Entrevista a Enrique Rivera - Copiar - Intelecto Hebreo

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27/09/2017
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Entrevista a Enrique Rivera - Copiar

Condensados

Entrevista a: Enrique Rivera


Por: Colaboradores


Los integrantes de esta revista, hemos de nueva cuenta tenido la oportunidad de conocer más de cerca la vida y obra de otro colaborador. En este caso, Enrique prefirió contarnos lo que consideró más importante, y después responder a las preguntas de la concurrencia del desayuno del 29 de junio. Más que preguntas, fueron comentarios y felicitaciones que en esta ocasión no reproducimos, para dejar al lector la esencia de un proceder en un medio difícil como el nuestro, que mucho nos hace pensar, cuando existe una determinación férrea y una voluntad limpia, barre con el tiempo cualquier prejuicio
individual o de grupo.

 
E.R.- Permítanme comenzar diciendo: "Be rishut rabanan ve rabotai" (Con el permiso de mis maestros y de mis mayores)... porque he aprendido mucho de la mayoría de las personas que hoy están aquí.
Y ahora, al hablar de mi, tengo que referirme a una casa donde poco -más bien nada- se hablaba de judaísmo; donde Israel era una nación más en el mundo.
Sin embargo, hubo un indicio de que mi vida cambiaría: Cuando yo jugaba fútbol en las calles del fraccionamiento donde crecí y era un buen portero que cuidaba la portería enmarcada entre dos piedras, uno de los muchachos me llamó "Lev Yashin", es decir la legendaria araña negra de la selección de la ex-Unión Soviética.
Este mote habría de convertirse con los años en mi segundo nombre, pero ya no en ámbito de una calle con muchachos emulando a los grandes ídolos del balompié, sino en un pueblo de grandes hombres y personalidades: Sí, porque el nombre con el cual entré al pueblo de Israel es: Arie Lev Ben Abraham. Sin embargo, del momento de mi niñez al instante en que unas agujas atravesaban mi humanidad para realizar el rito de iniciación y, posteriormente, formar parte del pueblo judío pasaron muchas cosas.
Primero la Universidad, donde la tendencia de alejamiento hacia la religión practicada en casa se acentuó. Espacio en el cual me acerqué a la Biblia, es decir al antiguo testamento. Y de ahí, -ahora que lo reflexiono- es cuando los milagros se realizan para quienes los quieren ver. Un día -ya en séptimo semestre- conocí a quien por el nombre no podía ser otra cosa más que judío: Luis Woldenberg. Poco a poco comenzó una amistad que hasta la fecha me honro en conservar. Tiempo después de conocernos, le dije que deseaba convertirme al judaísmo. Me dijo: "Que raro que alguien quiera convertirse". No podía salir de su asombro.
Dadas las circunstancias, yo me había resignado a ser un judío no oficial, pues no veía la forma de llevarlo a cabo. Tuve la oportunidad en 1980 de viajar a Europa. En Roma, me encaminé a la Sinagoga, pero el rabino estaba de vacaciones. Un día, este mismo Luis me dijo: "Mira, las cosas no se hacen así. Mejor ve a ver a los rábanos".
Y así lo hice, el primero fue el rabino Palti, pues pensé que teniendo los sefaradís un pasado ligado a España, sería más fácil. Lo difícil fue poder llegar a las oficinas, pues me la pasaba dando vueltas sin animarme a entrar. Algunos viernes en la tarde fui como el fiel amante que quiere ver el rostro de la amada y pasa por su casa, una y otra vez. Las escaleras de la sinagoga de Monterrey me parecían una muralla. Y yo daba una vuelta y otra más, y decía en ésta si entro... y no entraba. Por fin un día lo vi y obtuve después de una breve plática el siguiente consejo: "Júntese con gente judía, aprenda a rezar y si D-os quiere usted será un día judío". Quien en esos momentos se imaginaba que nos encontraríamos de nueva cuenta en una calle de Jerusalem.
Luego una entrevista con Kopiquis. El resultado fue alentador, él me iba a ayudar cuando regresara de un viaje de vacaciones a California... allá se quedó. Y luego, otra vez se hizo el milagro; otra vez Luis: "Ve con Lerer". Y fui con Lerer y estudié. Me hizo la circuncisión un Ginecólogo, especializado en vías urinarias. Y hubo quien dijera la Berajá. Sólo que hasta el día de hoy, estoy esperando lo que me iban a dar para que no sintiera las inyecciones previas a la operación.
Luego otro milagro provocado por la economía nacional. En 1984 una devaluación y cortes de personal y que me toca la suerte. De puro coraje dije ¡me voy a Israel! y en octubre de 1985, un mes y fracción del temblor, llegué con un resto de equipaje y dos palabras de hebreo.
Al año ya estaba estudiando en la Universidad Hebrea, fue cuando vi que ya no me podían enseñar más el idioma, por lo que obtuve trabajo en Kol Israel, con la Sra. Sara Joel. También estaba en Semana, aunque mi mejor trabajo cuanto a dinero era la Sponja. Después cursé la carrera de Fotografía Técnica, en Mijelet Hadassah.
Luego de un tiempo vino la guerra y ahí fue cuando me di cuenta a donde pertenecía (a que pueblo). Una joven mexicana que estudiaba en Eiun Kerem -donde yo trabajaba- me dijo un día que ya se iba, por lo que le dije:
- Pero ¿cómo? si está todo bien y no va a pasar nada.
"No" -me respondió un poco airada-. "Va a haber guerra y yo me voy porque yo no tengo nada ni nadie aquí."
Entonces yo me di cuenta que tenía mucho en Israel. El sentirme parte de ese pueblo, el afecto que sentía por las personas que me rodeaban y la preocupación por los demás.
Pasó la guerra y al poco tiempo, tras cinco años y medio de estadía regresé a México, donde siguen los milagros. Yo quería escribir y la primera publicación "paisana" que me encuentro fue el periódico "Kesher". Hablo, dejo mi nombre, el teléfono y el recado. Vuelvo a hablar y lo mismo... hasta seis veces y nada. Luego encuentro un "Foro"; llamo y Jacobo me contesta diciéndome que se reúnen en el Mesón del Virrey. En esa primera vez fui invitado doblemente, pues Bill Landau fungía como Presidente de APEIM. Con el tiempo, también formaría parte de la mesa directiva de la Asociación de Periodistas que ahora preside el Lic. Moussali.
Después llego a la Cámara México Israel de Comercio e Industria. El Lic. Marcos Katz me acepta para que edite la revista Intercambio. Tal vez actuó otro milagro, pues ya voy a cumplir cuatro años con él, desarrollando un importante trabajo de difusión y cada día aprendiendo más de nuestros pueblos.
Ya para terminar, quisiera señalar el milagro quizás más grande que sigo teniendo todos los días, que consiste en el encuentro de tantos corazones abiertos, como los de ustedes.

Gracias por todo.


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