El último reino judío en el exilio P.II - Copiar - Intelecto Hebreo

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28/06/2017
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El último reino judío en el exilio P.II - Copiar

Condensados

Por: Julio Algazi Maya

Jasdai Ben Itzhak Ibn Shaprut, envió a José, Rey de los Jázaros, una carta en donde le informaba sobre su inquietud por conocer el tan alejado reino judío y además describía con todo detalle, las dimensiones y condiciones de la España en la cual vivía. Mediante una buena recompensa envió la misiva con un mensajero, incluyendo un buen regalo al Rey de Constantinopla para que le ayudara a su enviado a llevar a buen fin la entrega del escrito que se había hecho.

Así pues partió el mensajero presentóse al rey, le entregó mi carta y mis presentes. El rey, por su parte, lo trató con todos los hoy le retuvo seis meses, con los embade mi señor, el rey de Córdoba. Un día les dijo a ellos y a mi mensajero que regresaran, dándole al último una carta en la que decía que el camino era peligroso, que los pueblos por entre los que tenía que pasar estaban entregados a la guerra, que el mar era tempestuoso y no se podía navepor él más que en determinada época. Cuando me enteré de eso me afligí hasta morir y me tomé muy a mal que no hubiese obrado de acuerdo con mis instrucciones y cumplido mis deseos.
Posteriormente quise enviar mi carta por conducto de Jerusalem, debido a que personas de allí me garantizaban que mi carta sería enviada a Nisibis, de Nisibis a Armenia, de Armenia a Berdan y de allí a tu país. Mientras estaba en este estado de vacilación he aquí que llegaron unos embajadores del rey de los gebalim y con ellos dos israelitas; uno de ellos se llamaba Mar Saúl y el otro Mar José. Estas personas comprendieron mi perplejidad y me tranquilizaron, diciéndome: Danos tu carta y nosotros cuidaremos de que sea llevada al rey de los gebalim quien por amor a ti, la enviará a los israelitas que moran en tierra de húngaros, éstos la mandarán a Russ, de allí a Bulgaria, hasta que, por último, llegue de acuerdo con tus deseos a su último destino.
El que sondea el corazón y los riñones sabe que no he hecho nada de eso por mi propio honor, sino que solamente para conocer la verdad, si los desterrados israelitas han formado en alguna parte un reino independiente y no están sujetos a ningún gobernante extranjero. Si, en verdad, pudiera enterarme de que tal es el caso, entonces, despreciando toda mi gloria y abandonando mi actual estado, dejando a mi familia, cruzando montes y valles, por tierra y por mar, haría hasta llegar al lugar donde reside mi señor el rey, para que así pudiera ver no solamente su gloria y magnificencia y la de sus siervos y ministros, sino también la paz de los israelitas. Al contemplarlo, mis ojos resplandecían, mis entrañas exultarían, mis labios verterían alabanzas al Señor que no ha privado de Su favor a Sus afligidos."
Ibn Shaprut continúa explicando su emoción y los razonamientos de una posible nación judía en el exilio ligados con conceptos de las Escrituras Sagradas. Asimismo en su razonar concentraba la filosofía de la herencia judaica que había recibido y que pensaba debía ser transmitida a generaciones posteriores.
"Los dos hombres que llegaron de la tierra de los gebalim Mar Saúl y Mar José, después de comprometerse a hacer llegar la carta a mi señor el rey, me dijeron: Hará como seis años llegó hasnosotros un hombre sabio e inteligente, afectado de ceguera, se llamaba Mar Amram y dijo que era de la tierra de Joz y que vivía en la casa del rey, comía en su mesa y era tenido en gran honor por él. Al oír esto envié a mensajeros que lo llevaran a mi presencia. No lo encontraron, si bien esta circunstancia confirmó mis esperanzas.

Es por eso que he escrito esta epístola a tu majestad, en la que sumisamente te ruego no rechaces mi petición, sino que órdenes a tu sirviente que me escriba".

Las preguntas de Shaprut fueron casi innumerables y versaban sobre dimensiones del Estado, nombre de poblaciones y ciudades, forma de gobierno y la relación de padres a hijos; además preguntaba sobre los medios de sustentación, formas de trabajo y producción e intercambios de ese reino con otros. Aclaraba que todas esas preguntas no eran con un interés propio y de beneficio, sino para saber a ciencia cierta lo que pasaba con el pueblo judío en esas latitudes. En la misma misiva exponía la probabilidad de cierto origen de ese reino que relacionaba con cierto israelita que vivió en tiempo de sus padres, señalando lo siguiente:
"En tiempos de nuestros padres hubo entre nosotros cierto israelita, hombre inteligente que pertenecía a la tribu de Dan, que siguió su ascendencia hasta Dan, hijo de Jacob. Hablaba elegantemente y daba a cada cosa su nombre según el lenguaje sagrado. No le fallaba nunca ninguna expresión. Cuando interpretaba la Ley, solía decir: Así Otniel, hijo de Kenaz, lo ha transmitido por tradición, de labios de Josué y éste de labios de Moisés, que fue inspirado por el Todopoderoso.
Una cosa más le pido a mi Señor, que quieras decirme si entre vosotros se lleva algún cómputo referente a la redención final que hace tantos años que esperamos, mientras pasamos de un cautiverio a otro y de un desierto a otro. ¡Cuán fuerte es la esperanza del que aguarda el cumplimiento de estos acontecimientos! Y ¡Oh!... ¿Cómo puedo seguir en paz y estarme quieto frente a la desolación de la casa de nuestra gloria y recordando a los que, escapando a la espada, han pasado a través del agua y del fuego, de manera que los que quedan son muy pocos?
Hemos sido arrojados de nuestra gloria, de manera que no podemos contestar nada cuando a diario nos dicen: Todos los demás pueblos tienen sus reinos, pero el vuestro no hay recuerdo en la Tierra. Por eso, al enterarme de la fama de mi Señor el Rey, así como del poder de sus dominios y de lo numeroso de sus fuerzas, quedamos asombrados, alzamos la cabeza, nuestro ánimo revivió y nuestras manos se vigorizaron y el reino de mi Señor nos dio una réplica para contestar a ese sarcasmo. Que se nos procuren estos informes, por cuanto así aumentará nuestra grandeza.
Al finalizar su carta lo hace con varias alabanzas al Señor de Israel y desea a José Rey de los Jázaros un cúmulo inagotable de parabienes, reconociendo que ha sido muy extenso en dirigirse a él,más sin embargo, pide no encuentre el rey una falta de respeto por dicho motivo.

Continuará:
Contestación de José desde la ciudad de Itil. Jazarina Año 965.



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