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01/08/2017
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Choque de generaciones

Etapa Electónica 1
Choque de generaciones
Por: Reyna Liberman
Un término reciente aparece en la sociedad israelí: Postsionismo. Aquellos que introdujeron la idea, argumentan que la razón de ser del sionismo, fue terminar con la anormalidad de la existencia judía, al crear una entidad política soberana con mayoría judía.
Al cumplirse este objetivo o sea la creación del Estado, señalan que el sionismo se convierte en un movimiento que ha sobrevivido a su propósito, y los judíos, sea que vivan en el Estado o fuera de él, pueden sentirse libres se seguir con sus vidas, sin sentirse comprometidos a ninguna misión especial o sentido de responsabilidad.
El problema con esa concepción, es que el sionismo nunca fue concebido por ninguno de sus protagonistas, como una idea cuyo único objetivo era garantizar un refugio para los judíos perseguidos. Hasta Herzl que sintió la urgencia de establecer un refugio así, más que nadie, fue el visionario de la creación de una nación moderna que serviría como inspiración al resto del mundo, y se preocuparía por el bienestar de los judíos en todo lugar. Y aunque los sionistas han ciertamente disentido, sobre como debe ser el Estado judío, también hubo una pasión por crear una sociedad, que ejemplarizara lo mejor que la civilización judía puede ofrecer.
El sionismo es sencillamente "El amor a Zion", a la tierra de Israel. Pero realmente nada es tan sencillo; es indiscutible el nexo que existe entre el pueblo judío y la tierra de Israel. Si nuestro pueblo hubiera abandonado ese lazo, entonces nos hubiéramos transformado en una comunidad religiosa, que iría perdiendo sus valores étnicos y nacionales. Lo anterior no ocurrió porque el judío, siempre fue considerado por los demás y por si mismo, como una minoría exiliada. Siempre fue consciente de su pertenencia a la tierra de Israel, ya que por si lo olvidábamos el mundo se encargaría de recordárnoslo reiteradas veces. El pueblo de Israel, su tierra y su religión no se pueden disociar, aunque en el transcurso de las últimas décadas, se hayan producido para el pueblo judío, acontecimientos de magnitud tal, que hasta los que vivimos en esta generación no tenemos plena conciencia que algo pasa en la vida judía.
Existieron muchas olas de aliya, unas más organizadas y otras menos, pero no podemos engañarnos y decir que en todos los países que hoy conocemos, existen masas que emigran hacia Israel. Muchas veces, por diferentes problemas que se presentan a nivel nacional, en los diferentes lugares en los que estamos dispersos, ya sean persecuciones o problemas económicos, el judío emigra y por lo general lo hace a Israel, consciente en un 100% que siempre será recibido con los brazos abiertos.
Y la pregunta vuelve a surgir: El sionismo, ¿es historia o actualidad? Viendo hoy la situación por la que pasa Israel, lamentablemente esta pregunta no está fuera de lugar. Es cierto que como dice el gran poeta judío Jaim Najman Bialik: No vamos a Israel para buscar poder y riquezas; pero ¿seguridad? ¿Está de más pedir seguridad para nosotros y nuestras familias? No, por supuesto que no. No por esto dejamos de amar a Zion ni dejamos de creer que también llegará nuestro momento de llegar a la tierra prometida.
Hoy en día Israel necesita tanto de los judío que viven allí, como de los que tienen planes inmediatos para emigrar, como también de los que todavía están en la diáspora, todos tenemos la posibilidad de aportar nuestro granito de arena para un Israel mejor, seguro y próspero.
Los judíos de la diáspora tenemos una labor muy importante ante las demás comunidades del mundo, debemos representar con altura y orgullo, a un Estado que siempre dará todo por nosotros. Debemos ser, todos y cada uno de nosotros respetables embajadores del Estado de Israel.
No olvidemos que el recordar siempre nuestro origen y nuestra pertenencia, nos llevará a hacer del sionismo algo de "actualidad" y nunca pasará a la "historia".
Por eso, Max Nordau, escritor y activista del sionismo desde sus inicios, que combatió la asimilación con energía, considerándola la enfermedad de todas las épocas, decía: "la asimilación es sólo la respuesta de los judíos que no entienden que son diferentes a las mayorías, y que no importa como seamos ni que hagamos, la psicología del ser humano, es no aceptar al que es diferente, y siendo una minoría es más fácil marginarlos, por eso el judío debe comprender, no sólo su diferencia de los demás, sino valorarla y que ésta lo hace especial y lo une a una tierra que sólo le pertenece a él por ser judío.
Entonces el sionismo, siempre ha sido y siempre será, la construcción de la sociedad israelí, enriquecida con los valores y tradiciones del judaísmo; lo cual nos lleva a otro término de reciente aparición: Judaísmo contemporáneo.
¿Acaso existe un judaísmo antiguo y otro moderno, o aún más, contemporáneo? Esto equivaldría a decir que hay una Torá antigua y otra moderna, o un Talmud antiguo y otro moderno, y así sucesivamente con todo lo que representa nuestras raíces.
Lo que si es posible, es hablar de identidad y continuidad judía, adaptable a la época en que vivimos. Es importante señalar que cada Séfer Torá que se ha escrito en el transcurso de más de 3000 años; ha sido copiado de un original anterior a él, letra por letra, para evitar el más mínimo cambio, de modo que la identidad está allí y es solamente responsabilidad nuestra apegarnos a ella o no. Lo mismo puede decirse de la continuidad, aunque es necesaria primero la identidad judía y el conocimiento de nuestros valores y raíces.
Ahora bien el sionismo subrayó el aspecto nacional del judaísmo, en oposición a sus adversarios que ven en el judaísmo tan sólo una fe religiosa. Este hecho de la pertenencia religiosa, aunque sea por medio de una tenue observancia de algunos ritos de la religión, sigue siendo incluso en nuestros días, el principal eslabón que vincula a los judíos. El problema del judío moderno, es que abstrae su judaísmo de si mismo. Nuestro judaísmo y nosotros, somos a menudo dos cosas distintas: existe un judaísmo y existe un "yo"; este es el problema religioso y psicológico fundamental de los judíos de nuestros tiempos.
¿Cuál fue la imagen religiosa que tenían los judíos de si mismos? esta imagen se consubstanciaba con una concepción del universo: Dios es el creador del universo, es la fuente de la vida, del poder y del significado. En un momento y lugar particular El Sinaí, Dios se reveló con un documento particular La Torá. Dios eligió para llevar a cabo su voluntad en el mundo a un instrumento llamado Pueblo de Israel. Por lo tanto, ser judío se expresa en una relación triple: en los actos, en el pensamiento y en los sentimientos. Los judíos se han relacionado con su tradición con la vida judía y con su Dios en esta relación triple. Así es como nos explicamos, que la diáspora o dispersión por el mundo fue concebida como un castigo divino". Por culpa de nuestras faltas fuimos desterrados de nuestro país".
Dios era el amo del mundo, que fijaba el destino de las naciones y de los individuos, y Dios había elegido a Israel entre todas las naciones. Pero los sufrimientos originan la redención, sólo si se cumplen las tradiciones en el país foráneo. Fue en el período moderno que los judíos descubrieron inesperadamente, que la imagen que tenían de sí mismos como pueblo elegido entre las naciones del mundo, no concordaba con los nuevos conocimientos que habían comenzado a impregnar el mundo. La ciencia y la filosofía habían comenzado a socavar tanto en los judíos como entre los no judíos, la idea ortodoxa de Dios. La imagen histórica del judío se hizo añicos, puesto que le resultaba difícil creer en Dios. Como consecuencia, se disolvió la unidad de la clásica relación triple, entre pensamiento, conducta y emoción. Además de que la revolución científica que destruyó la imagen religiosa que los judíos tenían de sí mismos, se asoció a una revolución política, que apresuró el auge de la democracia; y por lo tanto eliminó la necesidad de vivir en el ghetto. Durante siglos los judíos habían vivido en ghettos, asumiendo el papel de redentores del mundo y cuando comenzaron a salir al mundo de los gentiles, lo hicieron sin equipaje, porque cuando alguien se muda lo mejor es hacerlo sin cargas pesadas.
Esto es lo que los judíos estuvieron haciendo durante los últimos 200 años. Para entrar en el mundo de los gentiles se fueron desprendiendo de su equipaje: dejaron de lado el Bar Mitzva, las prescripciones, la observancia religiosa, el Shabat, los pensamientos...
En nuestro judaísmo aún seguimos la marcha, pero ahora ya existe un mayor conocimiento de la importancia de los actos y de la idea. La tarea crucial que enfrentamos es tratar de conseguir la integridad que representa la reconstrucción de nuestro judaísmo; tanto en la mente como en los actos y el sentimiento.
Debemos mantenernos fuertes y centrados en nuestras costumbres y nuestra forma de vida. No permitir que el ambiente que nos rodea nos aleje de nuestras creencias, y por supuesto que no hablamos de quedarnos encerrados en nuestras casas, nuestras escuelas y nuestros templos, para mantener nuestra forma de vida, sino por el contrario, debemos aprender a vivir como los demás sin dejar de enseñar a nuestros hijos, lo que ellos deben enseñar a su vez a sus hijos: acerca de quiénes somos, de dónde venimos y en lo que creemos o sea, lo que nos ha mantenido vivos hasta el día de hoy. Pudiere ser, que el día que hayamos aprendido esta lección será el día en que dejaremos de ser un pueblo perseguido.
Tratando de reconstruir nuestro judaísmo, es importante y absolutamente imprescindible hablar de la Judeofobia, término recién acuñado. Ha prevalecido la expresión Antisemitismo sobre la más apropiada de judeofobia, debido a la inconsciente necesidad colectiva de diluir la especificidad del fenómeno. Se trató de una especie de evasión eufemística para no confrontar de modo directo, una enfermedad que ha envenenado por milenios, el corazón de millones de seres humanos.
Esta es la posición más peligrosa porque en nuestro afán de reconstruir nuestro judaísmo con todos los retos que ello implica, ahora tenemos que buscar argumentos válidos para luchar contra la judeofobia. Hasta fines del siglo XIX la judeofobia había arrasado comunidades enteras, destruido cientos de miles de vidas, sembrando desolación y destrucción por doquier; había dado lugar a mitos, miedos y enfrentamientos que inundaron de violencia la vida europea en especial.
Ahora bien, actualmente hay 13 millones de judíos en el mundo. Salvo Estados Unidos en donde superan el 2% de la población total y en Israel que constituyen el 90%; en el resto del mundo las comunidades judías nunca llegan al 1% de la población del país. Sin embargo, es notable que en todo el país seamos percibidos como si fuéramos como 5 ó 10 veces más. Esa sobre percepción resulta de por lo menos tres factores:
1.- Los judíos son eminentemente urbanos, o sea que se concentran en una o dos ciudades principales de cada país.
2.- Son muy activos en aspectos sociales como comercio, artes y ciencias.
3.- Su historia se transformó en la historia sagrada de una buena parte de la humanidad, por la que la mayoría de las personas aprenden sobre los judíos en algún momento de su educación, aún sin conocerlos personalmente.
Aversiones contra grupos siempre existieron pero la judeofobia es un odio excepcional. Los judíos fueron odiados en sociedades paganas, religiosas y seculares. En bloque fueron acusados por los nacionalistas de ser los generadores del comunismo, por los comunistas de regir el capitalismo; en el mundo en general son acusados de doble lealtad y si viven en Israel se les acusa de ser racistas.
Cuando gastan su dinero se les reprocha por ostentosos, cuando no lo gastan son considerados avaros. Son tildados de cosmopolitas sin raíces o de chauvinistas empedernidos; si se asimilan al medio se les acusa de quinta columna, y si no, de recluirse en si mismos. No se desprecia al judío por ser inferior y no se le recela por apoderarse empleos disponibles; se le teme y odia por ser el culpable de los males más insospechados, virtualmente de todos los males.
Todo desprecio a un grupo étnico o religioso, todo racismo y persecución deben ser repudiados.
Ustedes se preguntan: ¿Cómo podemos combatir la judeofobia? Una sugerencia sería beber de nuestras fuentes, empaparnos de la sabiduría de nuestros profetas, estudiar nuestros valores, conocer nuestra literatura, etc.
Ya desde el tiempo del primer exilio, el de Babilonia, el gran escritor y profeta Ezequiel, afirmaba que la única salvación era la que se obtenía mediante la pureza religiosa. Dios ya no castigaba colectivamente al pueblo por los pecados de sus jefes, ahora la responsabilidad era individual; de manera que los judíos se vieran forzados a hallar medios para preservar su identidad, y de aquí surgió la necesidad de dirigirse a sus leyes y a las crónicas de su pasado. Es entonces cuando empieza verdaderamente el judaísmo, y los escribas se convierten en una casta importante dedicada a redactar las tradiciones orales, a copiar los rollos preciosos traídos del templo destruido, a ordenar, a compilar y racionalizar los archivos judíos. Si el individuo asumía la responsabilidad de obedecer la ley debía conocerla, por lo tanto había que enseñarla. Y por primera vez se disciplinaron en la práctica regular de su religión: el judaísmo.
El pueblo de Israel produjo la literatura más grande de la antigüedad, y su inclinación nacional era escribir siendo el Tanaj o antiguo testamento, apenas un pequeño fragmento. La literatura era vista como una actividad didáctica con un propósito colectivo; de allí que los judíos fueran sobre todo historiadores. Y la Biblia es esencialmente una obra histórica de principio a fin. Es a partir de la antigüedad en donde el rabino y la sinagoga, se convirtieron en las instituciones normativas del judaísmo. La idea del carácter sagrado de la vida humana fue el precepto fundamental de la ética judía, y determinó las cláusulas de los códigos penales judíos desde la antigüedad. Nuestros sabios transformaron la Torá en una guía universal, intemporal, integral y coherente; aplicable a todos los aspectos de la conducta humana, de modo que la Torá se convirtió en la esencia de la fe judía.
Ahora bien, volviendo a la judeofobia, podemos afirmar que permite a la gente que la practica, ventilar sus instintos sádicos. La judeofobia es una forma de sadismo social y para un sádico, la judeofobia es una especie de salvavidas, por ejemplo: al intervenir en un pogrom, el judeófobo no sólo da rienda suelta a sus más bajas pasiones, sino que experimenta la satisfacción complementaria de aparecer como guardián de la sociedad, del honor nacional y de la gloriosa tradición patria. Es lo que se llama un negocio redondo. Para ilustrar lo anterior, citaremos a un director de una escuela en Berlín, que fue despedido por quedarse con el dinero de una colecta que habían hecho los alumnos. Poco después escribió un artículo llamado "La última posición del pueblo ario contra el judaísmo" acusado ante la ley por sus calumniados, debió penar por 4 años de cárcel. Pero su popularidad crecía y decidió hacer de la judeofobia su profesión, ya que le permitía cometer delitos y justificarlos ideológicamente.
El rol de la iglesia en la historia de la judeofobia en general, fue central y paradójico. Ya en 1892 alguien definió ese rol de esta manera: "El odio de la gente contra el judío es obra de la iglesia, que protege a esa gente de las furias que la misma iglesia ha desatado".
Algo similar puede decirse de los ataques obsesivos que sufre Israel. La ONU no es responsable por el terrorismo contra los judíos, pero por medio de perdonar reiteradamente ese terrorismo y condenar sistemáticamente a Israel, alentó al terrorista haciéndole sentir socio de la comunidad internacional en su lucha contra el sionismo.
Por lo que a la iglesia se refiere tenemos la esperanza, que el acto de contrición del Papa ante el muro de los lamentos, pueda poner en movimiento la demorada reconciliación del pueblo judío con la cristiandad y ojalá tenga el potencial de señalar el comienzo del fin de la judeofobia. La universalidad de la judeofobia se manifiesta entre otras cosas, en el hecho de que los judíos han sido expulsados de casi todos los países donde han residido: Inglaterra en 1290, Francia en 1306 y 1394, Lituania en 1445 y 1495, España en 1492 y Alemania en el siglo XX.
La profundidad de este sentimiento, va más allá de la discriminación hasta la violencia física. De hecho, durante el siglo XIX y parte del siglo XX diversos sectores reformistas del judaísmo germano y estadounidense, en su intento por integrarse a las sociedades en las que vivían, abogaron infructuosamente por eliminar el componente nacionalista del judaísmo.
Durante siglos la judeofobia ha sido una condición sine qua non de la existencia judía, se han propuesto las siguientes posibilidades para erradicar, disminuir o contener la judeofobia.
1.- Asimilación a la sociedad circundante, siendo ésta una solución negativa pues implica alejamiento y pérdida del judaísmo.
2.- Sionismo entendiéndose como regreso de los judíos a su propio estado.
La judeofobia continúa presente en el siglo XXI manifestándose en diferentes formas e impulsado por el internet que ha revolucionado la comunicación global y transnacional.
Llevamos más de 2000 años siendo un pueblo perseguido ¿Cuál será la razón? ¿Por qué será que con el paso de los años con todo lo que la historia nos ha enseñado, el resto de la población mundial no desiste? Lo que la historia nos enseña, es que sin importar el método utilizado, llámese esclavitud, llámese destierro, llámese inquisición, llámese pogrom o llámese holocausto: el judío sobrevive lo que no te mata te hace fuerte. Somos hoy un pueblo fuerte, trabajador, productivo, cultural, artístico, tradicional...
¿Qué es entonces lo que a los hombres de otras creencias no les parece?
¿Cómo poner un alto a la corriente antijudaica que se desata a nivel mundial constantemente?
Supongo que nadie tiene la respuesta; de lo contrario habríamos ya encontrado la paz, que después de todo, es lo que todos anhelamos.
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