Entrevista a Albert Djemal z´l - Copiar - Intelecto Hebreo

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31/03/2017
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Entrevista a Albert Djemal z´l - Copiar

Condensados

Albert Djemal z’l


Por: La Redacción 1995

Desde la pasada revista del mes de abril en donde dimos cuenta de los festejos por nuestro 5-º Aniversario y en la que en forma general damos nuestro agradecimiento a todos y cada uno de nuestros colaboradores, esta sección ya no había tratado en forma individual a alguno de ellos, por lo que continuando con nuestra costumbre y para que nuestros estimados lectores conozcan un poco más sobre la vida y hechos de sus escritores, hoy presentamos a un periodista quien no obstante la insistencia de nuestro Director, manifestaba que a otros compañeros se les debía dar el honor de aparecer antes que él. Como podrán notar nuestros lectores y después de más de seis meses, nuestro empecinado Director -quien conoce la gran trayectoria de Albert, no sólo en las letras, sino por una vida llena de interesantes anécdotas y experiencia-, por fin se salió con la suya.



ACLARACIÓN PREVIA.- En este caso y sabedores de la gran experiencia que nuestro entrevistado tiene, precisamente en este género periodístico, pues entre otros ha entrevistado a: Gamal Abdel Naser, Winston Churchill, Charles de Gaulle, Picaso, Charles Chaplin... etc., preferimos que ustedes lo conozcan a través de sus propias palabras que grabamos en uno de nuestros desayunos.

Nací en Alepo hace muchos años. Desde muy joven fui muy inquieto, me gustaba meterme siempre en donde no me llamaban. Un día de junio de 1940, nos dieron en la clase un trabajo que consistía en una exposición de algún tema libre. Mientras mis compañeros de clase escribieron sobre algún partido de fútbol, o algún tema propio de la edad, yo escribí sobre la caída de Francia y la ocupación de París.
Grande fue mi sorpresa, cuando al día siguiente vi publicado mi trabajo en la primera página de un gran diario nacional cuyo secretario de redacción era precisamente mi profesor de idiomas. Esto para mi fue un gran resorte y despertó en mi el gusto de escribir.
Desgraciadamente los tiempos no eran propicios para esto ya que, al caer Francia bajo el yugo nazi, llegó a Siria la Comisión de Armisticio franco-alemán para implantar en el país las leyes contra los judíos. Durante un año los judíos de Siria y Líbano vivían temblando de miedo, pensando en el momento de las deportaciones a Alemania. Afortunadamente dichas medidas no llegaron a ponerse en práctica y a mediados de 1942 el ejército inglés, apoyado por las fuerzas de la Francia libre y muchos voluntarios judíos de Palestina atacaron y en pocos días liberaron a Siria y Líbano de la ocupación francesa de Vichy y de la amenaza nazi. Y fue en una de estas batallas del Líbano cuando el "teniente", en aquellos días Moshé Dayan, cayó herido y perdió el ojo.
El primero de los ministros del General De Gaulle que llegó a Siria liberada fue Rene Cassin, y al llegar a Alepo su primera visita fue a la escuela Aliance Israelite Universelle donde tuve el honor de saludarlo, siendo todavía estudiante de secundaria de esa escuela.
Se fijó en mí y me preguntó: "Y tú hijo, ¿qué piensas hacer de grande?"; sin titubeos le contesté: "Ir a París a estudiar para ser profesor en alguna de las escuelas de la Aliance" y sonriendo me contestó: "Entonces te estaré esperando en París"... y me regaló una foto autografiada sin saber cuan pronto iba a realizarse su profecía.
Al liberarse Siria, los medios de comunicación se abrieron para nosotros. La comunidad tenía una revista de no muy buen nivel cultural. Me dirigí al director exponiéndole este punto pero él me contestó, y con mucha razón, la falta de colaboradores; por lo que empecé también a escribir para la revista y al mismo tiempo tratar de conseguir colaboradores. Me acuerdo que mi primer artículo en esa revista, fue sobre el genial director de teatro alemán Max Reynhart y su puesta en escena de la obra de Shakespeare "Sueño de una Noche de Verano".
Casi al mismo tiempo empecé a escribir también para periódicos nacionales. En una ocasión un líder extremista palestino llamado Ahmed el Shoukairi, publicó un artículo diciendo que el único error imperdonable de Hitler fue el no haber podido acabar con el pueblo judío. Le contesté en la misma forma aclarándole que el "arreglo final" también incluía a los árabes, subrayando que la filosofía nazi empezaba por los negros y terminaba con los judíos y que si los nazis no pudieron realizar ese nefasto programa en el orden planeado, es porque los judíos estaban más a la mano y a raíz de este artículo, el gobierno clausuró la revista y mandó al director a la cárcel.
Por mi parte salí huyendo al Líbano, en donde tuve la suerte de colaborar con una revista político-satírica llamada "Al Dabbur" donde mis artículos tuvieron éxito ya que en el Líbano había más libertad de prensa. También colaboré en el semanario judío "El Sol" de Egipto donde tuve una columna semanal. En un artículo hablé sobre la brigada judía, afirmando que no únicamente debería ser para la defensa de los judíos de Palestina, sino que tenía la obligación, al igual que las fuerzas aliadas de llegar a Berlín y vengarse de los crímenes nazis cometidos contra el pueblo judío. Mi artículo causó un cúmulo de cartas de apoyo y mi nombre se dio a conocer más dentro del mundo periodístico árabe, idioma que estudie desde joven con profundidad al igual que el idioma francés.
Un día recibí una carta del Sr. Eliahu Sasson, jefe de la sección árabe de la Agencia Judía en Jerusalem, para ir a Palestina y colaborar con él. Desgraciadamente no pude aceptar esta oferta por causas personales. Pero casi al mismo tiempo, recibí una oferta para trabajar como redactor en jefe de un nuevo periódico que pensaba lanzar un musulmán, como director y un cristiano, como administrador. Un trío que nunca se había visto antes en un país árabe; yo era el único judío y mi nombre aparecía en el directorio del periódico.
El primer día sólo vendimos 5 ejemplares, pero con el tiempo llegó a ser uno de los principales diarios de todo el país. Era un periódico ágil, moderno y con aspecto casi europeo que contrastaba con los periódicos árabes tradicionales y antiguos. Pero al tener una tendencia izquierdista -pues la mayoría éramos jóvenes-, nos echamos de enemigos nada menos que a la Hermandad Musulmana quienes nos hicieron muchas amenazas y uno que otro atentado.
Mi inquietud y apertura hacia distintos medios culturales me llevaron inclusive a colaborar con la BBC de Londres; colaboraciones que económicamente me redituaban la cantidad de 25 libras esterlinas (que en aquellos tiempos equivalía en Siria al salario mínimo de 6 meses). Lamentablemente no se permitían colaboraciones diarias.
Corría el año de 1947, y un día recibimos en la redacción una invitación del Sr. Jaled Bagdach, el famoso secretario del partido comunista sirio-libanés, invitándonos a una junta secreta para darnos una noticia muy importante. Y efectivamente nos anunció que en una fecha muy próxima empezaría una campaña a nivel mundial contra el imperialismo yanki, ya que la URSS no puede tolerar el imperialismo económico por la Coca Cola; el intelectual con el Riders Digest y el artístico con las películas americanas... Hollywood y las piernas de Rita Hayworth. La luna de miel se había acabado. Cuando llegó mi turno de hablar, manifesté que odio la Coca Cola y que casi no leía la revista mencionada, pero que por favor que no se metieran con las piernas de Rita Hayworth. Y esta fue la razón de nuestra ruptura con el partido comunista. Traigo este cuento a colación porque unos años después tuve la oportunidad de conocer a la artista en Suiza cuando pasaba su luna de miel con el príncipe Ali Khan.
En un desayuno informal con la famosa pareja, les platiqué la defensa que hice de las piernas de Rita. Al oír esto la famosa artista me dijo: "Sabes una cosa, lo que hiciste merece un premio"; y diciendo esto se levantó de su asiento y levantó su falda hasta el ombligo para dejarme admirar sus preciosas piernas.
Ante la postura de nuestro periódico Al Anbba, llegamos a tener dos enemigos potenciales: por un lado los hermanos musulmanes y del otro el partido comunista, situación que no obstante nuestra valentía, no duró mucho pues el 2 de noviembre de 1947 fue el día fatídico que acabó en unas horas, con la existencia moral y espiritual de la comunidad de Alepo, ya que las turbas -protegidas por la policía- incendiaron y destruyeron escuelas, sinagogas, orfanatos, centros culturales y muchos comercios, no obstante que un mes antes el mismo Presidente declaró en público "que los judíos de Siria son nuestros hermanos y que no tenían nada que ver con el sionismo mundial".
Pasé el resto del día fotografiando para la historia la infamia de un pueblo. En la noche me dirigí a escondidas a mi oficina del periódico para escribir mi último artículo. Y con fechas y pruebas demostré, que cuando los judíos de Alepo construyeron la Gran Sinagoga, ni el propio profeta Mahoma, ni la religión musulmana habían nacido todavía. Para mi sorpresa y no obstante el gran peligro, mi artículo fue publicado y esa misma noche abandoné definitivamente Alepo con destino al Líbano y de allí a París.





Y me encontré de repente como refugiado en París: sin familia, sin amigos, sin pasaporte y con recursos económicos muy limitados. Me acordé del Sr. Rene Cassin, quien se había convertido en un personaje muy importante; era el representante de Francia en la Comisión de los Derechos Humanos de la ONU, además de Presidente del Consejo de Estado y seguía siendo Presidente de la Alianza Israelita. Pedí una cita, y al introducirme a su oficina, me reconoció inmediatamente. "Tú eres el niño de Alepo" -me dijo sonriente- y continuó "¿qué puedo hacer por ti?" Le manifesté que deseaba inscribir en la Sorbona -algo casi imposible en esta época de post-guerra- además le solicité algún trabajo para poder vivir en París. Gracias a su gran influencia mis dos peticiones se cumplieron inmediatamente.
El Sr. Rene Cassin, me mandó a trabajar nada más ni nada menos que a Paris-Match, el mejor semanario de Francia. Estudiaba y además trabajaba para la revista -de gran importancia y que todavía existe-; aprendí mucho, siendo mi maestro el renombrado escritor Raymond Cartier, quien me asignó varios trabajos importantes y tenía de él un trato casi como el de un padre al hijo. Entre mis asignaciones hubo una que comprendía un extenso reportaje sobre la Alemania ocupada por los aliados, que por cosas del destino tuve que cubrir solo, recorriendo en automóvil entre 5 y 6 mil kilómetros de un país en ruinas, de un pueblo en la miseria que carecía de todo, y donde las muchachas se ofrecían a los soldados aliados por una cajetilla de cigarros. Recorrí Dachau, primer campo de concentración que se construyó en Alemania y que olía todavía a muerte con sus cámaras de gas, sus hornos crematorios y sus fosas comunes donde encontraron miles de cadáveres. Visité la Burger Brau Keller, la cantina donde Hitler organizó el partido nazi y también la cárcel donde escribió su famoso libro "Mein Kamp". Y luego seguí mi camino hasta llegar a Berchtesgaden donde Hitler tenía su casa en la colina de Obersalsberg, frente a los Alpes Bávaros. Recorrí pieza por pieza preguntándome cómo puede ser que una persona con alma de monstruo pudiera gozar de un paraíso como este.
Regresé a París con montones de notas, fotografías y recuerdos imborrables. Al presentar mi trabajo, el Sr. Cartier me dijo que estaba muy bien escrito y que las gráficas eran elocuentes, y que no tenía porqué aparecer su nombre como el autor del mismo, siendo lo correcto que se pusiera el mío, algo que me emocionó mucho al verlo publicado. 40 años después de esta anécdota, la emoción se volvió a repetir, pues El Heraldo de México, en su editorial daba las referencias a mis artículos publicados en París. Lo de Alemania, sirvió de parteaguas a mi actividad como periodista, dedicándome de lleno a las entrevistas y los reportajes.
De esas experiencias en el campo de las entrevistas, quiero señalar que un buen entrevistador debe lograr con sus preguntas -que deben ser cortas y precisas- que el entrevistado se desdoble y consuma el mayor tiempo y espacio posible; cosa que no logré con Charles Chaplin, quien al salir de Estados Unidos y radicar primeramente en París -negándose a cualquier tipo de entrevista-; con muchos esfuerzos y mañas me presenté en su cuarto de hotel y a mi pregunta... ¿Cree usted que la vida vale la pena vivirse ? él sólo me contestó: "Aún sin esperanza, vale la pena". Ha sido la respuesta más corta que he recibido en mi carrera.
Un día tomando un café en el Café de la Paix, al escuchar que unas personas estaban hablando en árabe e intuir que eran correligionarios, les pregunté de donde eran, diciéndome que vivían en México y que estaban de vacaciones. Pero la sorpresa vino después, al saber que eran familiares míos.
Atando cabos supe que eran mis primos a quienes desde ese momento les serví de guía de turistas, despertando en mi una gran curiosidad por conocer al resto de la familia. Al paso del tiempo me visitaron los tíos y por su insistencia, decidí a atravesar el charco para convivir un poco más y además, aprovechar para conocer el país; aunque mi idea era la de regresar, pues un joven de 24 años, solo y con un buen trabajo en París, realmente -por lo menos antes- la pasaba muy bien.
Antes de viajar a México, decidí visitar algunos familiares que radicaban en Israel. Como siempre he sido apátrida, me informaron que en Milán podría conseguir la visa, pero el Cónsul de origen búlgaro, me la negó pues tenía dudas sobre mi persona, pues mi pasaporte decía "origen sirio" temiendo que pudiera ser un activista árabe. Me dijeron que insistiera en el consulado de Roma, al que me dirigí aguantándome el coraje y haciendo una antesala bastante prolongada. Al fin me atendieron y al ver mi pasaporte, el empleado me dijo que si era el mismo Albert Djemal de Alepo, resultando ser Eliahu Sasson quien tenía el puesto de Embajador de Israel en Roma y que años antes me había invitado a colaborar con él en la sección árabe de la Agencia Judía.
Lo anterior lo cuento pues en mi vida han existido infinidad de coincidencias -afortunadamente la mayoría buenas- que se derivan en parte por la actividad que un periodista o escritor tiene, pues aunque uno no lo palpe de inmediato, las ideas y los nombres se dan a conocer y quedan en la mente de nuestros lectores.
A mi llegada a México en 1954, sobra decirles que mis tíos insistieron en que me iban a conseguir una buena muchacha y que no veían correcto que yo estuviera solo en París "con todos los peligros que ello implicaba" para un joven como yo. Mi principal dificultad fue el idioma, pues sólo sabía decir "buenos días". No obstante me dediqué a viajar y leer todos los periódicos y revistas que llegaban a mi mano. Realmente me sentía en esos viajes como si fuera Cristóbal Colón descubriendo un nuevo continente, pero la mayoría de lo que descubría me hizo cambiar de idea y pensar seriamente en establecerme en este país. Me enamoré de México a primera vista.
El gusanito por la escritura no cejó y logré hacer un libro en francés sobre los rasgos biográficos de personajes célebres, manuscrito que llevé a la Editorial Novaro, a quienes les interesó y una vez que se logró la traducción, se publicaron al principio 15,000, llegando a la cuarta edición con un total de 60,000 libros. Esta experiencia me impulsó a escribir en español, mandando mi primer artículo a la revista Impacto. Más tarde se me abrieron las puertas de la revista Siempre, colaborando en ella por más de 15 años.
En esta última revista pude entablar magnífica amistad con su Director don José Pagés Llergo, al que le pregunté si era verdad que había sido admirador de Hitler y del fascismo. Bajando la cabeza me dijo que desgraciadamente había sido un error de juventud. Años más tarde la B'nei B'rith de México le concedió la medalla "Rene Cassin" de Derechos Humanos, ocasión en que valientemente confesó en público lo que en privado me había manifestado. De nuevo en mi vida surgió una coincidencia con el último relato, pues los dos hombres Rene Cassin y José Pagés Llergo, han sido los que más han influido en mi vida.
Ya para terminar deseo manifestar mi satisfacción en mi última época que continúo viviendo en "Foro". Una revista que por casualidad la vi en una ocasión, gustándome su contenido y su presentación, factores que me impulsaron a colaborar. Es justo comentar también que en mi último viaje a Israel -del que han salido ya varios reportajes- me llevé unos ejemplares que provocaron una cantidad de felicitaciones y admiración por el trabajo que estamos realizando con "Foro". Labor que estoy seguro algún día reconocerán ampliamente todos los sectores judíos en México.
A groso modo esto es lo que ha sido mi vida profesional y si alguien desea saber algo de la privada... ¡Hay que pagar! o lo como se usa ahora... ¡Hay que pagar por evento!

Con estas líneas la redacción y colaboradores de este medio, felicitamos y agradecemos sinceramente los consejos y el ejemplo que Albert siempre ha proporcionado, caracterizándose además por ser una persona de muy buen humor y gran conversador.




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