El último Yahi - Intelecto Hebreo

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27/09/2017
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El último Yahi

Etapa Electónica 1

El último Yahi


Por: Magdala

El 29 de agosto de 1911 por la mañana, se encontró semidesnudo y hambriento a un indio que se resguardaba en el corral de un matadero en Oroville, California. El comisario lo consideró un demente y lo encerró en una celda para protegerlo. El pobre quedó ahí aterrado y en cuclillas, mirando fijamente sin comprender, mientras una multitud de curiosos farfullaba tras las rejas en una cacofonía de inglés, español y lenguas indias que él ni remotamente entendía.

Le llamaron Ishi. Este era el último sobreviviente de los yahi, rama de la tribu yana. Esta tribu del norte de California en otros tiempos muy numerosa, vivía de la caza, recolección de frutas y pesca y había sido víctima de una terrible masacre a raíz de la fiebre del oro en las décadas de 1850 y 1860, cuando rancheros y gambusinos inundaron California y exterminaron indios por millares.


Se pensaba que los pocos sobrevivientes de esta tribu habían abandonado tiempo atrás su lengua y forma de vida tradicionales; pero un grupo de unos 50 yahi siguió viviendo con sus costumbres de la Edad de Piedra en el desierto. Fueron muriendo, hasta que sólo quedó Ishi quien al cabo de tres años de total aislamiento y enloquecido de soledad y hambre, se desplazó hasta la civilización del hombre blanco para morir.

Después de dos días horribles de encierro, recibió a un visitante muy distinguido, el profesor Thomas T. Waterman, antropólogo de la Universidad de California. Como supuso los orígenes de Ishi, Waterman llegó con una lista de palabras en yana, las leyó en voz alta, pero el indio no mostró signo alguno de entenderlas. Los yahi      hablaban un raro dialecto del yana, además de que la pronunciación del antropólogo era malísima.

Cuando Waterman dijo siwini, que significa "pino amarillo" en yana, y señaló el catre de madera de la celda, el rostro de Ishi se iluminó y repitió una y otra vez siwini con emoción creciente pues era la primera palabra comprensible que escuchaba en tres años.

A partir de esta palabra, Waterman adquirió conocimientos básicos del dialecto yahi. Ishi fue trasladado a Los Ángeles y se volvió una celebridad. Manejó asombrosamente bien su encuentro con la civilización del siglo XX.

Ishi fue de gran utilidad para los antropólogos al explicarles el idioma yahi y mostrarles las costumbres y habilidades perdidas de su gente. Por ejemplo, les aclaró como los yahi podían trepar por una cuerda con un cesto de agua sobre la cabeza.

Por desgracia, Ishi no sobrevivió a las enfermedades del hombre blanco. En 1916 falleció de tuberculosis y su lengua murió con él.


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