que éramos reclutas novatos sin experiencia previa alguna en el territorio ocupado por Alemania. En la madrugada del 13 de julio de 1942, nos levantaron de nuestras literas y nos hicieron subir a unos camiones que nos esperaban. Se nos dio munición suplementaria y se nos dijo que nos dirigíamos a nuestra primera acción importante. Nunca se nos indicó en qué consistiría la misma. Tardamos varias horas en llegar a nuestro destino, recuerdo que la carretera estaba prácticamente intransitable, llena de baches y que el viaje, ya de por sí largo, se nos hizo interminable. Cansados y malhumorados, llegamos a una típica población rural polaca de modestas casas blancas con el tejado de paja. Entre sus habitantes había 2.500 judíos aproximadamente.
Hace tiempo que sabemos cómo fueron asesinados los judíos en los principales guetos, especialmente en Varsovia y Lódz. Sin embargo y aunque ello pueda parecer extraño, la mayoría de los judíos polacos vivía en ciudades y pueblos más pequeños, a veces simples núcleos rurales, donde constituían a menudo más del 30% y en algunos casos incluso el 80 ó 90 % de la población.
Günther, con temblor apenas perceptible de su mano derecha y la mirada perdida y llorosa, continúa recordando escenas que tenía, si no olvidadas, sí adormecidas en el subconsciente, un subconsciente que ha pugnado durante años por desterrar determinadas imágenes que hacen que se sienta culpable, infinitamente culpable, por haber perpetrado, sin revelarse un ápice, ciertas acciones que han oscurecido su existencia desde el mismo momento en que las cometió.
"...El pueblo estaba en total calma. Descendimos de los camiones aliviados por el hecho de poder estirar las piernas después de haber pasado tantas horas incómodamente sentados. Haciendo un semicírculo formamos alrededor de nuestro comandante quien, de forma totalmente impersonal, nos informó de la misión que el batallón tenía encomendada. Allí, en aquel pequeño pueblo, había judíos que se relacionaban con partisanos. Nuestra misión, según él, era sencilla. Teníamos órdenes precisas de reunir a la población judía que allí habitaba y escarmentarla. A los hombres judíos en edad de trabajar había que separarlos de los demás y llevarlos a un campo de trabajos forzados. Al resto, mujeres, personas mayores y niños, se les tendría que matar de un disparo allí mismo. Lo dijo sin inmutarse, sin vacilación de ningún tipo, posiblemente, para él, era una situación de lo más corriente, algo que a fuerza de repetirse, llega a ser mecánicamente normal, diabólicamente normal y a veces hasta cotidiano. AI finalizar su exposición y con la misma fría indiferencia que nos convertía en asesinos, nos anunció que si algún miembro del batallón no se veía con ánimos suficientes o no tenía la suficiente sangre fría para llevar a cabo la tarea encomendada, podía dar un paso al frente. ¿Por qué nadie se movió de su sitio? Quizá, si tan sólo uno de nosotros hubiera tenido el necesario valor para dar el tan temido paso al frente, ello habría sido suficiente para, al menos, despertar o sembrar la duda en la mente de los demás. Pero, desgraciadamente, no fue así. Todos asentimos y cumplimos con lo que se esperaba de nosotros.


El juez mira atentamente a Günther. En realidad, intenta ver mucho más allá del singular personaje sobre el que dentro de poco tendrá que decidir acerca de su culpabilidad o posible inocencia en relación a los cargos que se le imputan .  Tendría que estudiar detenidamente, a efectos de impartir justicia, el trasfondo socio-político y el nivel de adoctrinamiento antijudío a que se vio sometida la población alemana a partir de 1918, especialmente por las organizaciones antisemitas (völkisch), que estigmatizaron a los judíos con el sambenito de haberse dedicado a acaparar todo tipo de productos de primera necesidad para posteriormente enriquecerse en tiempo de guerra. No obstante, piensa, los judíos alemanes constituían un grupo muy reducido respecto de la población total del país, que, además, se orientaba claramente hacia la izquierda liberal del espectro político alemán. Sin embargo, la presencia hebrea destacaba de manera desproporcionada en las llamadas profesiones de corte liberal, por ejemplo, en 1933, el 11% del total de médicos alemanes eran judíos, como también lo era el 16% de los abogados. Sin lugar a dudas, el antisemitismo de la clase media alemana, heredado desde muy atrás, recibió el envenenado estímulo de los celos y la envidia profesional hacia unos competidores más exitosos debido a estar mejor preparados académicamente.
El desagradable y poco deseado ejercicio de recordar situaciones límite, hace que Günther Schumann transpire copiosamente, por su cara desencajada diríase que revive, con todo detalle, el crucial instante en que se convirtió, al igual que todos sus compañeros, en asesino de seres indefensos.
"...Rodeamos el pueblo. La consigna era disparar a cualquiera que intentará escapar. Teníamos que reunir a los judíos y llevarlos a la plaza del mercado. A todo aquel que estuviere enfermo o demasiado débil para llegar al punto de reunión se le ejecutaría en el acto. Al tiempo que los expulsábamos de sus casas, disparábamos sobre todo aquel que no podía moverse por sí mismo. Gritos de espanto e impotencia se oían por doquier. Todos estábamos terriblemente nerviosos por lo que estaba sucediendo y, en más de una ocasión y debido al ofuscamiento, disparamos contra quienes no debíamos, es decir, contra hebreos sanos capaces de realizar trabajos forzados. Unos cuantos de nosotros fuimos seleccionados para escoltar a los "judíos de trabajo" a las afueras del pueblo, el resto debía dirigirse a un bosque cercano para formar los pelotones de ejecución."
Schumann respira con dificultad, su rostro adquiere un rictus extraño. Prácticamente es un juguete roto. Incapaz de seguir adelante, mira al juez intentando ganar siquiera unos minutos, unos preciados minutos que le permitan, al menos, poner orden un cúmulo de recuerdos y sensaciones que después de tantos años se vuelven a hacer presentes.

1) El historiador Raúl Hilberg calcula que más del 25% de las víctimas del Holocausto murieron fusiladas, más del 50% perecieron en los seis principales campos de exterminio que estaban equipados con instalaciones para gasear, y el resto bajo las terribles condiciones de los guetos, los campos de concentración y de trabajos forzados, las marchas de la muerte, etc.
Foto 1.- Miembros de la Policía del Orden custodian a judíos antes de ser deportados.


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