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08/09/2017
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Basch, inventor del Esfigmomanómetro

Etapa Electónica 1
Basch, inventor del Esfigmomanómetro
 
Por: Zvi Avigdor, New York, E.U.
 
Hoy día, al acudir a una consulta médica, lo primero que experimenta un paciente es la toma de sus "signos vitales". Esto consiste en obtener su temperatura, la velocidad del pulso, la frecuencia respiratoria y la presión arterial. El aparato con el que se toma la presión arterial se llama esfigmomanómetro (o baumanómetro) y fue inventado por un médico judío a fines del siglo XIX, llamado Samuel Basch, también conocido como Ritter von Basch. Además de ese extraordinario invento, el Dr. Basch fungió como médico personal del emperador Maximiliano durante su estancia en México. Leamos su fascinante historia.
 
Samuel Siegfried Karl Ritter von Basch (1837-1905) nació en Praga, Austria (hoy República Checa), donde comenzó a estudiar medicina y al cabo de tres semestres, decide que al graduarse se dedicaría a la investigación; es por esto que en 1857, se traslada a la Universidad de Viena para tomar cursos de química, los cuales eran indispensables para tal propósito. Adquiere el título de médico en esa institución en 1862, estando aún interesado en una carrera médico académico. Así, durante los próximos 3 años se dedica a dar clases en la Facultad de Medicina de Viena como ayudante de profesor y trabaja también en sus laboratorios experimentales, pero para ayudar a sus ingresos, se ve obligado a atender pacientes en el Hospital General de esa ciudad. Durante este tiempo el Dr. Basch se hizo de nombre como patólogo-microscopista.
 
Por otra parte, el lector recordará que el archiduque de Austria, Fernando Maximiliano de Habsburgo llega a México en 1864 como "Emperador". Su médico de cabecera era el Dr. Friedrich Semeleder, quien por razones personales decide no acompañar a Maximiliano a México. Recordemos también que en este tiempo se encontraban tropas francesas en México y sucede que el puesto de patólogo en el Campo Militar de Puebla estaba vacante. La búsqueda de candidato para esta plaza se hacía en Europa y se le ofrece a Basch. El cargo incluía también la jefatura médica de la guarnición y así, en 1865, se otorga a nuestro protagonista el título de Jefe de Cirujanos del hospital militar de Puebla. Allí se distinguió a tal grado, que es notado por Maximiliano, quien lo nombra su médico de cabecera. Durante los próximos 10 meses (hasta la muerte del emperador) el Dr. Basch no sólo fue su médico personal sino su consejero y confidant.
 
En la primavera de 1867, estando con el soberano en el sitio de Querétaro, se hizo obvio que serían capturados en pocos días por las tropas de Juárez. Maximiliano le pide a Samuel que tome notas de los sucesos acontecidos y le hace prometer que los publicaría si algo malo le llegara a suceder. Basch cumplió su promesa, publicando el libro Erinnerungen aus México (Recuerdos de México) en 1868. En él, el Dr. Basch describe con gran certeza la personalidad de Maximiliano y las incertidumbres que el monarca y sus colaboradores experimentaron durante el periodo final del Segundo Imperio. Con amplio talento describe los conflictos existentes en esa época entre México y Francia y narra la bravura de los 9,000 defensores de Querétaro que lucharon contra más de 40,000 soldados del Ejército Liberal, así como sus errores tácticos. Asimismo indica que a pesar de múltiples adversidades, Maximiliano demostró valentía y conductas dignas durante esos 2 meses de sitio; tales como el observar y dirigir las operaciones militares, a pesar de encontrarse en medio del silbido de bombas y balazos, y mostrar gran preocupación por los heridos y enfermos (para el lector interesado, el libro puede encontrarse hoy en una traducción reciente al inglés: Basch. Recollections of México: A History of the Last Ten Months of the Empire: Rowman & Littlefield, 2001.
 
Poco antes de ser ejecutado, Maximiliano agradece al Dr. Basch por no haberse despegado jamás de él desde que lo conoció, y por haber trabajado con tanta devoción en el tratamiento de lesionados causados por el ejército juarista.
 
Basch estuvo encarcelado durante 6 semanas al lado de Maximiliano. El 19 de Junio de 1867, el monarca es fusilado y el Dr. Basch se encarga personalmente de los arreglos de traslado del cuerpo a Austria, embarcándose con él el 26 de noviembre del mismo año. Ya de regreso en Viena, el emperador Francisco José I (quien a propósito era hermano de Maximiliano) le otorga un título de nobleza por sus esfuerzos a la causa del Emperador y por su abnegada lealtad al difunto (de allí el "von" Basch).
 
Basch comienza de nuevo a laborar en los laboratorios experimentales de la Universidad de Viena, pero en los veranos de 1869 y 1870, ejerce como médico en el balneario de Marienbad (hoy Marianske-Lazne, República Checa) con el objeto de poder juntar fondos para sus experimentos científicos.
 
En el año de 1869 publica un tratado anatomo-clínico sobre la disentería, con tantas innovaciones, que el gran Dr. Rudolf Virchow proclama que Basch merece ser llamado "co-fundador de la bacteriología". En 1870 es nombrado conferencista de Patología Experimental en la Universidad de Viena, pero tres años después se muda a Leipzig al aceptar un puesto en su Instituto de Fisiología. Para 1877, era profesor adjunto de esa materia en esa institución y para 1878, Profesor Extraordinario.
 
Desde su regreso a Europa, Samuel Basch se destacó por sus experimentos fisiológicos al escribir artículos sobre la histología del duodeno, la anatomía de la vejiga, la fisiopatología del cólera y los efectos de la nicotina. Sus estudios en lo referente a circulación sanguínea fueron asombrosos, inventando varios aparatos para la medición de fenómenos físicos circulatorios y respiratorios; entre ellos, un medidor de la presión de la sangre venosa que llega al corazón. Y pasa a los anales de la historia de la medicina al inventar, en 1881, el esfigmomanómetro de columna de agua (para poder popularizar el aparato, el médico italiano Scipione Riva-Rocci lo perfecciona en 1896, usando para tal propósito, la columna de mercurio, siendo ésta la que se usa actualmente; y en 1916, William Baum lo hizo portátil, de allí el nombre "baumanómetro").
 
Von Basch no sólo inventó el aparato, sino que tuvo la visión de saber que tendría una función vital en el examen básico y rutinario de pacientes; así, Basch fue el primero en la historia en indicar la importancia del uso de la toma de presión arterial como signo elemental en todos los pacientes, y fue promotor incansable de esa idea, la cual -tal como muchas innovaciones en la historia- enfrentó resistencia en un principio.
 
En 1881 regresa a Viena al ser nombrado Jefe de Medicina Interna del Hospital General de esa ciudad, otorgándosele 9 años después, el título de Profesor en el mismo hospital.
 
El Dr. Basch dejó un legado inigualable ya que sería inimaginable la práctica de la medicina actual sin el uso del esfigmomanómetro. Su uso universal no sólo es de ayuda para los pacientes en lo referente a la hipertensión, sino que es de imperativa utilidad en el estado de shock y otros trastornos fisiológicos. De haberlo inventado unos años antes, le hubiera podido tomar la presión a Don Maximiliano.
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