Entrevista a Liane Amper - Copiar - Intelecto Hebreo

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28/06/2017
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Entrevista a Liane Amper - Copiar

Condensados

Liane Amper


Por: Colaboradores


En esta ocasión presentamos a nuestros estimados lectores, la entrevista que hicimos a una colaboradora cuya columna, aunque breve, es apreciada y buscada por el placer que producen sus excelentes recetas y consejos a todo aquel que gusta de una suculenta comida.


LA.- Deseo agradecer a Jacobo esta gran sorpresa que preparó para mi en nuestros acostumbrados desayunos. La oportunidad de platicar fraternalmente con ustedes y reflejar esto en nuestras páginas de «Foro», pienso que es única.
Sobre mi afición a la cocina, les cuento que la heredé de mi abuelita quien era excelente cocinera. Estoy hablando de una comida austríaca y húngara. Siempre estuve con ella metida en la cocina desde los 12 años.
Otras cosas que me gustan hacer y disfrutar es la música y las artes en todos sus aspectos. Todos estos aspectos los he tratado de estudiar, incluyendo las nuevas herramientas que nos da la computación.
Volviendo a la cocina, siempre fue mi deseo dar a conocer mi experiencia y por eso, platicando con nuestro Director, me concedió un pequeño rinconcito en el gran «Foro» que puntualmente todos los meses confecciona para todos.
En alguna ocasión recuerdo que tuve un error al citar una receta que contenía una mezcla que no resultaba kasher. Esto que me sucedió y por lo cual pido una disculpa ya que se trata de una revista judía, me hizo saber el interés que muchas personas tienen en leer mis colaboraciones. De esto mismo quiero manifestar que yo no cocino únicamente platillos judíos, sino que tengo recetas de todos los países, por lo que mi cocina es internacional.
Este hobby, a nivel familiar y de mis amistades, me ha traído muchas satisfacciones y algunos beneficios económicos, pues constantemente me piden que elabore platillos para ocasiones especiales, teniendo mucho éxito mi repostería. La mayoría de mis «clientes» son de la zona sur de la ciudad donde tengo mi casa.
J. Contente.- Quisiera pasar a algunos detalles de tipo personal o familiar. ¿Qué nos puedes platicar al respecto?
LA.- Mis abuelos paternos eran húngaros, los maternos checoslovacos y como hace 100 años todo era un mismo imperio, muchos viajaron a Austria donde nací. Por razones del nazismo tuve que dejar mi país en 1938, a los pocos meses de haberse anexado Austria a Alemania.
A mi padre le habían dado 48 horas para dejar el país, confiscándole todo. En esa época había muchos barcos de refugiados. Nos habían asignado Finlandia como nuestro país de refugio, pero en la espera -en Alemania- del barco que nos llevaría, Finlandia rechazó a los refugiados, por lo que con toda la desesperación que se pueden imaginar, mi padre consiguió transporte hacia Copenhague, donde estuve un año y medio viviendo con una familia judía.
En 1940, antes de la invasión alemana a Dinamarca (abril), los mismos daneses nos mandaron a Suecia para escondernos. Todo esto fue hecho a través de la Agencia Judía de Copenhague. En un par de semanas salimos de Suecia en el último barco de refugiados que salía para los Estados Unidos.
Después de 3 semanas en altamar con los peligros de toda una guerra marítima, sobre todo por las minas que se habían colocado, llegamos a Estados Unidos a la isla de Elis donde concentraban a todos los refugiados que llegaban de Europa. Posteriormente y como no teníamos familiares en los E.U., mi padre decidió venir a México donde teníamos algunos familiares que habían emigrado en 1939.
El 28 de marzo de 1940 llegamos a México (vía Veracruz), recibiéndonos mi abuelita y unos tíos, quienes nos instalaron en su casa. Lo primero que tuve que hacer fue aprender el idioma, pues el alemán era mi lengua materna y aunque el danés también lo había aprendido, no me servían de mucho, por lo que tuve por tercera vez que cursar el primer año de primaria.
Estuve un año en el Colegio Israelita, después en la Academia Madox donde empecé a aprender el inglés y más tarde pasé al Colegio Americano. Al no haber mucho dinero, estudié una carrera corta, graduándome como Secretaria Ejecutiva Bilingüe, actividad con la que duré muchos años.
J. Contente.- Nos hemos enterado de una faceta primaria muy importante e interesante de tu vida. ¿Qué nos puedes decir de las siguientes en México?
LA.- Me casé muy joven, también con un judío alemán que había emigrado. Tuvimos tres hijos, afortunadamente muchachos muy buenos. Tengo nueras excelentes y ocho nietos de 20 a 2 años. Afortunadamente tuvimos una vida muy holgada y viajamos muchísimo durante 25 años. Un dato que tal vez sea interesante es que en esos 25 años viajé 25 veces a Israel.
J. Contente.- Supongo que dada la buena situación económica que tuviste, el hecho de entrar a la cocina realmente era por gusto, pues supongo también que tenías varios servidores domésticos.
LA.- Efectivamente eso fue lo que me encaminó a la cocina, aunque en muchas ocasiones lo hice para enseñar a la servidumbre, pues habíamos adquirido determinados gustos. De ahí nació también el gusto por enseñar, por lo que hasta la fecha doy cursos de cocina.
La cocina no ha sido para mi esclavizante sino que lo considero un verdadero arte. Con poquito de imaginación uno puede hacer infinidad de combinaciones quedando en más de las veces, cosas deliciosas. En materia de repostería, si se debe uno apegar estrictamente a las recetas.
J. Contente.- Conozco que tienes otros aspectos de los cuales no has hablado, como una página de Internet en donde ofreces artículos de arte. ¿Nos puedes ampliar esta cuestión?
LA.- Soy Diler o corredor de arte. En 1976 una amiga mía coleccionaba antigüedades, por lo que puso un negocio y me invitó a participar. En su casa en Chimalistac, pusimos en la parte superior las antigüedades y en la baja la galería. Fue muy difícil en un principio pues no teníamos suficiente experiencia, pero nos relacionamos con muchos pintores y estudiamos sus técnicas. Tuvimos bastante éxito, pues era elegante y con buenas piezas para vender.
Por compromisos particulares de ambas tuvimos que dejar la galería. Ya en forma independiente seguí de Diler hasta 1990, año en que decidí hacer una Feria de Arte en México, algo que nunca se había hecho. Trabajé en su preparación más de un año y medio, la respuesta fue increíble por parte de galerías y pintores; socialmente también hubo éxito, lo que me dio la idea de hacerlo más formal, o sea en forma consecutiva, por lo menos cada año.
Desgraciadamente esta última idea resultó ser un fracaso, pues el público no cooperó, tal vez por la crisis económica que ya se veía venir. Lo que si tengo el orgullo de haber hecho la primera feria de esa naturaleza en nuestro país.
A la vuelta de algunos años y tratando de concentrarme más en mi familia, me dio por la computación, actividad que uní al arte, por lo que me decidí a hacer una página en Internet ofreciendo las obras de varios artistas a nivel mundial. No soy la primera ni la última pero si les puedo decir que somos pocas las que hemos incursionado en esa forma moderna de ofrecimiento al público.
Actualmente tengo ocho artistas que trabajan conmigo. Son todos artistas Triple A, considerando que más adelante incluiré a algunos nuevos valores. De acuerdo al contador de la pantalla, veo que mi página es muy visitada, por lo que estoy interesada en continuar sobre lo mismo.
C. Lemberger.- ¿Qué parámetros fijas para calificar a un artista de Triple A?
LA.- Considero que debe de ser un artista que tiene un gran curriculum, debe tener por lo menos 20 años como profesional; además unas seis exposiciones individuales y diez colectivas.
J. Kaminer.- ¿Cuál sería su receta para educar a un niño y despertarle el amor al arte?
LA.- En primer lugar tienen que ser los padres los enamorados del arte, porque de otra forma no resultaría. Lo que si puedo decir es que mis hijos estuvieron envueltos desde chicos en el arte, tuvieron la oportunidad de hacer varios estudios en el extranjero sobre la misma materia y son muy afectos a él.
E. Shor.- Precisamente respecto al arte y la clasificación que hizo Liane, debo manifestar que no estoy de acuerdo con ella, pues un pintor puede ser afamado, o ser muy bueno desde sus primeras obras; tal vez ella se refiera únicamente a la parte comercial.
LA.- Efectivamente, convengo con Enrique de que alguien puede destacar desde un principio, pero para la importancia que debe tener en lo que trabajo, estos requisitos son indispensables, pues no hay que olvidar que soy Diler.
J. Contente.-Agradecemos afectuosamente a la Sra. Amper el habernos deleitado en esta mañana, no con sus platillos, más si con su elocuencia y los puntos interesantes que vertió entre nosotros. Considero que no obstante que se vivan tiempos difíciles, la oportunidad de destacar (para ambos sexos) siempre está dada cuando se tiene el interés en la superación.




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