El Hombre de las Manos Milagrosas PIV. - Intelecto Hebreo

Son las:
01/08/2017
Vaya al Contenido

Menu Principal:

El Hombre de las Manos Milagrosas PIV.

Condensados

El Hombre de las Manos Milagrosas
(Cuarta Parte)


Por: JOSEPH KESSEL

      


La Gestapo prepara una emboscada
Kersten se abstuvo de hacer propuestas específicas a Himmler en varios mese limitaba a recalcar el hecho, cada vez que se presentaba la ocaón, de que los numerosos daneses, noruegos y holandeses encerrados en los campos de concenón eran ante todo germanos. No obstante, cuando los Aliados invadieron a Normandía, en junio de 1944, acometió con todo empeño la tarea de ablandar al Reichsführer hasta que, poco a poco, comenzó éste a vacilar en su lealtad hacia la política del Führer.
Me parece que usted tiene razón -le dijo un día de buenas a primeras-; no debemos matar a todo el mundo. Tenemos que mostrarnos genecon la raza alemana.
Pero pocas semanas más tarde, cuando un coronel alemán trató de quitar la vida a Hitler con una bomba que colocó en su cuartel general, el atentado tuvo la virtud de renovar en Himmler su fanática lealtad hacia su amo. Deseoso de ver correr la sangre del sacrificio por todas partes, Hitler ordenó explícitamente a Himmler arrestar 2000 oficiales alemanes en represalias. Pronto éste y Kaltenbrunner asolaban a Alemania con una despiadada cacería humana en la cual cayeron justos y pecadores sin distinción.
El primero de agosto Himmler llamó por teléfono a Kersten a Hartzwalde. Se hallaba muy enfermo a consecuencia de la implacable perseón, y le pidió que tomara su tren particular, que partía hacia Prusia Oriental esa tarde.
Cuando se disponía a salir de Berlín, llegó un sudoroso motociclista de la SS y le entregó una carta.
De mi coronel Schellcnberg -dijo el portador-. Es muy urgente.
La nota era alarmante: "¡Tenga cui...Kaltenbrunner ha dispuesto asesinarlo a despecho de Himmler. No siga el camino acospor Oranienburgo. Expone su vida si lo hace".
Kersten tomó una rápida determinación. Aunque no confiaba ciegamente en Schellenberg, resolvió seguir su consejo, pues sabía que Kaltenera enemigo jurado del coronel, su único rival peligroso.
Así, apenas subió a su automóvil, le dijo al chofer: "Tomemos hoy la ruta de Templin… para variar".
No tuvieron tropiezo alguno en el viaje, Kersten llegó a la estación a tiempo de tomar el tren especial de Himmler.
En la primera oportunidad que tuvo, le enseñó a Himmler la nota. Este envió inmediaa Brandt a Berlín con el objeto de averidiscretamente si la advertencia de Schellentenía fundamento. No era difícil, ya que los servicios secretos, al igual que la selva, tienen sus propias leyes. Kaltenbrunner tenía sus agentes que espiaban las maniobras de Schellenberg, éste los suyos para espiar las de Kaltenbrunner; y Brandt había logrado introducir agentes de Himmler que los vigilaban a ambos.
Al día siguiente ya estaba de vuelta Brandt. Efectivamente, Schellenberg había dicho la verdad. Se había preparado una emboscada en Oranienburgo en la cual Kersten y su chofer iban a ser acribillados a balazos. El oficial que manel destacamento informaría a Kaltebrunner que un automóvil se había negado a hacer alto cuando él se lo ordenó y por tanto había hecho fuego sobre él. Kaltenbrunner informaría desés a Himmler de que había ocurrido una lamendesgracia; el Dr. Kersten, que era el ocudel automóvil, había muerto.
Himmler, que recibió este informe mientras se sometía a un tratamiento, se incorporó iracundo y se vistió rápidamente.
Vamos a comer -ordenó a Brandt-; dígale usted a Kaltenbrunner que nos acompañe.
La comida comenzó en silencio. Por fin Kaltenbrunner inició la conversación con un ataque mordaz, apenas disimulado, contra KersEl Reichsführer lo interrumpió repenti
Oiga bien, Kaltenbrunner; usted no hubiera sobrevivido a Kersten ni una hora.
Kaltenbrunner palideció, su temor era visible. Himmler continuó:
Espero que tanto usted como el Dr. Kersten disfruten de una vida larga y saludable. Ambos son muy importantes para mí, y no toleé ningún accidente. Si alguna desgracia le llea ocurrir al Dr. Kersten, eso tendría consegraves, pero gravísimas para usted. ¿He hablado claro?
Perfectamente, Herr Reichsführer -asintió Kaltenbrunner.


"Uno de los caprichos del buen doctor"
El intento de asesinato sirvió para conla posición de Kersten. Se hizo aun más indispensable para Himmler cuando éste se dio cuenta de que había estado a punto de perderlo; y, aprovechándose de esta circunstancia, el doctor activó con mayor osadía el plan sueco de salvamento.


La lucha para que Himmler lo aceptara fue larga y estuvo sujeta a muchos reveses; mas, el 8 de diciembre de 1944 obtuvo concesiones insospechadas...que se debieron, irónicamente, al hecho de haber perdido la paciencia por com
Un amigo suyo, Karl Wentzel, comen un complot contra la vida de Hitler, estaba reducido a prisión y condenado a muerte. Como por la misma naturaleza del crimen Kersno hubiera podido conseguir su libertad, pidió a Himmler que por lo menos le perdonase la vida. En efecto, así se lo prometió solemnemente, bajo su palabra de honor de líder alemán.
Sin embargo, el 8 de diciembre supo el doctor que Wentzel había sido ahorcado. La notilo conmovió profundamente y, sin pensarlo, abrió de par en par la puerta del despacho del Rcichsführer y se presentó ante él con los puños crispados.


¿Es así como respeta usted su palabra? -dijo con rabia-. ¿Es ése el honor de un gran líder alemán?
A Himmler le temblaron los labios, sus hombros se hundieron apesadumbrados. Le dolía quedar como un farsante ante el hombre cuya admiración y cariño anhelaba.
Créame usted -protestó-; mis esfuerzos fueron inútiles. Hitler no quiso ceder por nada de este mundo.
Kersten le volvió la espalda.
No, no se vaya. Escúcheme usted. Pero Kersten salió del despacho dando un portazo.
No obstante, en la oficina exterior, Brandt defendió la integridad de su jefe en este asunto, diciéndole:
No olvide que Hitler estaba conde que Wentzel tomó parte en la conspión fraguada contra él. En un caso así la influencia de Himmler no sirve gran cosa. Ya conoce usted bastante nuestra camarilla para imaginarse lo que sucedería.
El furor de Kersten se aplacó. Entró de nuevo en el despacho y le dijo con toda calma.
Creeré que la intervención de Hitler no le permitió cumplir su palabra en el caso de Wentzel, siempre que usted la cumpla en otros casos en que su autoridad es indiscutible.
Todo lo que usted quiera... ¡ Se lo juro! Y a renglón seguido convino en soltar a 50 estudiantes noruegos y a 50 policías daneses inmediatamente; en dar libertad a 3000 mujeres holandesas, francesas, belgas y polacas, tan pronto como los suecos pudieran hacerse cargo de ellas; y en trasladar a todos los presos escandinaa un solo campo apartado del sector bompor los Aliados.
Aunque había sido un día memorable, Kersten no quedó satisfecho. Le habían informado que Suiza esdispuesta a recibir 20,000 judíos si él podía conseguir su liberación. ¿Convendría Himmen ello?
Ni siquiera piense en semejante cosa -le respondió ateHitler me haría colgar sin fórmula de juicio.
A pesar de tan rotunda negativa, Kersten siguió suplihasta que el otro convino en una transacción.
Todos los que puedo darle son 2000 -dijo-; cuando mucho 3000. Le ruego que no me pida más.
Durante dos meses pareció haber olvidado su promesa; hasta que un día se dio la orden de trasladar 2700 judíos, que estaban encaren un campo de clasificación, a las cámaras de gas y de ahí a los hornos de cremación. Los trenes estaban atestados de estos infelices y el oficial del convoy llamó al centro de dirección en solicitud de permiso para comenzar la marcha.
¿Dice que son 2700? -preguntó Himmler a Brandt, que le había trasmitido el mensaje. El número le había refrescado la memoy exclamó de pronto; "¡Precisamente los que necesito! Disponga que los trenes se dirijan a la frontera suiza y no al oriente. Informe a las autosuizas, a la Gestapo, a los ferrocarriles y a nuestros guardas fronterizos". Movió la cabeza y añadió satisfecho:
Dos mil setecientos...cualquiera diría que lo han hecho a propósito. No son ni muchos ni muy pocos. Precisamente los suficientes para satisfacer uno de los caprichos del buen doctor.
Apenas se puede uno imaginar cuál sería la impresión que causó este singular "capricho" entre aquellos 2700 condenados, hombres, mujey niños, casi esqueletos, vestidos de harapos, que salían dando tumbos de los furgones de gahacia su destino. Porque en vez de ser arrojados a las cámaras de gas, eran recibidos por una compañía del SS que los saludaba y los conducía ceremoniosamente a través de la frontera para dejarlos en Suiza, en donde enfermeras de la Cruz Roja los recibían entre sonrisas y lágrimas.. .y la promesa de volverlos a la vida.

"Contrato en nombre de la humanidad"
A medida que el aro de acero se iba cerrando en derredor de Alemania, el furor maático de Hitler no admitía límites. El servicio de contraespionaje norteamericano supo que, en su insano deseo de venganza, había ordenado fora Himmler dinamitar los campos de concentración, con todos sus prisioneros, tan pronto como las tropas enemigas llegaran a ocho kilómetros de distancia. Como había 800,000 prisioneros en esos campos, los norteamericanos apelaron a los suecos para que trataran de evitar este postrer horror. Los ministros suecos acudiea su turno a Kersten, durante una de las periódicas visitas que entonces el médico hacía a Estocolmo, para pedirle que hiciera cuanto esa su alcance para prevenir la carnicería que parecía inevitable.
¿Es verdad que Hitler le ha ordenado volar los campos de concentración cuando se aproximen los Aliados? -preguntó Kersten a Himmler un día durante el tratamiento. verdad, si perdemos la guerra, nuestros enemigos tienen que morir con nosotros.
Los grandes alemanes del pasado no hubieran procedido de esa manera... Y usted es el alemán más grande del presente.. .Más poderoso que Hiüer, hoy día. Alemania se derrumba; sus ejércitos sufren derrotas en todas partes, sus generales se encuentran impotentes. Usted posee la única fuerza que le resta: la policía SS.
Himmler no le respondió. Sabía que lo que Kersten decía era la pura verdad, pero el pensamiento de asumir la responsabilidad de la dirección suprema lo arredraba.
Entonces, sea generoso -díjole Kersten con más vehemencia.
¿Y quién me lo agradecerá? Nadie.
La historia se lo reconocerá. Tendrá usted la gloria de haber salvado 800,000 vidas.
Al ver que Himmler simplemente se encogía de hombros, Kersten no insistió más. Empero, al día siguiente volvió sobre el mismo tema, y al siguiente y al siguiente.. .como también lo hicieron Brandt y Berger y Schellenberg.
Finalmente, el 12 de mayo de 1945, Himmler redactó y escribió de su propia mano, en presencia de Brandt y Kersten, uno de los documás extraordinarios que vieron la luz en aquella época de guerra. Se llamaba "Contrato en nombre de la humanidad" y estipulaba lo siguiente:
1.- Los campos de concentración no serán dinamitados.
2.- Ni un solo judío más será ejecutado.
3.- Suecia podrá enviar paquetes india los judíos prisioneros.
Himmler firmó primero el documento y en seguida Kersten.

La Reunión de Armagedón
Pocos días después Kersten daba cuenta de esta increíble noticia en Estocolmo y añadía:
También estoy autorizado para llevar a un representante del Congreso Mundial Judío a entrevistarse con Himmler.

Eso es absurdo -exclamó Christian Gunther saltando de la silla-. Bien sé que usted hace milagros, pero éste es imposible aun para usted.
Mas no lo era. Para sellar su gran victoKersten había convencido a Himmler de que soltara 5000 judíos más, y luego, acometido de loca inspiración, le había pedido que recibiera personalmente a uno de ellos para convenir los detalles de la liberación. Le había parecido propio que el verdugo hiciese honor al representante de los condenados.
Aunque protestó airadamente al prinhabía cedido a la postre, como impelido por una necesidad crónica de obedecer a una voluntad más fuerte que la suya. La entrevista tendría lugar en Hartzwalde.
El Congreso Mundial Judío escogió ena toda pnsa a un joven llamado Norbert Masur, a quien Kersten conoció en Estocolmo, y el 19 de abril volaron ambos a Berlín en un avión que les facilitó Himmler.
Era uno de los últimos que llevaron la esvástica y ellos los únicos pasajeros. Al aproxia Berlín oyeron el tronar de la artillería rusa. En un subterráneo debajo de la Cancillería del Tercer Reich, como cogido en una trampa, rabiaba Hitler y daba sus últimas órdenes inspirapor la desesperación y la locura.
Llegaron los dos viajeros a Hartzwalde a medianoche. Dos horas después se presentó Schellenberg en traje de civil; parecía cansado, deprimido, ansioso. Informó que Himmler se hallaba sometido a la más violenta presión por parte de Martin Bormann, quien compartía el delirio de Hitler de acabar con todos los prisio
Me temo que va a terminar por ceder -dijo Schellenberg-. Tiene celos de las relaciones de Bormann con Hitler. (Bormann era el jefe del partido nazi).
Parecía monstruosamente irreal que mientras el Reich se derrumbaba en torno suyo, los líderes del nazismo continuaran sus bajas intrigas, que siguieran danzando como insensatos alrededor del rey de los locos.
Es indispensable que Himmler con firme las promesas que le ha hecho -continuó Schellenberg-. No obstante, si se volviera atrás, Brandt y yo trataríamos de impedir el cumplide sus órdenes...El presente estado de nuestras comunicaciones sería una excusa sufiEsa mañana salió Schellenberg para Berlín con el objeto de traer a Himmler a Hartzwalde; anticipó sin embargo que volvería larde, porque el Reichsführer tendría que asistir a una "deliciosa fiestecita de familia: el cumños de Hitler".
Kersten y Masur aguardaron impacienhasta bien avanzada la noche. Por fin llegó Himmler en compañía de Brandt y Schellenberg. Se habían retardado por causa de los aviones enemigos que los ametrallaron; varias veces tuque arrojarse del auto para buscar abrigo en la cuneta del camino.
Himmler, que lucía su mejor uniforme negro, tachonado de medallas, recibió a Masur con toda calma. Apenas se sentaron alrededor de una mesa, inició con gran desembarazo un largo discurso acerca del problema judío. Aunque no se mostró violento ni grosero, como solía hacerlo cuando trataba aquel tema, no calló ninguna de sus ideas antisemíticas más firmes.
Kersten admiraba la prudencia y el dominio de sí mismo de Masur; mas cuando Himmler comenzó a explicar que los judíos eran portadores de gérmenes de tifo y otras enfermey que, con objeto de impedir la propagación de esas epidemias era por lo que los enviaban a los hornos cremael doctor hubo de inter
No estamos aquí para hablar del pasado -dijo-. Nuestro único interés radica en ver lo que toía se puede salvar.
Así es -apoyó Masur-; lo menos que se puede hacer es garantizar la vida de todos los judíos que aún quedan en Alema
Siguió una larga y enojosa disón. Aun en esta conferencia de último momento, Himmler temía que Hitler descubriera sus intenciones y fue sólo a las seis de la mañana cuando vino a ceder a las súplicas de Masur.
Ya con la luz del día Kersten acompañó a Himmler a su automóvil. Un viento frío y húmedo sacudía las ramas de los árboles. Los dos hombres no hablaron. Ambos sabían que no volverían a verse más.
Al llegar al coche, Himmler se volvió al doctor y le dijo:
No sécuánto tiempo más viviré. Pase lo que pase, le pido a usted que no piensa mal de mí. Sin duda, he cometido errores.. .pero Hiüer quería que fuese duro. Con nosotros desaparecerá lo mejor de Alemania.
Entró en el coche, tomó la mano del médico, la estrechó entre las suyas y con voz ahogada volvió a decirle:
Kersten: le estoy muy agradecido. Compadézcase de mí. ¡Qué será de mi pobre familia!
Y las lágrimas asomaron a los ojos de aquel hombre que había ordenado más ejecucioy más asesinatos en masa que cualquier otro en la historia y que, a pesar de todo, era capaz de condolerse tanto de sí mismo. Se cerró la portezuela y el coche se alejó.





Epílogo
Dos semanas después de la rendición de Alemania, Heinrich Himmler estaba todavía en libertad, en tanto que la mayoría de los jefes nazis sobrevivientes habían sido reducidos a prisión. Sin embargo, el 21 de mayo de 1945, unos soldados ingleses que inspeccionaban un puente de la villa de Bremervorde, al noroeste de Alemadetuvieron a un hombre que se identificó como Heinrich Hitzinger. El hecho de que sus documentos de identificación estuviesen en regla despertó las sospechas de los guardias, pues entre los millares de refugiados que llenaban los camialemanes, eran muy pocos los que siquiera tenían papeles.

El hombre en cuestión era Himmler. Se había afeitado el bigote y llevaba un parche sobre un ojo, a manera de disfraz. Himmler se escapó del juicio que se les siguió a los criminales de guerra quebrando con los dienuna ampolleta de veneno en el campo de prisión. Murió a los 15 minutos.
Entre los juzgados como criminales de guerra, Gotüob Berger fue sentenciado a 25 años de cárcel y puesto en libertad después de haber pagado cinco. Hoy dirige una fábrica de varillas para cortinas. A Schellenberg le tocaron seis años y salió después de pagar dos; murió un año desés, a los 42 de edad.
A Rodolfo Brandt se le halló responde todas las monstruosas instrucciones que redactara y firmara cumpliendo órdenes verbales de Himmler. Kersten hizo todo cuanto estuvo en su mano para defenderlo, hasta escribió al preTruman de los Estados Unidos; pero nada le valió: Rodolfo Brandt murió en la horca.
Félix Kersten se estableció en Succia después de la guerra, pero por mucho tiempo se sospechó de él: había sido el médico del más infame de los asesinos nazis. Al saberlo se indigalgunos de los holandeses a quienes había asistido, y a instancias suyas se instituyó una comisión especial para investigar su conducta dula guerra. En 1949, después de examinar a numerosos testigos y algunos centenares de docula comisión emitió un informe vindipor completo a Kersten. Subsecuentefue condecorado por el gobierno de Holanda.
En 1953 se le otorgó la ciudadanía sueca, y el Ministerio de Relaciones Exteriores de Suecia, en un informe oficial, elogió la parte que tuvo en el salvamento de millares de prisioneros. Desde su base en Estocolmo, volvió a ejercer su profesión con gran éxito en Alemania, Suecia, Holanda y Francia, hasta su muerte, ocurrida el 16 de abril de 1960, a causa de un ataque cardiaco.

      


Regreso al contenido | Regreso al menu principal