Franco y el Holocausto - Intelecto Hebreo

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31/03/2017
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Franco y el Holocausto

Etapa Electónica 1
 
Franco y el Holocausto

Por: José Brito (I. Canarias, España)
 
Mucho he dudado antes de ponerme a escribir sobre el particular. La verdad, es que no es nada fácil tratar sobre el asunto sin dejarte llevar por sentimientos más o menos encontrados o por comentarios en uno u otro sentido, a favor o en contra. La ponderación de los hechos, al tratar temas de historia, debe ser norma esencial a seguir. Afortunadamente, el papel jugado por Franco y su gobierno una vez ganada la Guerra Civil española, en la protección y salvamento de judíos, aún no habiéndosele estudiado en toda su profundidad, ofrece pocas dudas acerca de la verdad de un tema sumamente comprometido y espinoso. Sin llegar al extremo de atribuir directamente a la dictadura del general Franco un apoyo sistemático a la persecución generalizada del elemento judío preconizado por el régimen nacionalsocialista, no debemos ignorar que España fue considerada una estrecha aliada del Reich hitleriano y que, dentro del régimen franquista, lobbies existían determinados grupos de presión -hoy eufemísticamente llamados- que en base a un catolicismo tradicionalista e intransigente, se parapetaban tras posiciones antijudías que, aún no siendo comparables al furibundo antisemitismo nazi, abortaban cualquier intento de socorro masivo por parte de la dictadura franquista. El objetivo prioritario del gobierno férreamente dirigido por el general Franco fue permitir el tránsito de los refugiados judíos a través de su territorio con el compromiso de que se quedaran el menor tiempo posible en el interior del país. Cuanto antes se marcharan, mejor.
 
Lógicamente, en todo este maremagnum, habría que distinguir entre judíos españoles, es decir, descendientes de aquellos que fueron expulsados en 1.492, y que gracias a tener pasaporte español o cartas de protección expedidas por las distintas legaciones diplomáticas españolas en el extranjero, tenían indiscutible derecho a ser considerados súbditos españoles, y aquellos otros que no siendo sefaraditas, se encontraban en una situación mucho más comprometida al no tener a nadie que quisiera responsabilizarse por ellos.
 
Turquía (1), Grecia y Francia fueron los países europeos donde se concentraba un mayor número de judíos de ascendencia española, aunque no todos ellos figuraban como protegidos del gobierno español. Para complicar más la cuestión, estaba el tema de aquellos protegidos que habían conseguido dicho status en tiempos de la República y a los cuales el gobierno de Franco -por una simple cuestión de lealtades- se negaba a reconocerles este derecho.
 
Lo importante era poner el mayor número de obstáculos a todos aquellos judíos que querían entrar en España y permanecer indefinidamente en ella. Sin embargo, no sucedió lo mismo con aquellos que pretendían cruzar el país en tránsito, especialmente si estaban en posesión de un visado de entrada a Portugal. En este caso, el trámite burocrático se simplificaba ya que los consulados españoles estaban autorizados a conceder visado de tránsito a través de territorio español sin necesidad de consulta previa a Madrid. Como norma general, manifestar que España no ponía obstáculos al tránsito de los refugiados con destino a Portugal por ser éste el país desde donde partían los pocos barcos aún disponibles para cruzar el Atlántico rumbo a América. Por otra parte, habría que preguntarse a qué judío le hubiera interesado radicarse de forma permanente en un país gobernado por un dictador abiertamente simpatizante de la política seguida por Hitler y prácticamente devastado por una más que cruenta guerra civil. El sentido común aconsejaba salir de allí cuanto antes.
 
Durante la debacle francesa de junio de 1.940, el paso fronterizo preferido por muchos judíos que querían dejar atrás -lo antes posible- el territorio francés, fue Hendaya. Las autoridades fronterizas españolas dejaron pasar a todos los refugiados que pudieran acreditar un visado de entrada a Portugal. De acuerdo a las apreciaciones de Navarro Guimbao, cónsul de España en dicha ciudad fronteriza francesa, en un período de ocho días se expidieron alrededor de 2.000 visados de tránsito. Sin embargo, muchos otros fueron rechazados debido a que no pudieron acreditar tal requisito. Según él "los controles españoles eran estrictos ya que no era deseable el acceso de judíos a nuestra Patria."
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